sábado, 9 de agosto de 2014

Homilía del 18º Domingo del Tiempo Ordinario.

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. 8, 35. 35-39.
 
¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? 

En todas esas circunstancias salimos más que vencedores gracias al que nos amó. Estoy seguro que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.

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¿Quién nos apartará?
 
Hola hermanos y hermanas, paz y bien.
 
Este domingo las lecturas nos hablan de hambre, de sed, de saciedad, que son  cosas muy vitales en nuestras vidas, si tenemos hambre, si tenemos sed no rendimos, no podemos hacer todos los quehaceres que tenemos, incluso una persona que siente hambre o sed no puede estudiar, concentrarse. Lo mismo pasa cuando nuestra hambre y nuestra sed toman otra dimensión, un hambre y sed de absoluto, de sentido de vida, de amor. ¿De que tenemos hambre y sed? ¿con que podemos saciar nuestra hambre y nuestra sed?
 
Sin duda la respuesta a esta pregunta esta en este fragmento de la carta de san Pablo a los romanos, solo el amor de Cristo, solo su persona, por eso cuando nos apartamos del amor de Dios, de Cristo, perdemos todo y sentimos hambre y sed de Dios, de su amor. Pero muchos prefieren vivir con hambre y sed a rendirse al amor de Dios, por eso san Pablo enumera una serie de situaciones en las cuales no nos apartaremos del amor de Cristo, pues si uno esta prendido a Él, no hay nada ni nadie que nos pueda faltar, no hay nada ni nadie que nos pueda separar de su amor.
 
Ahora respondiendo a la pregunta del titulo, no hay nada ni nadie que nos pueda separar del amor de Cristo, la única persona que nos separa de este amor, somos nosotros mismos. Si queridos hermanos y hermanas los único que pueden separarnos del amor de Cristo somos nosotros mismos. Cuando las cosas que enumera san Pablo nos separan del amor de Cristo es porque ya nos hemos separado de Él, es decir, antes de que lleguen todas esta situaciones o personas ya nos hemos separado de Cristo. Por eso es fácil que estas cosas nos aparten del amor de Cristo, no es que ellas nos separen de Él sino que nosotros por cosas mundanas nos apartamos de Él. El papa Francisco nos ha recordado varias veces que la mundanidad puede entrar en nuestras vidas, y cuando esta entra nos separamos de Cristo, de su amor, de su camino.
 
Pidamos al Señor que el nos ayude, que no nos suelte, y nosotros esforcémonos de no separarnos de Él, de no dejarlo por otras cosas, hay muchas cosas que puedan seducirnos pero tengamos en cuenta que solo con Él lo tenemos todo, solo con Él no sentiremos hambre y sed. No mendiguemos por allí el amor que el nos ofrece sin ninguna condición.
 
¡Sea alabado Jesucristo!
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.



sábado, 26 de julio de 2014

Homilía del 17º Domingo del Tiempo Ordinario.

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8,28-30.


Hermanos: Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio.
En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.

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¿Por qué "equivocarnos"
también es para nuestro bien?
 
Que el Señor les de la paz, hermanos y hermanas.
 
 
Hoy quiero hablar de dos puntos que san Pablo nos habla este domingo, el primero tiene que ver con la pregunta que hago en el titulo de esta reflexión y el otro tiene que ver con la reproducción que hacemos de la imagen de Jesús en nuestras vidas, vayamos con el primero.
 
Pensamos que quien se equivoca ya perdió, que quien comete un error le cuesta caro, quien erra esta acabado. Esto lo pensamos porque así nos lo han enseñado de generación en generación, incluso la herencia más dañina, no son los bienes materiales que nos dejan nuestros ancestros, sino la herencia e ideas, en traumas, en máscaras que nos dejan. No deja de ser dañina la herencia material que nos dejan cuando los hijos se pelean por una casa, por dinero, pero a veces el deseo y el apego a lo material nos lo han heredado ellos.
 
Es lo mismo que pasa con la idea de que si nos equivocamos perdemos, o si las cosas malas que nos pasan no son para nuestro bien o no podemos sacarle algo bueno. Y no es así, hermanos y hermanas. Un error, una equivocación, las cosas malas que nos pasan en la vida son una oportunidad de aprendizaje, es cierto que puede costarnos mucho, pero estoy seguro que entre más nos cueste menos nos equivocaremos. Por ejemplo, cuando  nos pasa un accidente y salimos librados, a veces sentimos que volvemos a nacer y el accidente sirvió para valorar más la vida que tenemos, y a veces ha cambiado nuestro carácter, disfrutamos más de la vida, no se, algo cambia siempre, un mal también se volvió un bien para nosotros. Este "a veces" desaparece cuando tenemos nuestra confianza en Dios, es decir, la vida cambia si amamos a Dios, si le somos fieles antes y después del accidente, si creemos en Él.
 
Otro punto que toca san Pablo es ¿Cómo reproducimos la imagen de Jesús ante los demás?. El ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza. Antes de que existiera el mundo digital, al que ya estamos acostumbrados, en el cine habían una maquinas que reproducían unas tiras como filminas transparentes y negras con una velocidad moderada, y era como se mostraban las imágenes en la pantalla, si el negativo (las tiras de filminas) estaban mal la imagen no se veía bien, o se veía distorsionada. Es lo mismo que puede pasar con nosotros que somos como la tira de filminas de las cuales se vale Dios para mostrar al mundo sus películas de amor, de compasión, de consuelo, de cercanía. Creo que depende de nosotros que estas películas de Dios se vean bien, que su amor se muestre tal cual es.
 
Queridos hermanos y hermanas, no tengamos miedo a equivocarnos, no tengamos miedo de no aprovechar las cosas "malas" que nos pasan. A la vez aprendamos de nuestros errores y seamos buenas cintas para que las películas de Dios, sus gracias, se manifiesten al mundo. Recordemos que somos sus instrumentos.
 
¡Feliz domingo y disfruten las vacaciones!
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.


Homilía del 16ª Domingo del Tiempo Ordinario.

De la carta del San Pablo a los Romanos 8,26-27.
Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.
 
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH
 
¿Por qué Dios no cumple lo que le pido?
 
Hola hermanos y hermanas, paz y bien.
 
 
Una vez vino a mi encuentro una mujer muy afligida y me dijo: "fray le he pedido a Dios que mi madre sane del cáncer que tiene, pero no me ha hecho caso y ahora esta muriendo", trate de consolarla y le pregunte para que pedía la recuperación de su madre y me contesto: "para tenerla más tiempo conmigo, no puedo imaginar la vida sin ella". También me dijo que su madre había sido una gran madre, una buena esposa, que no vivía mucho la fe, pero que era mejor persona que todas esas que van a la Iglesia.
 
Entonces le empecé a persuadir de que su petición fuera distinta, que en lugar de pedirle a Dios que le dejara a su mama por más tiempo que la dejara ir, que la entregará a Dios que es el dueño de la vida. Además le dije que no fuera egoísta, que tal vez su madre había terminado su misión y que ahora tenia que ir a recoger su premio en el cielo, que no había otra cosa más bonita que ver el rostro de Dios después de haber llevado una vida feliz. Mejor pide que se haga la voluntad de Dios sobre tu mamá, y no pidas retenerla contigo por más tiempo. Después que platicamos se fue a su casa más tranquila, disfruto a su mamá durante un mes más pero con una nueva forma aprovechando cada momento como si fuera una eternidad. Después de algún tiempo me agradeció por eso.
 
Creo que por eso san Pablo decía que no sabemos pedir lo que nos conviene, y que es necesario que pidamos al Espíritu Santo que nos ayude a pedir, pues no sabemos que pedir o lo pedimos de la forma incorrecta. Dios no es un cumple caprichos, no es Aladino, no es nuestro esclavo para que haga lo que queramos. El es nuestro Padre, un Padre amoroso que nos ayuda en la vida que el mismo nos ha dado; "que nos ayuda", no que nos resuelve nuestro problemas, nuestros caprichos.
 
Dice san Pablo que debemos de saber que le pedimos, y es cierto, tenemos que tener cuidado con lo que pedimos a Dios, pues Él cumple de una forma u otra, en un tiempo o en otro, a veces no con las características que le pedimos, para darnos una lección a nosotros que nos creemos "diocesitos".
 
Hermanos y hermanas, somos sus hijos gracias a Jesús, el Hijo que se hizo hombre. Somos creatura de Dios y no al revés. No son las escopetas las que tiran a los pájaros. Pidamos, antes de pedir algo a Dios, que su mismo Espíritu nos asista para que nos diga las palabras, para que nos inspire la forma correcta con la que le pediremos al Padre por medio del Hijo nuestro hermano. 
 
¡Buen domingo!
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.
 

martes, 22 de julio de 2014

Homilia del 15º Domingo Ordinario.

De la carta del apóstol san Pablo a los Romanos. 8, 18-23.
 
Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de revelar en nosotros. La creación aguarda ansiosamente que se revelen los hijos de Dios.
 
Ella fue sometida al fracaso, no voluntariamente, sino por imposición de otro; pero esta creación, tiene la esperanza de que será liberada de la esclavitud de la corrupción para obtener la gloriosa libertad de los hijos de Dios.
 
Sabemos que hasta ahora la creación entera está gimiendo con dolores de parto. Y no solo ella, sino también nosotros, los que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

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¿Por qué los mártires tienen el gran valor de morir por CRISTO?
 
 
Hola hermanos y hermanas, que el Señor les de su paz.
 
 
Hoy quiero hacerles esta pregunta sugestiva, pues en estos días el Papa Francisco ha declarado que "hay más mártires hoy que en tiempos de la Iglesia primitiva", cuando la Iglesia era perseguida. Hoy como en ese tiempo hay muchos mártires de los que casi no nos llegan noticias, pues no son noticia. ¿por qué no son noticia? Pues porque simplemente a la prensa amarillista no le interesa que mueran personas convencidas de sus convicciones hacia un hombre-Dios que ha cambiado la historia.
 
La respuesta a la pregunta del titulo esta en las primeras líneas de la lectura que leíamos hoy como segunda lectura: "Estimo que los sufrimientos del tiempo presente no se pueden comparar con la gloria que se ha de revelar en nosotros", esta es la gran convicción de muchos de nuestros hermanos que son perseguidos, humillados, torturados y, por fin, matados por otros hermanos que no comprenden que somos todos hijos de un mismo Dios. Es un gran valor el que se debe de tener para morir por causa de Cristo, este valor es dado por la fe tan arraigada en Jesús, por el ardiente amor con que se vive esta fe y con la firmísima esperanza de tener vida plena con Jesús, aquí en la tierra como en la eternidad. Estos hermanos, que ahora están dando testimonio (mártir) de Cristo, no escatiman nada pues tienen la fe puesta en Dios; ¿Cuánta es nuestra fe? ¿en realidad confiamos plenamente en Dios? ¿recordamos las palabras de nuestro Maestro, cuando nos habla de las persecuciones?
 
Estos hermanos nuestros que sufren en Iraq, Siria, Medio Oriente, Ucrania, han tomado en serio lo que Jesús nos aseguro: "quien pierda su vida por mi, la encontrará", nosotros ¿seremos capaces de creer las palabras del Señor con tal valentía hasta entregar la vida?. Hermanos y hermanas, les invitó a creer en las palabras de Jesús, pues estas nos darán esperanza mientras esperamos su retorno, no se ha manifestado lo que seremos, como dice san Pablo, pero si creemos en las palabras del Señor tendremos como una luz, una idea de lo que seremos, esto lo han contemplado tantos hermanos y hermanas mártires de Cristo.
 
Todo sufre hoy; pues no reconoce a Jesús como Señor de la historia. Todos sufren, gimiendo con dolores como de parto, porque no tienen a Dios, se alejan de Él, lo sacan de sus vidas, o lo tienen según y van al templo pero siguen criticando, siguen en sus mismas costumbres erradas, siguen sin convertirse al Señor de corazón. Ya no hagamos más mártires con nuestra lengua, como dice Jesús, no hablemos mal del hermano o la hermana, pues si hablamos mal es como si lo matáramos, bien-digamos de los demás y seremos una Iglesia que demos testimonio como estos mártires de hoy, pues mientras están leyendo están muriendo hermanos por Cristo.
 
Seamos todos mártires (testimonio) de Cristo, con nuestra vida diaria y si es necesario con la vida, ellos entregan su vida hasta derramar su sangre y morir, nosotros la entregamos en el día a día hasta derramar sudor y lagrimas para morir a nuestro orgullo, egoísmo, pues nadie a ha dicho que no cueste. Un abrazo y animo en nuestro camino hacia el Cielo, "anhelemos, como dice san Pablo, ha que se realice plenamente nuestra condición de hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo".
 
¡¡¡Buen domingo y un abrazo fraterno a todos!!!
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.
 
 


domingo, 6 de julio de 2014

Homilia del 14° Domingo Ordinario.


De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 8, 9. 11-13.

 
Pero ustedes no están animados por los bajos instintos, sino por el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en ustedes, el que resucitó a Cristo de la muerte dará vida a sus cuerpos mortales, por el Espíritu suyo que habita en ustedes.
 
Hermanos, no somos deudores de los bajos instintos para vivir a su manera. Porque, si viven de ese modo, morirán; pero, si con el Espíritu dan muerte a las bajas acciones, entonces vivirán.
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¡No nos engañemos!
 
Hola hermanos y hermanas, paz y bien.
 
 
Quiero volver a iniciar con estas reflexiones, esperando que les sirva. A mi me sirve mucho porque es una preparación para la homilía del domingo. Hoy el gran tema es la humildad, que en el nuevo testamento tiene un nombre y es una persona, JESUCRISTO Nuestro Señor.
 
Pero quiero poner el énfasis en la segunda lectura, que por lo regular no tiene nada que ver con las otras lecturas, en esta ocasión san Pablo nos propone que actuemos de la forma como Dios nos pensó desde el principio. Es cierto que tenemos nuestra muy particular forma de pensar, pero Dios nos pensó desde siempre de forma que todos seamos felices.
 
Cuando somos adolescentes pesamos que debemos pensar y hacer lo que nosotros queramos, incluso nos enojamos cuando nuestros padres o nuestros hermanos mayores nos demuestran que nuestra forma de pensar o actuar no esta bien, sin embargo nos hacen ver nuestro errores por que nos aman, solo alguien a quien no le importamos no nos corrige, solo alguien que no nos ama nos deja sumergidos en nuestros errores. Ciertamente que no cualquier persona nos puede "llamar la atención" pues es necesario que nos conozcamos, que nos amémonos, que seamos amigos para que con toda confianza nos corrijamos. También es cierto que cuando nos corrigen o corregimos nos podemos pasar en la forma como corregimos, incluso podemos hacerlo enojados o gritando, y esta no es la forma.
 
Todo iría bien si pensáramos y actuáramos, como dice san Pablo, en el Espíritu de Dios. Pero nos dejamos llevar por el espíritu del mundo, el espíritu negativo que nos corroe, el espíritu de una mayoría que le enseñan como sentirse. Si, hermanos y hermanas, la cultura moderna, los medios masivos, la tecnología basta, nos enseñan como sentirnos, todo lo queremos fácil, el verdadero poder es la persuasión, y nos persuaden para todo: para comprar lo que no necesitamos, para relacionarnos desde el punto de vista materialista, para dominar y hacernos creer que no pasa nada. Cuando nos dejamos llevar por este espíritu del mundo nos sentimos perdidos, nos sentimos son sentido en la vida.
 
El Espíritu de Dios en cambio nos da libertad, de pensar y actuar, pero esta libertad lleva una responsabilidad; también nos da sentido en la vida, por que el Espíritu de Dios, que se da sin medida, sin esperar nada a cambio, no lo quiere o no lo hace todo fácil, es esforzado. El Espíritu de Dios es el amor, y el amor es dar, dar con un corazón grande, con un corazón abierto, con un corazón como el de Jesús que sangra de amor por los demás, pero amar, dar, entregarse tiene que ser de forma libre, pues solo así tiene sentido la vida.
 
Y si, queridos hermanos y hermanas, solo actuando en el Espíritu de Dios seremos felices, nos podemos rendir al plan que Dios pensó para cada uno desde el principio, podemos decirle con toda confianza a Dios, como lo hizo María, "yo soy la esclava (o) del Señor", pues Dios a diferencia de los seres humanos no se aprovechara de nosotros cuando le decimos esto, no nos tomará como esclavos cuando le rindamos el corazón, sino que nos tomará como instrumentos para llevar su amor a los demás.
 
 
No tengamos miedo de seguir el Espíritu de Dios, pues es un Espíritu de libertad, de amor, de paciencia, de esfuerzo, de entrega, de generosidad. Animo y a permanecer, a entregarnos, a poner por obra el plan de Dios en nuestras vidas, a actuar siempre con el Espíritu del Señor para ser felices.
 
¡Buen domingo, que el Señor los bendiga!
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

 

domingo, 18 de mayo de 2014

Homilia del IV Domingo de Pascua.

1P 2,20b-25: Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas.

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportan el sufrimiento, hacen una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto han sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por ustedes, dejándoles un ejemplo para que sigan sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas los han curado. Andaban descarriados como ovejas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas.
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Jesús, oveja y pastor.


Hola hermanos y hermanas,

Hoy todo habla de pastor en la liturgia, pero de nuestro Pastor, Jesús, pues el aprendió a ser Pastor siendo oveja. Sí hermanos y hermanas, Jesús también es oveja del Padre, tuvo que obedecer al Padre, aprendió a obedecer sufriendo, veamos.

La carta primera de Pedro nos da a entender que para Jesús no fue fácil obedecer, a veces podemos pensar que como era Dios no le fue fácil obedecer, pero seguro que le costó aunque nunca desobedeció, incluso al final de su vida en Getsemaní le dice al Padre: “aparta de mi este cáliz”, pero de qué cáliz, del cáliz de su propio parecer, del parecer que todos piensan que es correcto.

Jesús es pastor de nuestras vidas, es guía de nuestras vidas, pero él no puede decir que él mismo se guía, pues él se deja guiar por el Padre. Así nosotros siempre necesitamos de su guía, pero somos como él oveja y pastor de otros, alguna vez tenemos que ser oveja para luego ser pastor. Y recordemos las palabras de Jesús: “el pastor da la vida por sus ovejas”, si queremos ser buenos pastores y pastoras tenemos que dar la vida por los demás, y esto significa lo que hacen los padres pos los hijos, lo que hace el amado por la amada, el amigo por el amigo, el hijo por el padre o la madre, es decir, el sacrificio de amor que hacemos por amor al otro. En cambio cuando nuestra vida no se entrega (amar) la vida se vuelve insípida, se vuelve estéril, se vuelve aburrida, monótona, la felicidad esta en darse a los demás. La felicidad de Jesús, el Buen pastor, es la oveja, es que la oveja este bien, Jesús no se alegra o no se aprovecha de la oveja trasquilándola, sino salvándola.

Creo que estamos llamados a ser pastores a la manera de Jesús, siendo solícitos para salvar a la oveja, no condenemos a la oveja, no la trasquilemos, ayudémosla a que sea plena, a que sea feliz, no tenemos derecho de aprovecharnos de las ovejas, pues el mismo Señor que podía no lo hizo, sino que sirvió con toda humildad, pasando por la cruz, pasando por la muerte en vez de matar a una oveja suya, “no quiso perder ni una sola”, no quiso aprovecharse, sino que murió por todas.

Animo hermanos y hermanas, en la tarea de ser oveja y pastor a ejemplo de Jesús. Entreguemos la vida a algo bueno, a algo sublime, pues vale la pena perder esta vida por amor a los demás, por amor a Dios.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

sábado, 3 de mayo de 2014

Homilía del III Domingo de Pascua

De la primera carta del apóstol san Pedro. 1, 17-21.

Y si llaman Padre al que no hace diferencia entre las personas y juzga cada
uno según sus obras, vivan con respeto durante su permanencia en la tierra. 

No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, imitando a sus padres, no con algún rescate material de oro y plata sino con la preciosa sangre de Cristo, cordero sin mancha ni defecto, predestinado antes de la creación del mundo y revelado al final de los tiempos, en favor de ustedes. Por medio de él creen en Dios, que lo resucitó de la muerte y lo glorificó; de ese modo la fe y la esperanza de ustedes se dirigen a Dios.

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El amor de una madre o un padre es semejante al valor con que fuimos salvados por Jesús, su sangre.

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

Estamos en el tercer domingo del tiempo pascual, recordemos que este tiempo se extiende como si fuera un día en 50 días. En el Evangelio de hoy Jesús sigue encontrándose con los suyos de una forma simple, les hace re-valorar el tiempo que estuvo con ellos, pues es natural para el ser humano que valoremos lo que tenemos hasta que lo hemos perdido, por eso los discípulos de Emaús, les ardía el corazón mientras Jesús iba con ellos, sin que ellos lo supieran.

Por eso pongo un ejemplo muy sencillo: miren cuando tenemos a nuestros padres y somos niños, decimos que los queremos mucho, pero una vez que crecemos se nos va olvidando lo que decíamos sentir por ellos, a veces nos dio vergüenza estar con ellos, por su vestimenta, por lo que decían, por que simplemente pensábamos que no nos merecían. Pero cuando ya tomamos cada quien un rumbo en la vida, nos empiezan a faltar sus consejos, su calor, en una palabra su amor. Y cuando somos padres (de una forma u otra, en el matrimonio o la vida consagrada) los empezamos a comprender y empezamos a darnos cuenta de como nos amaban cuando vivíamos sobre su mismo techo, más aún comprendemos los desplantes, las malas caras que les hacíamos, las vergüenzas por las que les hicimos pasar. Y por fin, cuando alguno de los dos nos faltan en este mundo, valoramos lo que hicieron por nosotros, lo que nos amaron; ¡que bonito sería que los empezáramos a valorar desde hoy, desde esta vida!.

Algo así es lo que san Pedro nos quiere hacer ver, que recordemos que Jesús no pago nuestro rescate, nuestra salvación con oro y plata, sino con su propia sangre, su propia sangre que la dio, como una especie de transfusión para que nosotros tuviéramos vida por su sangre. Esto es lo que hacen nuestros padres (aunque es cierto que hay padres desdichados) o la mayoría de los padres por sus hijos, se sacrifican, les dan lo mejor, les ayudan en la vida, les dan de alguna manera su sangre, se desgastan, pierden su vida por los hijos. Esto es lo que Dios hace con nosotros cada día al ofrecer, como hizo en la cruz, a su propio Hijo, lo ofrece para que nosotros tengamos vida en Él, nos alimentemos de Él, seamos cada vez más como Él. Si tu eres un padre como Dios nuestro Padre, seguro que lo estas haciendo bien, pero si eres como un padres desdichado o peor aún hijo mal agradecido, es como si fueras mal agradecido con Dios por todos los beneficios que te hizo, te hace y te hará por medio de su Hijo Jesucristo.

Si queridos hermanos y hermanas, Jesús esta vivo y vive como una persona, y se mete en cada persona, y es como cada persona que quiere vivir en el amor, en la responsabilidad de dar vida como lo hacen los padres, de familia y de servicio (consagrados). No tengamos miedo a ser buenos padres a pesar de que nos paguen mal, pues recordemos que también nosotros fuimos hijos, tal vez, que pagamos mal a nuestros padres. Yo personalmente cuando los recuerdo, pido perdón a Dios por no tener paciencia con ellos, por no comprenderlos del todo, pero eso si, no me canso de darle gracias a Dios por darme unos padres con tanta semejanza a Él, que es de donde viene toda paternidad.

Que Dios nos conceda a todos entregarnos a los demás como Jesús, como nuestros padres, como los padres de nuestros pueblos. Demos nuestra sangre como Jesús, para que demos vida a las generaciones que vienen despues de nosotros, recordemos que somos tranmisores, padres en todo sentido del mundo que queramos dejarle a nuestros hijos. 

¡Buen domingo!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.