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sábado, 22 de agosto de 2015

Homilía del XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Del libro de Josué. 24, 1-2a. 15-17. 18b.

Josué reunió a las tribus de Israel en Siquén. Convocó a los ancianos de Israel, a los jefes de familia, a los jueces y escribas, y se presentaron ante el Señor.

Josué habló al pueblo:

   —Así dice el Señor, Dios de Israel:
Y si no están dispuestos a servir al Señor, elijan hoy a quién quieren servir: a los dioses que sirvieron sus padres al otro lado del río o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitan, que yo y mi familia serviremos al Señor.

El pueblo respondió:
   —¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para ir a servir a otros dioses! Porque el Señor, nuestro Dios, es quien nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto, quien hizo ante nuestros ojos aquellos grandes prodigios, nos guardó en todo nuestro peregrinar y entre todos los pueblos que atravesamos. El Señor expulsó ante nosotros a los pueblos amorreos que habitaban el país. Por eso también nosotros serviremos al Señor: ¡él es nuestro Dios!

domingo, 28 de junio de 2015

Homilía del DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24.


Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

¿LA SANTA MUERTE?

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

En el contexto de nuestro país (México) ha crecido mucho la devoción a la muerte, y le llaman de distintos nombres: "la niña blanca", "la santísima", "la niña divina", y otros. Sin embargo la mayoría de las personas ignora que esta devoción es una imagen distorsionada, de este acontecimiento y misterio por el que pasamos los seres humanos, además que los títulos que les concedemos los podríamos pronunciar a Dios o a la Virgen María su Madre.

Las lecturas de este domingo nos ilustran muy bien sobre el misterio de la muerte, y no podemos seguir creyendo en la "santa muerte", pues no merece ni siquiera llamarla santa, solo podemos llamar santa a una persona justa o lucha por ser justa y, por supuesto a Dios, que es el SANTO, TRES VECES SANTO, pues es PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO. La muerte es fruto de la injusticia del ser humano (del pecado del ser humano), fue por el pecado que la muerte entro en el mundo, pero Dios envió a su Hijo para que con su vida, muerte y RESURRECCIÓN venciera la muerte de una vez y para siempre, de tal forma que cuando decimos: "no te preocupes, todo tiene solución, solo la muerte no la tiene", estamos ignorando que Jesús, nuestro hermano el JUSTO (santo) solucionó, por así decirlo, la paga que merecíamos por nuestros pecados. La muerte solo la podríamos llamar: hermana muerte corporal, como le decía San Francisco de Asís, en sentido de reconciliación o aceptación de esta realidad que no podemos evitar pasar todos; además antes de Cristo había una sola muerte, es decir, cuando moría una persona acababa su existencia, pero con la muerte redentora de Cristo nos ganó la vida que habíamos perdido del principio, nos salvó de padecer la muerte eterna, pero nos dejó la muerte corporal, aquella que pasó Él, ahora esta muerte corporal que todos pasamos es un trance, un estado, es el camino para ver a Dios. No podemos llamar o pedir la intercesión de una realidad que de suya no fue creada por Dios, como dice esta lectura del libro de la sabiduría.

Si creemos en esta "santa muerte" sería como cuando nuestros padres nos enseñan el camino bueno, el camino correcto, el camino del bien, pero nos aferramos a caminar por una senda oscura, negativo, un camino que solo conduce a la muerte. Por eso esta devoción tiene tanto revuelo en los ambientes de droga, de delincuencia, de narcos, porque es una devoción sombría. Dios es un Dios de vida, cuando uno no cree en nada, es como si no estuviera vivo, cuando no practicamos la justicia con los hermanos y hermanas es como si estuviéramos muertos, no permitamos que por nuestra terquedad ganemos la muerte eterna, sino la vida eterna que nos ganó Jesús por amor.

Creo que una forma de acrecentar nuestra fe en Dios, en el único Dios, podemos hacer las obras de misericordia, de hablar de estos temas tabúes, y sacar a tantos hermanos y hermanas de la ignorancia, pues esta devoción es alimentada de la ignorancia o poca formación de los católicos. Seamos misioneros de la vida, de la alegría, de la esperanza, no podemos seguir escondiendo los dones, la vida que Dios nos ha dado. En los grupos de las parroquias debemos de luchas por acabar cada uno con las criticas, con los malos entendidos, pues cuando hablamos de otros, cuando difamamos a alguien es como si matáramos a esos hermanos. Recordemos que siempre estamos con Dios si procuramos en todos los sentidos la vida, la felicidad, el bienestar de los demás, la armonía, lo positivo de la vida, integrando lo negativo y transformándolo en crecimiento personal y colectivo.

¡Buen domingo y feliz día a todos!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.


sábado, 24 de enero de 2015

Homilía 2º Domingo del Tiempo Ordinario

Del segundo libro de Samuel. 3. 3b-11. 19.


Samuel estaba acostado en el santuario del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó:
   —¡Samuel, Samuel!
   Y éste respondió:
   —¡Aquí estoy!
Fue corriendo adonde estaba Elí, y le dijo:
   —Aquí estoy; vengo porque me has llamado.
Elí respondió:
   —No te he llamado, vuelve a acostarte. 
Samuel fue a acostarse, y el Señor lo llamó otra vez. Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí, y le dijo:
   —Aquí estoy; vengo porque me has llamado.
 Elí respondió:
   —No te he llamado, hijo; vuelve a acostarte. 
Samuel no conocía todavía al Señor; aún no se le había revelado la Palabra del Señor. El Señor volvió a llamar por tercera vez. Samuel se levantó y fue a donde estaba Elí, y le dijo:
   —Aquí estoy; vengo porque me has llamado.
Elí comprendió entonces que era el Señor quien llamaba al niño,
 y le dijo:
   —Anda, acuéstate. Y si te llama alguien, dices: Habla, Señor, que tu servidor escucha.

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y lo llamó como antes:
   —¡Samuel, Samuel!
Samuel respondió:
   —Habla, que tu servidor escucha.

Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.


HABLA, QUE TU SIERVO ESCUCHA.

Hola hermanos y hermanas, Paz & bien.

En este segundo domingo del tiempo ordinario, el tema de las lecturas que escuchamos en la misa es la llamada que Dios hace a cualquier persona para ayudarle en la extensión de su Reino. Sin embargo quiero hacer notar las formas de respuestas que hacemos de Dios, pues la llamada es de Dios y es casi en todos los casos igual, con un gran amor de parte de Dios por la persona que llama y no se fija de sus limitaciones, pues Él es el que da las fuerzas y la gracia para realizar la misión. 

Respuesta del distraído: se parece a Samuel, el muchacho distraído que hace caso a diversas voces que se le presentan y no sabe distinguir la llamada de Dios en su vida. estas voces no siempre son sonoras, o no se pueden escuchar siempre con los oídos físicos; un ejemplo de voces distintas a las de Dios es el facebook, por estar horas y horas en esta red social no tenemos tiempo para reflexionar, para hablar con Dios como con una persona querida, que se le tenga confianza. Esta respuesta es muy típica entre los jóvenes o los que llevan poco sirviendo en algún apostolado.

Respuesta del que le da largas a Dios. Es aquella persona que se ha dado cuenta que Dios le esta llamando pero su respuesta no es pronta, o se hace que la "virgen le habla!", es decir, su respuesta es si pero todavía no, es una respuesta algo escatológìca. En los servidores en los grupos de la parroquia son personas con muchos dones, pero dicen que no pueden, que son muy poca cosa, son inseguros y no quieren hacerse responsables de los retos que implica decirle "Si" a Dios.

Respuesta del "importante". Es el que quiere que Dios ande de tras de el, que le tome parecer siempre, que siempre le diga que hacer. La respuesta de esta persona es algo parecido cuando le hablas a alguien y hace como que no se da cuenta que le llamas, o dice: "¿es a mí?. Es aquel servidor que le gusta que lo anden arriando, que no tiene iniciativa propia, que le gusta aparecer o se siente con más conocimiento que todos los demás. Es aquel servidor que se hace la victima pero en realidad es el victimario, le gusta que le rueguen.

Respuesta del desanimado. Este tipo de personas responden a Dios inmediatamente después de escuchar su llamada, pero al darse cuenta de lo que implica el llamado y su respuesta se desaniman. Estos servidores se desaniman de todo, son celosos, sentidos, no aguantan el peso de la responsabilidad y quieren dejarlo todo por nada. Se quejan de todo, piensan que solo su opinión es valida. Es el servidor que sirve a Dios, pero a medias, pues siempre se queja, no se entrega completamente.

Respuesta del "seguro". Es aquel que se da cuenta de la llamada de Dios sin tanta distracción, es decir, su capacidad para discernir es casi perfecta. Pero tanta seguridad es también su mal, pues a la hora de responder, le responden a Dios casi haciéndolo a un lado y pensando que todo lo que hacen es por sus fuerzas, por sus méritos y para su gloria, no para la de Dios. Son aquellos servidores que son muy eficientes pero pecan de arrogancia, de soberbia y vanagloria. Lo hacen todo para ser notados y solo las cosas salen bien si ellos están.

Respuesta del consiente. Es el hermano que responde a Dios con miedo, con incertidumbre, midiendo sus fuerzas, esta consiente que no es el mejor, pero da lo mejor. Sabe que es solo un instrumento, tiene sus errores como todos pero los sabe reconocer. Son aquellos servidores alegres, creativos, que tratan bien a los demás, que llegan a la madurez gracias a su disponibilidad a la voluntad de Dios, pueden repetir como Jesús en el huerto: "aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya".

Podría enumerar más pero creo que es suficiente para identificar que tipo de respuesta le vamos dando a Dios, puede ser que le demos especialmente una o haya un poco de todas, pero es bueno reflexionar, ¿qué tipo de respuesta estoy dando a Dios? ¿en realidad soy feliz, respondiendo a la llamada de Dios? ¿es una respuesta a la llamada de Dios o es un refugio a mis limitaciones, a mis frustraciones?

¡Buen domingo hermanos!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.