sábado, 9 de febrero de 2013

V Domingo del tiempo Ordinario




    

   
LA PESCA MILAGROSA. LC 5, 1-11.

En aquel tiempo, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

 “DUC IN ALTUM”



En ocasiones el miedo no nos deja actuar, no queremos realizar cambios en nuestra  vida, porque tenemos miedo al que dirán, tengo miedo de entregar la vida a Dios para servirle en los hermanos, porque no se que pasará en el futuro con mi vida, tengo miedo de salir de mi casa por tantos peligros que hay fuera, etc. Pero cada vez que el miedo nos paraliza nos hace infelices. Hay muchos símbolos que quiero compartir con ustedes en este trozo Evangelio.

Jesús se encuentra en medio de dos mareas; por una parte la multitud que no lo dejaba siquiera respirar, porque “se amontonaba alrededor” suyo; y por otra la marea del lago de Genesaret. En ocasiones también nosotros experimentamos esto que Jesús experimentó, nos sentimos como entre la espada y la pared, no hayamos soluciones contundentes sobre algún problema que estamos pasando, Jesús nos enseña que debemos de tomar distancia de estas dos mareas y subirnos a la barca, a la barca del silencio, de la tranquilidad, no hay porque desesperar o tener miedo ante una situación o una decisión en la vida, pero hay que tomar en cuenta que siempre necesitamos un espacio para tranquilizarnos y luego tomar una decisión, no podemos tomar una decisión si no estamos en paz. Otra cosa que enseña Jesús con su misma vida, es que tenemos que pedir ayuda, los demás hermanos no pueden adivinar que es lo que ocupamos, tenemos que ser humildes y pedir ayuda.

El mar, las aguas profundas, siempre han causado temor en nosotros los hombres, y es que más bien tenemos miedo de enfrentarnos a lo desconocido, a lo que no hemos experimentado, es muy contradictorio lo que pasa con la generación actual, quiere experimentar todo, pero cuando se trata de Dios todos huyen, porque piensan que Dios les va a coartar la libertad, y es al contrario, con Dios experimentamos todo y somos más libres.

Jesús dice a Simón, “Duc in altum”, es decir, “navega mar adentro”, y Simón experto en la pesca le dice a Jesús, pero Señor, te la bañas, como que vamos a volver, si llevamos toda la noche y no hemos pescado nada  bueno palabras más, palabras menos  “pero si tú lo dices, echaré las redes”. Lo que pasa después es pura admiración, pues la pesca que lograron casi rompía las redes, tuvieron que llamar otra barca y las dos barcas estaban a punto de hundirse por la pesca abundante. Pero de inmediato aparece el miedo, expresado en lo que dice Simón: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador", muchas veces pensamos que estamos lejos de Dios, que Él no nos escucha, incluso cuando vemos a una monjita o un padrecito, le decimos que pida por nosotros “pues están más cerca de Dios”.

En realidad queridos hermanos y hermanas todos estamos cerca de Dios, Él esta en nuestro interior, esta de nuestro lado, es “Dios con nosotros = Emmanuel”, es un Dios-persona con quien podemos hablar como con un amigo, esta cuando tenemos dificultades, esta cuando queremos emprender algún cambio en nuestra vida, pues es el Dios-cambio, el no es un Dios aburrido, que quiere vernos aburridos o tristes, es un Dios alegre. Tenemos que meditar este evangelio y escuchar también nosotros, como los apóstoles, "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres", y como ellos dejarlo todo por seguir a Jesús, pues la vida cristiana, el ser cristianos de verdad es seguir las huellas de Jesucristo, no necesitamos parecernos a Él físicamente, ni copiar todas sus actitudes o palabras, tenemos que seguirlo con nuestra propia forma de ser, con nuestras debilidades, con razón le dice a Simón –después que lo elige– “tu eres Simón, pero ahora te llamaré Kefas, es decir, piedra o Pedro”. Dios nos da los medios, él nos confirma en la fe, y nos dice que confiemos en él, que rememos mar adentro, al mar desconocido de lo que somos y lo que es Él. No tengamos miedo de experimentar a Dios en nuestras vida, dejemos viejos rencores con Él, por el mal ejemplo de los hermanos, porque soy un gran pecador –todos somos pecadores–, rememos hacia lo desconocido, pues es allí donde esta Dios, nos espera siempre y quiere que seamos felices. Y les digo como el Beato Juan Pablo II: …“no tengan miedo queridos Jóvenes a entregar su vida a Dios, pues el no quita nada y lo da todo”.

¡¡¡Confiemos en Dios y “DUC IN ALTUM” hermanos y hermanas, echemos fuera los miedos!!!
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

sábado, 2 de febrero de 2013

IV Domingo del Tiempo Ordinario.


“…ningún profeta es bien recibido en su tierra”.
Lc 4, 21-30.

Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, cúrate a ti mismo". Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra”.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Jesús es sin duda el más excelente de los profetas de Dios. El profeta es aquel que es enviado por Dios a los hombres y mujeres para que anuncie su Palabra, pero también denuncia las situaciones o actitudes personales y colectivas que van en contra del querer de Dios. Sin embargo el profeta casi siempre le va mal, pues como seres humanos no nos gusta que nos digan lo que esta mal en nuestra vida o en la vida pública, casi todos los profetas de Israel fueron asesinados por sus habitantes en su momento, y Jesús hoy nos dice que su profetismo y anuncio del Reino no fue fácil, tuvo que pasar la misma suerte que todo profeta.

Y es que ser profeta no es fácil. El profeta va contra corriente, parecido al salmón, no se deja llevar por la corriente del pesimismo, desánimo, desesperación, hedonismo, materialismo de todos los simples mortales, es un simple mortal como todos pero escucha la voz de Dios en la oración, en los hermanos, en la naturaleza, en las circunstancias complejas de los seres humanos. Jesús es un claro ejemplo de que ser profeta no es fácil, pues a pesar de que se esmere por ser coherente con lo que dice y lo que hace, se tiene una cierta disposición negativa ante su mensaje, aunque puede ser que también algunas personas agradezcan y hagan caso al mensaje.

Sin duda que el profeta tiene que tener una coherencia moral, debe de esforzarse por no ser egoísta, y que anuncie con claridad el mensaje de Dios, sin incluir intereses personales, pues tiene un gran poder con su voz, pues la gente sabe que habla en nombre de Dios.

No todos los hermanos quieren ser profetas, aunque con el bautismo fuimos hechos, como Jesús, profetas. Y no queremos por que no queremos experimentar el rechazo, es difícil llegar a un lugar, sobre todo al lugar donde eres originario, y no te reciban o no crean el mensaje que estas anunciando, pues te conocen desde pequeño, conocen lo que haz hecho y también lo que no. Pero también aunque se tome en serio este profetismo que tomamos en los hombros con el bautismo, y tengamos una coherencia de vida, es difícil que las personas crean el mensaje, pues ya hay un prejuicio.

Cuando esto pasa, es decir, hay una fuerte resistencia a recibir el mensaje de Dios, ya sea por la mala imagen del profeta, o simplemente la gente no acepta el mensaje por prejuicios, Dios habla al profeta y le dice como a Jeremías, en la primera lectura de hoy: “Cíñete y prepárate; ponte de pie y diles lo que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos, para que y no te quebrante”. Dios nos habla y nos dice que Él esta con nosotros, y el mensaje que decimos es de Él, además nos confirma en la fe para que podamos realizar la misión, pero tenemos que estar consientes que podemos correr con la misma suerte de Jesús y de muchos profetas del antigua testamento, nos pueden quitar la vida, sin embargo hay que ofrecerla con libertad, como el mismo Jesús: “nadie me quita la vida, soy yo quien la ofrece por ustedes”. Si no nos hacen caso, Dios dirigirá su mensaje de otras formas, las promesas las cumplirá con otras personas como dice el evangelio de hoy con la viuda de Sarepta o con Naamán, no hay que desesperar, es Dios quien actúa, quien habla.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que ser profetas, tenemos que tomar en serio nuestra condición dada por Cristo en el bautismo, tenemos que ir, como Jesús, contra corriente, con ánimo confiado en Dios, que es Él que nos conduce, pero también consientes de lo que supone este profetismo.

¡¡¡Festejemos con nuestra vida, ya que no lo hacemos como Iglesia, la fiesta de Cristo Profeta!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

III Domingo del Tiempo Ordinario.


Llevar la Buena Noticia.
Lc 1, 1-4; 4, 14-21.

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en sus sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

La semana pasada el tema del Evangelio era las bodas de Cana, y el tema de trasfondo era la falta de alegría expresado la frase “se les acabó el vino”. Hoy parece que el tema sigue dando de que hablar, aunque es otro el evangelista, parece seguir el tema. Ahora el tema es el inicio de la predicación de Jesús, pero pareciera que denuncia las situaciones que nos quitan la alegría, es decir “ser pobre, estar preso, estar ciego o  estar esclavizado”.

Pero veamos si esto realmente quita la alegría. Cuando una persona vive en pobreza extrema evidentemente sufre y hay que ayudarle, sin embargo no es necesario tener mucho dinero o todo el dinero del mundo para ser feliz, sino hay que preguntarle a los que lo tienen si en realidad son felices, es que es muy relativo esto de ser pobre. Hay muchas personas que viven agobiadas intentando tener y tener más dinero, sin embargo hay personas que viven muy bien siendo pobres, teniendo lo necesario para la vida, incluso cuando estas mismas personas alcanzan un nivel económico mayor, prefieren permanecer y optan por seguir con sencillez en la vida porque los hace felices, viven en la alegría.

La primera ocasión que visite a las Hermanas Carmelitas Descalzas, (estas hermanas viven la estricta observancia de la regla carmelitana, es decir, no salen para nada de su monasterio, las reglas que observan son muy duras) había una familia que las visitaba y el papa esta familia, le hizo una pregunta a la priora (la superiora del monasterio), esta fue: Madre ¿Cómo es que ustedes, que estando allí dentro encarceladas, son tan felices? Cabe decir que las hermanas reciben a las visitas tras unas rejas, las cuales hacen que casi no se vean entre si las hermanas y las visitas. La priora contesto con una gran sonrisa, y seguida por algunas hermanas con una carcajada, pues son muy alegres: “los que están encarcelados son ustedes, nosotros aquí adentro somos muy libres, muchas veces la vida allá afuera es tan agobiante, estresante, preocupante, en cambio aquí no hay estas cosas solo estamos dedicadas a Dios, Él nos hace cada vez mejores si ponemos de nuestra parte, no nos preocupan las privaciones que pasamos, que estemos encerradas, que no podamos ver o saber que pasa afuera, o pertenecerle por entero a Dios, porque sabemos que al privarnos u ofrecernos como esclavas a Dios, él no nos esclaviza como lo hacemos los hombres, sino más bien nos libera de una forma que somos más libres que si estuviéramos afuera”. Las palabras de la priora fueron una gran enseñanza para mi, no se si para aquella familia, pero para mi si, cuando salí del monasterio dije “quiero ser muy alegre, porque le pertenezco a un Dios que nos hace libres”.

Por otro lado he conocido muchas personas que están privadas de la vista, parcialmente o por completo, y me he admirado porque son muy felices, incluso la mayoría de las personas discapacitadas nos dan alegría aún con su sufrimiento. Según nuestro pensamiento humano estas personas deberían estas apesadumbradas, con tristeza, inconformes por esta condición, pero no, son ellas que muchas veces nos dan ánimos, alentó para seguir nuestra vida cuando la vemos menos complicada que la de ellos. Aquí se cumple la escritura también, como dice el Señor: “los pensamientos de Dios no son los pensamientos de ustedes”, lo que nosotros pensamos que debe dar tristeza y desanimo, Dios dice que es alegría que contagia.

Cuando este pasaje dice que Jesús se sienta y después dice: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Se cumple por que él esta allí, esta entre ellos aunque no le reconocen, esta sentado entre ellos como aquel que anuncia la alegría a pesar de los problemas y tristezas de esta vida. También hoy se cumple esta palabra que fue pronunciada en todo el mundo si reconocemos a Jesús, nuestra alegría, como esta buena noticia, es decir, solo con Jesús tenemos acceso al amor, a la alegría que se experimenta a pesar de nuestra limitaciones, de las circuntancias adversas, solo con él en medio de nuestra vida, en medio de nuestras relaciones, de nuestras situaciones difíciles, podemos hacerle frente con alegría, así como hubo alegría en Maria y José, en los pastores, en los reyes de oriente, cuando nació el Salvador del mundo, esta palabra que hoy se cumple si vemos atreves de la fe, si oímos sus palabra de vida eterna.
Queridos hermanos y hermanas, hoy se cumple la escritura, si nosotros escuchamos esta palabra con fe, con amor, con alegría. No importa en que situación nos encontremos, siempre hay una salida a todo, aún la muerte tiene remedio, pues el mismo Jesús le ha dado remedio. No perdamos la fe, no perdamos la esperanza, no perdamos hacer las cosas con amor, no desanimemos en nuestro esfuerzo, en nuestro camino que aunque es desconcertante va iluminado por Jesús que ya lo ha recorrido primero. Solo les digo como san Pablo, “estén alegres, les repito, estén alegres en el Señor”, pero no como la alegría del mundo, es decir, que todo será fácil, no hermanos no todo es fácil, pero no por eso perdamos la alegría, y si no es fácil es para que crezcamos, para que nos sirva en el futuro.

Animo, y a estar alegres, verdaderamente alegres, realmente alegres.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

II Domingo del Tiempo Ordinanrio.


“No tienen vino”= “no tienen alegría”.
Jn 2, 1-11.

Las bodas de Caná.
Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga".
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora un poco -agregó Jesús- y llévenlo al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

En el mundo en que vivimos es fácil perder la alegría, los asaltos, las violaciones a los derechos humanos fundamentales, la violencia en las calles, los abortos permitidos por la ley o clandestinos, la criminalidad y el narcotráfico que laceran a la sociedad completa, la corrupción en todos los niveles de gobierno, la intolerancia en las calles, etc. Bueno, hasta allí le dejamos porque no quiero parecer sección policiaca del periódico.

Hasta en los templos, católicos o no, nos olvidamos que la Buena Nueva, como llamamos al mensaje de Dios y que es el mismo Jesús, tiene que ser proclamada con alegría, a mi en particular no me gusta escuchar al padrecito o pastor, para que nadie se ofenda voy a decir que de Plutón (al cabo que dicen que no existe), cuando habla en su homilía o discurso lo que todos ya sabemos de antemano, de lo que hice alusión al inicio. Creo que lo que nos hace falta es despertar en nosotros la alegría de ser cristianos, que a pesar de todos los problemas que tenemos estamos alegres porque Jesús esta con nosotros.

Hoy en el evangelio se nos presenta a Jesús en medio de una boda, María se da cuenta de que la fiesta estaba aguada, es decir, no había vino, se acabo. El vino para muchas culturas es sinónimo de alegría, incluso para nosotros mexicanos si no hay “cheves”, “birrias”, “chelas”, “elodias” o como les quieran llamar a las cervezas no es fiesta. Esto es aceptable solo cuando esto no pasa a ser lo primordial, es decir, cuando por la cerveza la fiesta termina en tragedia.

Entonces, María se da cuenta que no hay vino y una boda sin vino, pues seguramente para los judíos, no es fiesta, no hay alegría. En María tenemos un claro ejemplo de como tiene que ser nuestra actitud como cristianos, ella es Madre de la Alegría, y cuando se da cuenta que se termina, lanza a su Hijo para que la devuelva. Como cristianos, creo ese es nuestro papel, llevar la Alegría a los ambientes más vulnerables de la sociedad, muchas veces nos empeñamos en ayudar a los pobres económicamente pero no les llevamos la Alegría que es Jesús, todos podemos hacer cosas maravillosas por los demás, cosas extraordinarias, ser casi como héroes, pero se nos olvida que quien es el verdadero héroe, el que hace los milagros, el que es el amor o la alegría es Jesús.

Jesús mismo constata que el hombre, o mejor dicho la fiesta de los hombres, son aguadas sin él, podemos interpretar esto cuando Jesús les dice a los criados que “llenen de agua estas tinajas”, nosotros los seres humanos no podemos llevar a los demás aquello que no poseemos, solo si llevamos a Jesús podrá convertir la tristeza en alegría, como lo hizo con el agua convertida vino. Y la alegría que brota por tener a Jesús, de estar con él, es mejor que la alegría de este mundo, como el vino, que después de ser convertido por Jesús, es el mejor.

San Juan dice que este fue el primer signo que Jesús hizo, veamos en este signo, hermanos y hermanas, que lo importante es estar con Jesús, que él esté en nuestro corazón, para poder contagiarlo a los demás. El mundo necesita más que nunca de cristianos alegres, de cristianos sonrientes, como decía Madre Teresa de Calcuta. Cuando veamos a algún hermano que esta triste, desolado, sin ánimo, vayamos a su encuentro y tratemos de dejarlo con una sonrisa en la boca. Cuando las tinajas estén llenas de agua, es decir, de angustias, de pesares, de desánimo, digámosle a Jesús que las convierta en vino, es decir, en alegría, en plenitud, en él mismo, pues recordemos que el vino, en la Eucaristía, Dios lo convierte, junto con el pan y por medio del sacerdote, en cuerpo y sangre de su Hijo para que sea nuestro alimento, alimento espiritual que nos da alegría, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Muchos querrán vernos tristes, derrotados, sin ánimos, pero hagámosle caso a María la Madre de la Alegría, “hagamos lo que Él nos diga”. Si hacemos lo que Jesús nos dice seguro que cada día te levantarás alegre, por que sabes que Él esta contigo, siempre esta, aunque “la riegues gacho”, como dicen los chavos. Prueba y veras que bueno es el Señor, cuando te despiertes llena tus tinajas de agua y después, cuando ya estén llenas, dile a Jesús que las convierta en vino.

¡¡¡Sonriamos, hermanas y hermanos, sonriamos!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMcap.

I Domingo del Tiempo Ordinario, Bautismo del Señor.


El Bautismo del Señor
Lc 3, 15-16; 21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".

Es fácil confundir a las personas en la vida cotidiana. También en el tiempo de Jesús, era fácil confundirlo con hombres que también anunciaban el Reino, sin embargo es Juan el que disuelve esta confusión, con el que confundían al Mesías. Cuando Juan dice que el bautiza con agua, pero que Jesús nos bautizaría con el Espíritu Santo y fuego, daba a entender que el bautismo de Jesús era más importante que el de él; en otro pasaje de la escritura dice que Juan debe disminuir y Jesús crecer. Juan estaba consiente que era tan solo la voz que preparaba el camino del Señor, la Voz (Juan) que daba paso a la Palabra (Jesús), el siervo (Juan) que daba paso al Señor (Jesús).

Pero ahora viene la pregunta, tal vez que todos nos hacemos: ¿Cómo Jesús se hace bautizar, si esto se hacia solo con los que se arrepentían de sus pecados, y Jesús no tenia pecado? La respuesta la han dado muchos hermanos a lo largo de los siglos, y esta es que Jesús se hizo bautizar para santificar todas las cosas en Él, es decir, santifica el agua, santifica al que bautiza y al que se hace bautizar. Todo lo que Jesús hace a partir de este día de su bautismo es en favor de otros, lo hace en favor nuestro, los sacramentos no son para Dios, el bautizarnos o ir a misa no le beneficia a Dios, sino a nosotros y si no participamos de estos sacramentos que nos fueron dados por Jesús, nos estamos perdiendo de sus regalos, pero como son regalos, cada uno tenemos que tomarlos con libertad, gratis, sin presión.

Lo que la Escritura atestigua cuando dice, que el cielo se abrió y se oyó la voz del Padre, es lo que pasa en nuestro bautismo, y todos los que se bautizan son llamados por Dios “hijos predilectos”. Si hermanos todos somos hijos predilectos en el “Hijo predilecto”, todos somos hijos de Dios, en Jesucristo el “Hijo de Dios”, y por el bautismo esto se realiza plena y perfectamente. Y por lo mismo que somos hijos, todos los bautizados somos hermanos muy amados del Hijo y de todos los hermanos del Hijo, por eso el mandamiento de Jesús es claro: “ámense los unos a otros como yo los he amado”.

A veces ignoramos muchas cosas sobre este regalo del bautismo, y quiero ahora hablar de esto. Cuando un bebe esta gravemente en peligro de muerte, puede ser bautizado por cualquier persona, sin que sea sacerdote, incluso por una persona no bautizada, pero que lo haga como lo hace la Iglesia y en el nombre de la Trinidad (“en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo), pero si el bebe se recupera es necesario llevarla ante un sacerdote para que complete el rito del bautismo.

También pueden haber varios tipos de bautismo: bautismo de hecho, cuando se realiza conforme a todas las disposiciones de la Iglesia; bautismo de deseo, cuando una persona no es bautizada, pero tiene el deseo, y muere; y bautismo de sangre, cuando una persona muere mártir en nombre de Jesús, pues su propia sangre derramada por el nombre de Cristo sirve de purificación de sus pecados.

Andemos como bautizados en la vida, el bautismo nos debe de llevar a vivir una constante conversión, es decir, no dejarnos estancar como el agua cuando se estanca y se pudre. Hermanos y hermanas, vivamos el don del bautismo en este sentido, en constante conversión, renovación en todos los aspectos de nuestra vida, pero estemos consientes de que no podemos hacerlo solos, por eso pidamos la ayuda de Aquel que nos ha dado este don, este regalo gratuitamente.
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.