lunes, 15 de octubre de 2012

Reflexión del Domingo XXVII del tiempo Ordnario


DIVORCIO DE VIDA.
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Este domingo el tema principal es el divorcio. Cuando hablamos del divorcio pensamos rápidamente que se trata de dos personas casadas que después de un tiempo por la incomprensión de uno y otro llegan a separarse. Es correcta la noción que tenemos del divorcio, sin embargo antes de que se de un divorcio, se ha dado un divorcio personal en el interior de las personas, incluso el divorcio se puede aplicar a personas casadas o no, veamos de que se trata esto que digo.
Sin duda el divorcio se da por la incomprensión en el matrimonio, o porque alguno de los esposos es incompetente para mantener una relación estable, pero la mayoría de los divorcios se dan por la separación o incoherencia de las personas, es decir, la persona dice una cosa pero hace otra. Por ejemplo, dice el esposo que quiere mucho a su esposa, pero tiene una o dos amantes; o la esposa dice que ama tanto a su esposo que es capaz de cualquier cosa, sin embargo cuando hay una dificultad no tan fuerte como la infidelidad quiere la separación. Sin duda divorcio quiere decir separación, separación entre dos cosas, dos personas, dos situaciones que deben ir juntas. Cuando el divorcio o la separación se ha efectuado en dos personas, como decía al inicio, ya se ha efectuado antes una separación en la persona, es decir, ya ha habido un divorcio en sus interés, en sus sentimientos, en su forma de llevar su matrimonio, y la otra persona intuye y se da cuenta de esto cuando dice “nada es como antes”.
Estamos hablando de matrimonio, pero al entrar en el contexto individual, también los consagrados, que no se casan, caben aquí, o los que no se han casado aún. Me refiero a la incoherencia de vida. Un religioso o consagrado, sacerdote, laico comprometido, puede ser muy piadoso en el templo y sin embargo no lo es en los ambientes en los que se desenvuelve cotidianamente, puede creer y ser muy devoto a la Eucaristía, sin embargo no puede descubrir en su hermano que Dios esta tan presente como lo esta en la Eucaristía, puede ser un hombre o una mujer orante, sin embargo puede actuar de una manera no muy evangélica. También puede haber divorcio en el ambiente político, por ejemplo, un político puede prometer muchas cosas a la población para que voten por él, sin embargo cuando esta en el poder se olvida de los compromisos que hace.
En nuestra propia vida también tenemos varios divorcios, decimos una cosa, pero hacemos otra. Cuando nos comprometemos a cosas y no cumplimos, también cuando queremos a alguien, pero  no queremos el compromiso que conlleva el amor. 

Reflexión del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario.


No somos dueños de Dios, somos sus siervos.
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Somos, por el bautismo, colaboradores de Dios aquí en la tierra; como si fuéramos puentes que conducimos hacía Dios. Sin embargo, no por ser colaboradores de Dios, nos podemos apropiar de Dios, es decir, que el Dios que yo anuncio solo yo lo puedo proclamar, solo a mi me pertenece el mansaje y si alguien lo hace en nombre de Dios no es verdadero puente. Esta es la gran tentación de los católicos hoy, pensar que Dios es propiedad privada nuestra.

Lo que hoy Jesús enseña a sus apóstoles, y a nosotros por supuesto, es que todos somos sus colaboradores, aún aquellos que no andan con nosotros, que piensan un poco distinto que nosotros, que se alejaron de nosotros por su egoísmo, pero también por nuestro mal testimonio. Pensamos a veces que los que anuncian a Cristo, a veces mejor que nosotros porque lo hacen con sus obras más que con sus palabras, por no ser parte de nuestro grupo no tiene ese trabajo, pero Jesús en el Evangelio dice que “todo aquel que no esta contra nosotros, está a nuestro favor”. Cuando alguien de diferentes creencias que nosotros pasa por nuestras casas, no los queremos recibir, sin embargo sería una oportunidad para que podamos dialogar y estar más en comunión, pues todos somos hijos del mismo Padre, creador por un solo Creador. Claro que si nos ponemos a dialogar con ellos es preciso, no defenderse, sino saber por medio de la experiencia que Dios es amor, que es vida y que es la verdad revelada. Somos “católicos”, precisamente porque esta palabra quiere decir, universal, como Dios es universal. Nosotros a ejemplo de Dios debemos darnos a todos, sin perder nuestra identidad, dialogar y dejar que otros anuncien a Cristo, pues todos de alguna forma damos testimonio en nuestra vida de la vida de Dios que fue puesta como una semilla en el interior de cada ser humano.

Y es que todo tiene relación, nos estiman porque anunciamos a Jesús,  no por bonitos. Nos ofrecen su hospitalidad, su amor, su compañía, no por nosotros mismos, sino por amor a Dios, o por lo menos esta es la realidad. Dios nos llama a todos por el mero hecho de creer en él, de experimentarlo en nuestra vida, a anunciarlo gozosamente a los hermanos, para que todos tengan vida en él. Sin embargo somos testigos públicos de Cristo, y por ser públicos todos los hermanos, creyentes o no, nos ven para ver que testimonio damos. De tal forma que un mal testimonio nuestro, alguna incoherencia de nuestra parte, puede ser escandalo para los más débiles en la fe, y nosotros somos responsables de esto.

A veces tenemos gran resentimiento a los hermanos, que malamente le llamamos “separados”, porque pensamos que todo es responsabilidad de ellos, pero todos tenemos responsabilidad, apoco no hay muchos de nuestros hermanos que se alejan de la parroquia o de grupos eclesiales a causa de nuestro mal testimonio.

Tenemos que ser creyentes con una fe adulta en Cristo, dejarnos de divisiones que no son más que incoherencias de nuestra parte, si decimos seguir a Jesús, que junto con el Padre y el Espíritu son uno. Tenemos que dejar los celos, como Moisés en la primera lectura, para avanzar hacía la unidad que quiere Dios. Y en lugar de preocuparnos o estar celosos de otros que predican mejor que nosotros las maravillas de Dios, debemos de preocuoparnos por dar buen mensaje como los otros a los que les tenemos celos. Dios es para todos, como el sol que sale para todos, así es Dios.

Reflexión del Domingo XXV del Tiempo Ordnario.


¿A quien seguimos a Jesús importante o Jesús humillado?
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Sin duda la mayor dificultad de los cristianos de ayer y hoy es comprender a Jesús, y los discípulos nos dan testimonio de que ellos, como nosotros muchas veces, no entienden a Jesús. Hasta entre nosotros es difícil entendernos aunque hablemos el mismo idioma, estemos en situaciones parecidas o estemos en la misma sintonía. Veamos porque nos cuesta tanto entender.
Cuando el pueblo de Israel esperaba a un Mesías; es decir, un salvador, un libertador; lo esperaba al estilo de un guerrillero, o por lo menos una persona importante que iba a incidir políticamente a favor del pueblo. Lo esperaba como un rey, como el rey David. Nunca imaginaron que naciera en un pesebre, y menos aún que padeciera atrocidades como lo hizo en la cruz. Y es la idea que tenemos de Dios. Apoco no, cuando alguna persona importante visita nuestra casa queremos ponerla casi en un nicho, queremos ofrecerle lo mejor y casi no queremos que se moleste o padezca un mal rato mientras es nuestro huésped. Sin embargo nos desconcierta que la persona a quien creemos importantísima sea tan sencilla como para ayudarnos con los platos de la cena o a lavar su baño o limpiar, cuando se va, el cuarto donde se quedo.
Es esto mismo que hace Jesús, y ahora que dice a sus apóstoles y discípulos que tiene que padecer y morir, no lo entienden, porque para ellos la idea de Mesías, es alguien importante que no pasaría por el sufrimiento, sino al contrario haría pasar por sufrimientos a los que esclavizaban al pueblo. Sin embargo “la inteligencia de la victima”, como llaman algunos a la sabiduría de Jesús, es padecer en paz, en lugar de contestar con la misma violencia con que es tratado. Y es que cuando nos defendemos, aunque sea justamente, apoco no reaccionamos con la misma violencia con que lo hacen con nosotros o a veces con más. Estamos acostumbrados a reaccionar sin pensar, solo dejándonos llevar por nuestros impulsos, sin pensar a quien seguimos, es decir, a Jesús victima. Y es que el Jesús que seguimos es victima, renuncia a ser tratado como importante, a ser privilegiado; sin embargo es victima, pero no por masoquismo o porque le gusta ser victima, sino por que no hay otro camino para calmar la violencia, el pecado, el mal, etc., que con la paz, la gracia y el bien.
Si queridos hermanos, no comprendemos a Jesús, porque en nuestros esquemas no esta el padecer, el sufrimiento, nadie hoy quiere padecer por algo mejor, nadie quiere sacrificarse, pero es necesario si seguimos a Jesús que padece para un bien mayor; como nuestra madre cuando estamos pequeños, ella se sacrifica sobre manera por nosotros y a veces sus sacrificios son coronados por las acciones buenas de nosotros los hijos y a veces no. Si nos decimos seguidores de Jesús, tenemos que aprender a decir no a la importancia que ponen sobre nosotros los demás, como los apóstoles en el evangelio, no quería decir de que venían platicando en el camino por vergüenza a Jesús, pues así como ellos seguían a Jesús nosotros decimos que lo seguimos, sin embargo nos peleamos por el reconocimiento, incluso queremos y decimos ser seguidores de Cristo crucificado, pero no queremos pasar la misma o algo de la suerte que el paso, es decir, queremos el honor, la gloria sin pasar por la cruz.
Hoy es más difícil seguir a Jesús, pues los modelos de hombre realizado que se nos presenta, es aquel que no sufre, que no le cuesta nada. Incluso le preguntas a cualquier joven que este metido en no se que cosas no tan buenas, si no le importa ser famoso, tener dinero fácil por poco tiempo, que padecer un poco para disfrutar al final de una vida más plena, y la respuesta es que prefiere lo fácil por poco tiempo, que lo difícil y el sufrimiento para disfrutar después de algo mejor.
Los apóstoles, y nosotros, no entendemos a Jesús, porque no queremos renunciar a todo por seguirlo, quien lleva cosas, honores, importancias vanas no puede seguirlo  pues ama estas cosas y desprecia al mismo que dice seguir. No podemos ser seguidores de alguien que renuncio a posesiones, si nosotros nos afanamos por ellas. No podemos predicar el amor, si contestamos de la misma forma como lo hacen los que nos hacen el mal. No podemos predicar la paciencia si hacemos impacientar a medio mundo con nuestras actitudes. No podemos predicar la paz, si no somos verdaderos pacifico, es decir, no una falsa paz, como aquel monje que era tan humilde, tan humilde que cuando llego a ser superior de su monasterio, obligaba a ser humilde a los demás.
Como Jesús tenesmos que pasar la misma suerte que él paso, o por lo menos algo de esa suerte, y debemos abrazarla como Él abrazó la cruz, es lo que significa esposo o consorte. Jesús como lo dijo “no vino a ser servido sino a servir”, esto es lo grandioso e importante en Él, el no vino a reclamar honores, y vaya que lo podía hacer con todo derecho, cuanto más nosotros que decimos que le seguimos.

Reflexión del Domigo XXIV del tiempo ordinario.


¿Quién es Jesús para mí?
Por Fray Juan Gerardo Morga

Hoy Jesús nos da una lección, así como la novia le dice a su novio que es lo que más le gusta, y el novio no sabe; así nosotros como seguidores de Cristo, que decimos que lo amamos, a veces no le conocemos.

Jesús inicia preguntando a sus apóstoles, “¿Qué dice la gente que soy yo?”, y los apóstoles empiezan a decir lo que han oído decir. También nos pasa a nosotros lo mismo, queremos decir y dar razón de lo que es Dios, de quien es Jesús, a partir de las cosas que nos han dicho, sin embargo no hemos tenido una experiencia viva con él, por lo tanto no le conocemos realmente. Jesús continua y les pregunta directamente, “¿y ustedes quien dicen que soy yo? Los apóstoles se quedan todos cayados de seguro al no saber decir quien era Jesús, y solo Pedro responde “tu eres el Mesías”, sin embargo dice otro pasaje, que Jesús dice a Pedro que lo que declaro sobre el se lo ha dicho el Espíritu Santo. Igual nos pasa a nosotros, decimos que Jesús es el Mesías, el salvador, el rey de reyes, el amor de los amores, lo alabamos y lo bendecimos, pero en la vida diaria no se nota, y es que en realidad no conocemos a Jesús, no lo entendemos, la prueba esta en lo que sigue.

Jesús les dice después que el “hijo del hombre tenia padecer mucho, ser rechazado por los ancianos... ser entregado a la muerte y resucitar al tercer día”, el mismo Pedro que dice que “es el Mesías”, le dice y le persuade que no pase, es decir, es piedra de tropiezo, es instrumento de satanás (que quiere decir “el que pone a prueba”). También nosotros, como Pedro, podemos ser piedra de tropiezo para los hermanos que quieren acercarse con sinceridad a Dios, a Jesús, porque queremos que no les cueste  o les damos mal testimonio. Tenemos que perder la vida que llevamos por Jesús, para poderla ganar, es decir, no escatimar nada, ni la propia vida, por amor a Dios. Dar todo, “dar hasta que duela”, decía la Madre Teresa.

Conozcamos a Jesús, no por conceptos, palabra bonitas pero huecas, sino por medio de la experiencia en la oración, pero sobre todo con los hermanos que nos rodean, con los prójimos (próximos). Comprendamos el misterio de Cristo (que es abierto y no cerrado) para que podamos comprender nuestra vocación cristiana, que no se basa en las victorias humanas, en lo fácil de la vida presente, sino en dar todo, implicando el dolor que esto pueda significar. No seamos piedra de tropiezo para los hermanos que con sincero corazón se acercan a Jesús, intentemos pensar como Dios (al revés de lo que comúnmente pensamos) y no como los hombres. Crezcamos más en la fe y en el conocimiento de Dios por la Escritura, “pues quien desconoce las Escrituras desconoce a Dios”, dice san Jerónimo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Reflexión del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario.


evangelio

MARCOS 7, 31-37

31 Dejó Jesús la comarca de Tiro, pasó por Sidón y llegó de nuevo al mar de Galilea por mitad del territorio de la Decápolis.
32 Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano. 33Lo tomó aparte, separándolo de la multitud, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Levantando la mirada al cielo dio un suspiro y le dijo:
- Effatá (esto es: "Ábrete del todo").
35 Inmediatamente se le abrió el oído, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. 36 Les advirtió que no lo dijeran a nadie, pero, cuanto más se lo advertía, más y más lo pregonaban ellos. 37 Extraordinariamente impresionados, decían:
- ¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

“Effetá” (“ábrete”).

Por Fray Juan Gerardo Morga. OFMCap.

Aun recuerdo como si fuera ayer, a un amigo de la Congregación de Santa Cruz, que después dejo la comunidad y se dedico a la enseñanza, no he sabido de él en estos últimos años, pero quiero compartirles una experiencia que me enriqueció sobremanera. Un día este amigo me dijo: “Juan me podrías hacer un favor, fíjate que necesito que me ayudes a dar una platiquita a papas y padrinos de niños que van a hacer los sacramentos de iniciación”, yo conteste que con mucho gusto le ayudaba. Se llegó el día, era en la parroquia de Ntra. Sra. de la Luz que se encuentra en Monterrey, pero no fue en la parroquia sino en un salón de eventos muy grande. Llegue temprano, mi amigo me llevo al salón, y me pareció extraño que el salón estuviera tan grande, entonces le pregunte ¿por qué un salón muy grande?, entonces me contesto que se los habían prestado gratis, “pero no va a ver mucha gente verdad” pregunte. En ese tiempo cuando estaba en los primeros años de mi formación tenía mucho miedo de hablar en público, bueno aún hasta hoy, pero menos que en ese tiempo. Empezó a llegar tanta gente que según eran como unas 500 ó 600 personas. Cuando me dijo, “listo”, le dije “oye yo no voy a poder hablar con tanta gente”. Me dijo “tu tranquilízate que Dios va hablar”. Al principio recuerdo que estaba muy nervioso, no podía siquiera estar de pie, pues las rodillas sentía que vacilaban de los nervios, pero poco a poco me fui tranquilizando, al final mucha gente vino hacia mi para agradecerme por la charla, el párroco y mi amigo también, fue cunado comprendí que es Dios quien actúa por medio de uno, aunque no sea uno capaz, él nos cura del miedo.

De esto es lo que habla el evangelio de hoy, en esta ocasión llevaron ante Jesús un hombre sordo y tartamudo. Como sabemos, si una persona es sorda es muy difícil que hable, o hable bien. Jesús al ver aquella persona de aspecto temeroso, relegada de los suyos, imposibilitada por completo de comunicación, la curo, y lo hizo de una forma misteriosa, “le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva”. Sin duda el evangelista tiene una intención concreta al narrar este hecho, sin embargo a mi me da pensar que la forma como la cura es muy a la forma de Dios, es decir, “lo toca”, cosa que los judíos y a veces nosotros no hacemos, vemos a un hermano enfermo y la reacción inmediata es alejarnos de él, y si es un desconocido para nosotros ni nos acercamos. Jesús lo toca, y no solo eso “le pone saliva en la lengua”, es como si Jesús le diera su palabra, su voz al tartamudo, como si el tartamudo a partir de ese día fuera un interlocutor de Jesús. En realidad lo es, pues el mismo evangelista nos dice que Jesús les prohibía hablar del hecho y ellos con más insistencia proclamaban el hecho.

Podemos preguntarnos, que me quiere decir Jesús, con esta “Palabra de Dios”. Sin duda que nos dice que tenemos que ser condescendientes con nuestros hermanos que padecen alguna enfermedad como esta, pero también nos dice que debemos comprender a nuestros hermanos que tienen esta enfermedad desde el punto de vista de su vida interior, es decir, en ocasiones nos encontramos que hay algunos hermanos y hermanas nuestras que viven como esta persona del evangelio, no se atreven a abrir su vida a Dios, incluso puede pasarnos a nosotros también. Tenemos miedo de entregarnos a Dios, y pasamos la vida como sordos, no escuchamos a Dios; t tartamudos, no hablamos de Dios a los demás por miedo “al que dirán”. Jesús nos enseña que todas las enfermedades físicas e interiores las cura solo Él, sin embargo porque nos elige a nosotros para ser una extensión suya en el mundo y con los hermanos más necesitados, también nosotros debemos curar, sin embargo no puedes curar si no estas curado de tus propios egoísmos, de tus juicios, de tus favoritismos -como dice Santiago hoy en la segunda lectura-, con nuestra cerrazón al cambio, a la admiración de lo que Dios hace nuevo cada día.

Sin duda la palabra más importante de hoy es “Effetá”, es decir “¡ábrete!”. Jesús nos dice: “effetá” a experiencias nuevas conmigo, confía más en mi y en ti; “effetá” a la vida verdadera conmigo; “effetá” a cambios radicales en tu vida y renuncia a estancamientos en tu vida; “effetá” a amar de una forma nueva, separando las acciones de la persona y la persona en sí; “effetá” a entregarle a tu creador todo lo que eres, pues de él venimos, nos movemos y somos. “Effetá” y deja de estar encerrado en tu cuarto y disfruta todas las cosas que hace Dios por amor a ti, “effetá” a los hermanos pues en ellos me manifiesto más vivamente, “effetá” en fin a toda la creación, que es el libro de la vida, junto con la palabra viva que es Jesús.

Sin duda queridos hermanos y hermanas que Jesús nos sana, y también quiere que sanemos a este mundo egoísta, que reclama éxito para ser reconocido, que demanda tener cosas para ser respetado e importante. Sin embargo los verdaderos importantes para Dios son los que son como estas personas del evangelio, enfermas, pero curadas por Dios para cumplir una misión, curar con el bálsamo del Espíritu de Dios a los hermanos y hermanas todos.

Como nos dice el Profeta Isaías en la primera lectura: “¡Animo! No teman. He aquí que su Dios… viene ya para salvarlos”. No hay certezas claras en el mundo en que vivimos, sin embargo lo único certero es que Dios esta con nosotros, nos busca siempre, nos espera siempre, nos ama siempre y a pesar de nuestra condición y esta siempre con los brazos abiertos para recibirnos cuando hacemos caso a su “Effetá”.


viernes, 31 de agosto de 2012

Reflexión del Domingo XXII del Tiempo Ordinario.


Mc 7, 1-18. 14-15. 21-23.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto:
las doctrinas que enseñan
no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".


“Dichosos los limpios de corazón”
Por Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

En “un rincón del mundo” hay una de las tradiciones que me ha parecido una de las más denigrantes. Cuando una pareja de novios deciden casarse, se prepara el matrimonio de una forma espectacular pero desde el punto de vista exterior, es decir, la fiesta dura ocho días en los cuales no puede faltar la borrachera, la música, en con ello los pleitos de los borrachos y las incomprensiones de los invitados embriagados, lo que es un gran acontecimiento en la vida de los que se casan termina a veces en desgracia. Sin embargo esto no es lo que me parece denigrante, sino las practicas tradicionales para saber si la mujer que se casa es pura o virgen; se trata de poner en la cama de los recién casados sabanas blancas, para saber, una vez que hayan consumado el matrimonio, si la muchacha era virgen o no, sabemos comúnmente que si la mujer es virgen debe haber sangre en las sabanas; también ponen un jarroncito en la puerta de la recamara de los nuevos esposos, y una vez que se compruebe la pureza o no, el jarroncito queda intacto si la esposa era virgen, de lo contrario no queda nada de jarroncito.

Quiero tomar este ejemplo, porque este domingo el Señor nos dice que es la verdadera pureza, la verdadera dignidad y la verdadera tradición. Jesús habla primero de nuestras tradiciones, que a veces por defenderlas dejamos de lado la caridad con el prójimo, pensamos que al quitar las tradiciones se terminará nuestra fe, en lo que creemos o en lo que estamos anclados, seguros. Sin embargo Jesús nos enseña que la tradición no tiene sentido si le hace falta el sentido común, y que lo más importante es el amor, las intenciones que salen del corazón del hombre. Y es que, con facilidad defendemos algo que no es tan importante, como las tradiciones, ¿quién es el verdaderamente importante, sino Dios y los hermanos?, es común escuchar, cuando alguien propone un cambio, “es que siempre se ha hecho así, es una costumbre, una tradición hacerlo así”; es entendible este argumento pero si tomamos en cuanta que son otros tiempos, circunstancias y personas, siempre se puede mejorar a favor de todos cambiando algunas cosas que han funcionado en el pasado y que ya no funcionan ahora. Un hermano que esta abierto al cambio entiende el sentido de las tradiciones, quien se aferra a ellas no tiene la fe puesta en lo más importante, que es Dios.

En la segunda parte de esta parte del Evangelio de Marcos, Jesús trata el tema de la pureza de una pureza exterior, algo así como el dicho popular que decimos: “ojos vemos corazones no sabemos”, y es que la mayoría de las veces nos dejamos llevar por las apariencias, sin embargo dice Jesús, que lo que importa es que la persona sea puro por dentro, es decir, que la pureza de nuestras acciones depende da la intención con que las hagamos. Uno puede decir que una persona es impura, como el caso que exponía al principio, sin embargo lo que cuanta no es lo exterior, sino lo que hay por dentro, y eso solo lo sabe Dios y la persona. Cuando queramos juzgar detengámonos primero en ver o imaginar que cosa difícil estará pasando la persona, antes de tacharla por tal o cual cosa. Dice Jesús, que lo que mancha al hombre es lo que sale de él, no lo que entra. Nuestros hermanos que han ido por otro camino, dicen que ellos no comen tal o cual animal porque es impuro, sin embargo Dios no ha hecho nada impuro, y si había algo impuro envió a su hijo para que lo hiciera todo bien.

Queridos hermanos, estemos siempre dispuestos a seguir a Jesús con un corazón abierto, con mente abierta, sin quedarnos, ni asegurarnos en nuestras tradiciones. San Francisco decía que para ser libres hay que ser pobres, esto es lo que Jesús nos pide en el evangelio que seamos pobres y dejemos ir nuestras seguridades (costumbres) para caminar por el camino de libertad. Por otro lado no juzguemos a la ligera, como lo hacen con las mujeres en “el rincón del mundo”; hay que ver nuestras intenciones, pues de dentro de nosotros pueden salir las grandes cosas buenas que han cambiado a la humanidad, pero también las cosas más horrendas que hemos visto. Ser puro de corazón es una decisión a tener un corazón limpio de odio, de recelo, de prejuicios. La pureza es un don de Dios, es decir, nadie en este mundo es digno, Dios por amor a nosotros viene aunque no lo merezcamos, quien es digno de ser sacerdote, quien es digno de servir a Dios, quien es digno de recibir la comunión cada día, estrictamente nadie, pero él (Dios) se entrega a nosotros para hacernos cada vez más como él, viene a nuestro encuentro porque nos ama como nadie. Pidamos a Dios que nos haga más conscientes de que dentro de nosotros hay una semilla de divinidad, para que crezca y de fruto abundante, pues como el mismo Jesús dice “por sus frutos los conoceréis”.
Sea alabado Jesucristo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Reflexión del Domingo XXI del Tiempo Ordinario


Jesús es el único que tiene “PALABRAS DE VIDA ETERNA”.
Por Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

Leyendo y meditando este evangelio de hoy, he recordado a tantos hermanos que he conocido que han compartido conmigo esta vocación, y han dejado de seguir a Jesús. A veces por que no se atreven a seguirlo hasta en la cruz, o por que su forma de hablar no les gusta, como lo que hoy leemos en el evangelio, sin embargo creo que todos de alguna manera aprendieron algo y lo están poniendo en práctica en su nueva vida. Pero yo siempre le he preguntado al Señor, por qué sigo aquí, por qué aún te estoy siguiendo, realmente me llamas o yo soy el que me aferro a seguirte.

Sin duda son preguntas que ya me ha respondido en estos años de formación y de preparación al servicio de los hermanos, y a pesar que me he dado cuenta que Dios pide todo, y eso no siempre me gusta, he comprendido que Jesús me sigue llamando día a día. Porque Jesús a nadie tiene a la fuerza junto a él, siempre somos libres de decirle si o no, a veces pensamos que a Dios no le podemos decir no, sin embargo por la libertad que el mismo nos ha dado podemos acceder a sus llamadas o no. Esto es lo que Jesús esta haciendo en este pasaje: les dice, viendo que muchos se van porque no les gusta su forma de hablar, ¿ustedes también quieren dejarme?, y creo que la respuesta de Pedro es la respuesta de todos nosotros que hemos seguido a Jesús, a pesar de las contrariedades de la vida le hemos dicho que si, aunque no sabemos exactamente que es lo que va a pasar, hay que confiar en Jesús, aunque no nos guste a veces sus exigencias hay que decir que si, pues el nunca se aprovechará de nosotros. Si le damos nuestro asentimiento, él hará maravillas en nuestra vida, y por medio de nuestras personas, hará grandes cosas en los hermanos con quien nos relacionamos.

Y es como él dice, “mis palabras son espíritu y vida”, aunque a veces no las entendamos y no son tan agradables, siempre sus palabras son vida, pues aún en la cruz esta dando vida, esta dando toda su vida por nosotros, en cada Eucaristía que celebramos sigue dando vida, pues “su carne es verdadera comida y su sangres es verdadera bebida”. A veces no soportamos que el sea nuestro alimento porque nos sentimos autosuficientes, es decir, no necesitamos de nadie, ni de nada, para ser lo que somos, sin embargo, podemos pensar en esto, pero la realidad es que del que siempre necesitamos es de Dios, de Jesús, de su alimento y su vida. Pues no hay más a quien ir, cuando estamos en situaciones limites, aunque digamos que no necesitamos de nadie, a poco no nos acordamos de Dios y le pedimos su ayuda.

Cuando Pedro le dice que “tienes palabras de vida eterna”, esta confirmando que él es el único que nos lleva a la plenitud, a ser verdaderos hijos de Dios y hermanos todos, a ser como él “el santo de Dios”. Por eso necesitamos de “su verdadera comida y de su verdadera bebida” para hacernos a semejanza suya. Digámosle "si" a Jesús y como el salmista nos invita “haz la prueba y veras que bueno es el Señor”. Decidamos servir al Señor, como en la primera lectura, a pesar de lo difícil que nos parezcan algunas situaciones, teniendo la certeza  que después de estas situaciones viene la bonanza y la calma.