sábado, 2 de febrero de 2013

IV Domingo del Tiempo Ordinario.


“…ningún profeta es bien recibido en su tierra”.
Lc 4, 21-30.

Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: "Médico, cúrate a ti mismo". Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra”.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Jesús es sin duda el más excelente de los profetas de Dios. El profeta es aquel que es enviado por Dios a los hombres y mujeres para que anuncie su Palabra, pero también denuncia las situaciones o actitudes personales y colectivas que van en contra del querer de Dios. Sin embargo el profeta casi siempre le va mal, pues como seres humanos no nos gusta que nos digan lo que esta mal en nuestra vida o en la vida pública, casi todos los profetas de Israel fueron asesinados por sus habitantes en su momento, y Jesús hoy nos dice que su profetismo y anuncio del Reino no fue fácil, tuvo que pasar la misma suerte que todo profeta.

Y es que ser profeta no es fácil. El profeta va contra corriente, parecido al salmón, no se deja llevar por la corriente del pesimismo, desánimo, desesperación, hedonismo, materialismo de todos los simples mortales, es un simple mortal como todos pero escucha la voz de Dios en la oración, en los hermanos, en la naturaleza, en las circunstancias complejas de los seres humanos. Jesús es un claro ejemplo de que ser profeta no es fácil, pues a pesar de que se esmere por ser coherente con lo que dice y lo que hace, se tiene una cierta disposición negativa ante su mensaje, aunque puede ser que también algunas personas agradezcan y hagan caso al mensaje.

Sin duda que el profeta tiene que tener una coherencia moral, debe de esforzarse por no ser egoísta, y que anuncie con claridad el mensaje de Dios, sin incluir intereses personales, pues tiene un gran poder con su voz, pues la gente sabe que habla en nombre de Dios.

No todos los hermanos quieren ser profetas, aunque con el bautismo fuimos hechos, como Jesús, profetas. Y no queremos por que no queremos experimentar el rechazo, es difícil llegar a un lugar, sobre todo al lugar donde eres originario, y no te reciban o no crean el mensaje que estas anunciando, pues te conocen desde pequeño, conocen lo que haz hecho y también lo que no. Pero también aunque se tome en serio este profetismo que tomamos en los hombros con el bautismo, y tengamos una coherencia de vida, es difícil que las personas crean el mensaje, pues ya hay un prejuicio.

Cuando esto pasa, es decir, hay una fuerte resistencia a recibir el mensaje de Dios, ya sea por la mala imagen del profeta, o simplemente la gente no acepta el mensaje por prejuicios, Dios habla al profeta y le dice como a Jeremías, en la primera lectura de hoy: “Cíñete y prepárate; ponte de pie y diles lo que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos, para que y no te quebrante”. Dios nos habla y nos dice que Él esta con nosotros, y el mensaje que decimos es de Él, además nos confirma en la fe para que podamos realizar la misión, pero tenemos que estar consientes que podemos correr con la misma suerte de Jesús y de muchos profetas del antigua testamento, nos pueden quitar la vida, sin embargo hay que ofrecerla con libertad, como el mismo Jesús: “nadie me quita la vida, soy yo quien la ofrece por ustedes”. Si no nos hacen caso, Dios dirigirá su mensaje de otras formas, las promesas las cumplirá con otras personas como dice el evangelio de hoy con la viuda de Sarepta o con Naamán, no hay que desesperar, es Dios quien actúa, quien habla.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que ser profetas, tenemos que tomar en serio nuestra condición dada por Cristo en el bautismo, tenemos que ir, como Jesús, contra corriente, con ánimo confiado en Dios, que es Él que nos conduce, pero también consientes de lo que supone este profetismo.

¡¡¡Festejemos con nuestra vida, ya que no lo hacemos como Iglesia, la fiesta de Cristo Profeta!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

III Domingo del Tiempo Ordinario.


Llevar la Buena Noticia.
Lc 1, 1-4; 4, 14-21.

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en sus sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".

La semana pasada el tema del Evangelio era las bodas de Cana, y el tema de trasfondo era la falta de alegría expresado la frase “se les acabó el vino”. Hoy parece que el tema sigue dando de que hablar, aunque es otro el evangelista, parece seguir el tema. Ahora el tema es el inicio de la predicación de Jesús, pero pareciera que denuncia las situaciones que nos quitan la alegría, es decir “ser pobre, estar preso, estar ciego o  estar esclavizado”.

Pero veamos si esto realmente quita la alegría. Cuando una persona vive en pobreza extrema evidentemente sufre y hay que ayudarle, sin embargo no es necesario tener mucho dinero o todo el dinero del mundo para ser feliz, sino hay que preguntarle a los que lo tienen si en realidad son felices, es que es muy relativo esto de ser pobre. Hay muchas personas que viven agobiadas intentando tener y tener más dinero, sin embargo hay personas que viven muy bien siendo pobres, teniendo lo necesario para la vida, incluso cuando estas mismas personas alcanzan un nivel económico mayor, prefieren permanecer y optan por seguir con sencillez en la vida porque los hace felices, viven en la alegría.

La primera ocasión que visite a las Hermanas Carmelitas Descalzas, (estas hermanas viven la estricta observancia de la regla carmelitana, es decir, no salen para nada de su monasterio, las reglas que observan son muy duras) había una familia que las visitaba y el papa esta familia, le hizo una pregunta a la priora (la superiora del monasterio), esta fue: Madre ¿Cómo es que ustedes, que estando allí dentro encarceladas, son tan felices? Cabe decir que las hermanas reciben a las visitas tras unas rejas, las cuales hacen que casi no se vean entre si las hermanas y las visitas. La priora contesto con una gran sonrisa, y seguida por algunas hermanas con una carcajada, pues son muy alegres: “los que están encarcelados son ustedes, nosotros aquí adentro somos muy libres, muchas veces la vida allá afuera es tan agobiante, estresante, preocupante, en cambio aquí no hay estas cosas solo estamos dedicadas a Dios, Él nos hace cada vez mejores si ponemos de nuestra parte, no nos preocupan las privaciones que pasamos, que estemos encerradas, que no podamos ver o saber que pasa afuera, o pertenecerle por entero a Dios, porque sabemos que al privarnos u ofrecernos como esclavas a Dios, él no nos esclaviza como lo hacemos los hombres, sino más bien nos libera de una forma que somos más libres que si estuviéramos afuera”. Las palabras de la priora fueron una gran enseñanza para mi, no se si para aquella familia, pero para mi si, cuando salí del monasterio dije “quiero ser muy alegre, porque le pertenezco a un Dios que nos hace libres”.

Por otro lado he conocido muchas personas que están privadas de la vista, parcialmente o por completo, y me he admirado porque son muy felices, incluso la mayoría de las personas discapacitadas nos dan alegría aún con su sufrimiento. Según nuestro pensamiento humano estas personas deberían estas apesadumbradas, con tristeza, inconformes por esta condición, pero no, son ellas que muchas veces nos dan ánimos, alentó para seguir nuestra vida cuando la vemos menos complicada que la de ellos. Aquí se cumple la escritura también, como dice el Señor: “los pensamientos de Dios no son los pensamientos de ustedes”, lo que nosotros pensamos que debe dar tristeza y desanimo, Dios dice que es alegría que contagia.

Cuando este pasaje dice que Jesús se sienta y después dice: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Se cumple por que él esta allí, esta entre ellos aunque no le reconocen, esta sentado entre ellos como aquel que anuncia la alegría a pesar de los problemas y tristezas de esta vida. También hoy se cumple esta palabra que fue pronunciada en todo el mundo si reconocemos a Jesús, nuestra alegría, como esta buena noticia, es decir, solo con Jesús tenemos acceso al amor, a la alegría que se experimenta a pesar de nuestra limitaciones, de las circuntancias adversas, solo con él en medio de nuestra vida, en medio de nuestras relaciones, de nuestras situaciones difíciles, podemos hacerle frente con alegría, así como hubo alegría en Maria y José, en los pastores, en los reyes de oriente, cuando nació el Salvador del mundo, esta palabra que hoy se cumple si vemos atreves de la fe, si oímos sus palabra de vida eterna.
Queridos hermanos y hermanas, hoy se cumple la escritura, si nosotros escuchamos esta palabra con fe, con amor, con alegría. No importa en que situación nos encontremos, siempre hay una salida a todo, aún la muerte tiene remedio, pues el mismo Jesús le ha dado remedio. No perdamos la fe, no perdamos la esperanza, no perdamos hacer las cosas con amor, no desanimemos en nuestro esfuerzo, en nuestro camino que aunque es desconcertante va iluminado por Jesús que ya lo ha recorrido primero. Solo les digo como san Pablo, “estén alegres, les repito, estén alegres en el Señor”, pero no como la alegría del mundo, es decir, que todo será fácil, no hermanos no todo es fácil, pero no por eso perdamos la alegría, y si no es fácil es para que crezcamos, para que nos sirva en el futuro.

Animo, y a estar alegres, verdaderamente alegres, realmente alegres.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

II Domingo del Tiempo Ordinanrio.


“No tienen vino”= “no tienen alegría”.
Jn 2, 1-11.

Las bodas de Caná.
Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga".
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora un poco -agregó Jesús- y llévenlo al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”. Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

En el mundo en que vivimos es fácil perder la alegría, los asaltos, las violaciones a los derechos humanos fundamentales, la violencia en las calles, los abortos permitidos por la ley o clandestinos, la criminalidad y el narcotráfico que laceran a la sociedad completa, la corrupción en todos los niveles de gobierno, la intolerancia en las calles, etc. Bueno, hasta allí le dejamos porque no quiero parecer sección policiaca del periódico.

Hasta en los templos, católicos o no, nos olvidamos que la Buena Nueva, como llamamos al mensaje de Dios y que es el mismo Jesús, tiene que ser proclamada con alegría, a mi en particular no me gusta escuchar al padrecito o pastor, para que nadie se ofenda voy a decir que de Plutón (al cabo que dicen que no existe), cuando habla en su homilía o discurso lo que todos ya sabemos de antemano, de lo que hice alusión al inicio. Creo que lo que nos hace falta es despertar en nosotros la alegría de ser cristianos, que a pesar de todos los problemas que tenemos estamos alegres porque Jesús esta con nosotros.

Hoy en el evangelio se nos presenta a Jesús en medio de una boda, María se da cuenta de que la fiesta estaba aguada, es decir, no había vino, se acabo. El vino para muchas culturas es sinónimo de alegría, incluso para nosotros mexicanos si no hay “cheves”, “birrias”, “chelas”, “elodias” o como les quieran llamar a las cervezas no es fiesta. Esto es aceptable solo cuando esto no pasa a ser lo primordial, es decir, cuando por la cerveza la fiesta termina en tragedia.

Entonces, María se da cuenta que no hay vino y una boda sin vino, pues seguramente para los judíos, no es fiesta, no hay alegría. En María tenemos un claro ejemplo de como tiene que ser nuestra actitud como cristianos, ella es Madre de la Alegría, y cuando se da cuenta que se termina, lanza a su Hijo para que la devuelva. Como cristianos, creo ese es nuestro papel, llevar la Alegría a los ambientes más vulnerables de la sociedad, muchas veces nos empeñamos en ayudar a los pobres económicamente pero no les llevamos la Alegría que es Jesús, todos podemos hacer cosas maravillosas por los demás, cosas extraordinarias, ser casi como héroes, pero se nos olvida que quien es el verdadero héroe, el que hace los milagros, el que es el amor o la alegría es Jesús.

Jesús mismo constata que el hombre, o mejor dicho la fiesta de los hombres, son aguadas sin él, podemos interpretar esto cuando Jesús les dice a los criados que “llenen de agua estas tinajas”, nosotros los seres humanos no podemos llevar a los demás aquello que no poseemos, solo si llevamos a Jesús podrá convertir la tristeza en alegría, como lo hizo con el agua convertida vino. Y la alegría que brota por tener a Jesús, de estar con él, es mejor que la alegría de este mundo, como el vino, que después de ser convertido por Jesús, es el mejor.

San Juan dice que este fue el primer signo que Jesús hizo, veamos en este signo, hermanos y hermanas, que lo importante es estar con Jesús, que él esté en nuestro corazón, para poder contagiarlo a los demás. El mundo necesita más que nunca de cristianos alegres, de cristianos sonrientes, como decía Madre Teresa de Calcuta. Cuando veamos a algún hermano que esta triste, desolado, sin ánimo, vayamos a su encuentro y tratemos de dejarlo con una sonrisa en la boca. Cuando las tinajas estén llenas de agua, es decir, de angustias, de pesares, de desánimo, digámosle a Jesús que las convierta en vino, es decir, en alegría, en plenitud, en él mismo, pues recordemos que el vino, en la Eucaristía, Dios lo convierte, junto con el pan y por medio del sacerdote, en cuerpo y sangre de su Hijo para que sea nuestro alimento, alimento espiritual que nos da alegría, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Muchos querrán vernos tristes, derrotados, sin ánimos, pero hagámosle caso a María la Madre de la Alegría, “hagamos lo que Él nos diga”. Si hacemos lo que Jesús nos dice seguro que cada día te levantarás alegre, por que sabes que Él esta contigo, siempre esta, aunque “la riegues gacho”, como dicen los chavos. Prueba y veras que bueno es el Señor, cuando te despiertes llena tus tinajas de agua y después, cuando ya estén llenas, dile a Jesús que las convierta en vino.

¡¡¡Sonriamos, hermanas y hermanos, sonriamos!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMcap.

I Domingo del Tiempo Ordinario, Bautismo del Señor.


El Bautismo del Señor
Lc 3, 15-16; 21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo a todos: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".

Es fácil confundir a las personas en la vida cotidiana. También en el tiempo de Jesús, era fácil confundirlo con hombres que también anunciaban el Reino, sin embargo es Juan el que disuelve esta confusión, con el que confundían al Mesías. Cuando Juan dice que el bautiza con agua, pero que Jesús nos bautizaría con el Espíritu Santo y fuego, daba a entender que el bautismo de Jesús era más importante que el de él; en otro pasaje de la escritura dice que Juan debe disminuir y Jesús crecer. Juan estaba consiente que era tan solo la voz que preparaba el camino del Señor, la Voz (Juan) que daba paso a la Palabra (Jesús), el siervo (Juan) que daba paso al Señor (Jesús).

Pero ahora viene la pregunta, tal vez que todos nos hacemos: ¿Cómo Jesús se hace bautizar, si esto se hacia solo con los que se arrepentían de sus pecados, y Jesús no tenia pecado? La respuesta la han dado muchos hermanos a lo largo de los siglos, y esta es que Jesús se hizo bautizar para santificar todas las cosas en Él, es decir, santifica el agua, santifica al que bautiza y al que se hace bautizar. Todo lo que Jesús hace a partir de este día de su bautismo es en favor de otros, lo hace en favor nuestro, los sacramentos no son para Dios, el bautizarnos o ir a misa no le beneficia a Dios, sino a nosotros y si no participamos de estos sacramentos que nos fueron dados por Jesús, nos estamos perdiendo de sus regalos, pero como son regalos, cada uno tenemos que tomarlos con libertad, gratis, sin presión.

Lo que la Escritura atestigua cuando dice, que el cielo se abrió y se oyó la voz del Padre, es lo que pasa en nuestro bautismo, y todos los que se bautizan son llamados por Dios “hijos predilectos”. Si hermanos todos somos hijos predilectos en el “Hijo predilecto”, todos somos hijos de Dios, en Jesucristo el “Hijo de Dios”, y por el bautismo esto se realiza plena y perfectamente. Y por lo mismo que somos hijos, todos los bautizados somos hermanos muy amados del Hijo y de todos los hermanos del Hijo, por eso el mandamiento de Jesús es claro: “ámense los unos a otros como yo los he amado”.

A veces ignoramos muchas cosas sobre este regalo del bautismo, y quiero ahora hablar de esto. Cuando un bebe esta gravemente en peligro de muerte, puede ser bautizado por cualquier persona, sin que sea sacerdote, incluso por una persona no bautizada, pero que lo haga como lo hace la Iglesia y en el nombre de la Trinidad (“en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo), pero si el bebe se recupera es necesario llevarla ante un sacerdote para que complete el rito del bautismo.

También pueden haber varios tipos de bautismo: bautismo de hecho, cuando se realiza conforme a todas las disposiciones de la Iglesia; bautismo de deseo, cuando una persona no es bautizada, pero tiene el deseo, y muere; y bautismo de sangre, cuando una persona muere mártir en nombre de Jesús, pues su propia sangre derramada por el nombre de Cristo sirve de purificación de sus pecados.

Andemos como bautizados en la vida, el bautismo nos debe de llevar a vivir una constante conversión, es decir, no dejarnos estancar como el agua cuando se estanca y se pudre. Hermanos y hermanas, vivamos el don del bautismo en este sentido, en constante conversión, renovación en todos los aspectos de nuestra vida, pero estemos consientes de que no podemos hacerlo solos, por eso pidamos la ayuda de Aquel que nos ha dado este don, este regalo gratuitamente.
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

lunes, 15 de octubre de 2012

Relfexión del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.


CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS

Escrito por  Mc 10, 17-30
Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: "¿Qué haré para heredar la vida eterna?". No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto.
Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: "Todo eso lo he cumplido desde pequeño".
Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: "Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres... y luego sígueme".
El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.
El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.
La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.
Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos?
¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?
Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría.

José Antonio Pagola

Reflexión del Domingo XXVII del tiempo Ordnario


DIVORCIO DE VIDA.
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Este domingo el tema principal es el divorcio. Cuando hablamos del divorcio pensamos rápidamente que se trata de dos personas casadas que después de un tiempo por la incomprensión de uno y otro llegan a separarse. Es correcta la noción que tenemos del divorcio, sin embargo antes de que se de un divorcio, se ha dado un divorcio personal en el interior de las personas, incluso el divorcio se puede aplicar a personas casadas o no, veamos de que se trata esto que digo.
Sin duda el divorcio se da por la incomprensión en el matrimonio, o porque alguno de los esposos es incompetente para mantener una relación estable, pero la mayoría de los divorcios se dan por la separación o incoherencia de las personas, es decir, la persona dice una cosa pero hace otra. Por ejemplo, dice el esposo que quiere mucho a su esposa, pero tiene una o dos amantes; o la esposa dice que ama tanto a su esposo que es capaz de cualquier cosa, sin embargo cuando hay una dificultad no tan fuerte como la infidelidad quiere la separación. Sin duda divorcio quiere decir separación, separación entre dos cosas, dos personas, dos situaciones que deben ir juntas. Cuando el divorcio o la separación se ha efectuado en dos personas, como decía al inicio, ya se ha efectuado antes una separación en la persona, es decir, ya ha habido un divorcio en sus interés, en sus sentimientos, en su forma de llevar su matrimonio, y la otra persona intuye y se da cuenta de esto cuando dice “nada es como antes”.
Estamos hablando de matrimonio, pero al entrar en el contexto individual, también los consagrados, que no se casan, caben aquí, o los que no se han casado aún. Me refiero a la incoherencia de vida. Un religioso o consagrado, sacerdote, laico comprometido, puede ser muy piadoso en el templo y sin embargo no lo es en los ambientes en los que se desenvuelve cotidianamente, puede creer y ser muy devoto a la Eucaristía, sin embargo no puede descubrir en su hermano que Dios esta tan presente como lo esta en la Eucaristía, puede ser un hombre o una mujer orante, sin embargo puede actuar de una manera no muy evangélica. También puede haber divorcio en el ambiente político, por ejemplo, un político puede prometer muchas cosas a la población para que voten por él, sin embargo cuando esta en el poder se olvida de los compromisos que hace.
En nuestra propia vida también tenemos varios divorcios, decimos una cosa, pero hacemos otra. Cuando nos comprometemos a cosas y no cumplimos, también cuando queremos a alguien, pero  no queremos el compromiso que conlleva el amor. 

Reflexión del Domingo XXVI del Tiempo Ordinario.


No somos dueños de Dios, somos sus siervos.
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Somos, por el bautismo, colaboradores de Dios aquí en la tierra; como si fuéramos puentes que conducimos hacía Dios. Sin embargo, no por ser colaboradores de Dios, nos podemos apropiar de Dios, es decir, que el Dios que yo anuncio solo yo lo puedo proclamar, solo a mi me pertenece el mansaje y si alguien lo hace en nombre de Dios no es verdadero puente. Esta es la gran tentación de los católicos hoy, pensar que Dios es propiedad privada nuestra.

Lo que hoy Jesús enseña a sus apóstoles, y a nosotros por supuesto, es que todos somos sus colaboradores, aún aquellos que no andan con nosotros, que piensan un poco distinto que nosotros, que se alejaron de nosotros por su egoísmo, pero también por nuestro mal testimonio. Pensamos a veces que los que anuncian a Cristo, a veces mejor que nosotros porque lo hacen con sus obras más que con sus palabras, por no ser parte de nuestro grupo no tiene ese trabajo, pero Jesús en el Evangelio dice que “todo aquel que no esta contra nosotros, está a nuestro favor”. Cuando alguien de diferentes creencias que nosotros pasa por nuestras casas, no los queremos recibir, sin embargo sería una oportunidad para que podamos dialogar y estar más en comunión, pues todos somos hijos del mismo Padre, creador por un solo Creador. Claro que si nos ponemos a dialogar con ellos es preciso, no defenderse, sino saber por medio de la experiencia que Dios es amor, que es vida y que es la verdad revelada. Somos “católicos”, precisamente porque esta palabra quiere decir, universal, como Dios es universal. Nosotros a ejemplo de Dios debemos darnos a todos, sin perder nuestra identidad, dialogar y dejar que otros anuncien a Cristo, pues todos de alguna forma damos testimonio en nuestra vida de la vida de Dios que fue puesta como una semilla en el interior de cada ser humano.

Y es que todo tiene relación, nos estiman porque anunciamos a Jesús,  no por bonitos. Nos ofrecen su hospitalidad, su amor, su compañía, no por nosotros mismos, sino por amor a Dios, o por lo menos esta es la realidad. Dios nos llama a todos por el mero hecho de creer en él, de experimentarlo en nuestra vida, a anunciarlo gozosamente a los hermanos, para que todos tengan vida en él. Sin embargo somos testigos públicos de Cristo, y por ser públicos todos los hermanos, creyentes o no, nos ven para ver que testimonio damos. De tal forma que un mal testimonio nuestro, alguna incoherencia de nuestra parte, puede ser escandalo para los más débiles en la fe, y nosotros somos responsables de esto.

A veces tenemos gran resentimiento a los hermanos, que malamente le llamamos “separados”, porque pensamos que todo es responsabilidad de ellos, pero todos tenemos responsabilidad, apoco no hay muchos de nuestros hermanos que se alejan de la parroquia o de grupos eclesiales a causa de nuestro mal testimonio.

Tenemos que ser creyentes con una fe adulta en Cristo, dejarnos de divisiones que no son más que incoherencias de nuestra parte, si decimos seguir a Jesús, que junto con el Padre y el Espíritu son uno. Tenemos que dejar los celos, como Moisés en la primera lectura, para avanzar hacía la unidad que quiere Dios. Y en lugar de preocuparnos o estar celosos de otros que predican mejor que nosotros las maravillas de Dios, debemos de preocuoparnos por dar buen mensaje como los otros a los que les tenemos celos. Dios es para todos, como el sol que sale para todos, así es Dios.