domingo, 19 de julio de 2015

Homilía del DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO.

Del libro del profeta Jeremías, 23, 1-6.


¡Ay de los pastores que dispersan y extravían las ovejas de mi rebaño! —oráculo del Señor—. Por eso, así dice el Señor, Dios de Israel, a los pastores que pastorean a mi pueblo: Ustedes dispersaron a mis ovejas, las expulsaron, no se ocuparon de ellas; yo, en cambio, me ocuparé de ustedes y castigaré sus malas acciones —oráculo del Señor— 

Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas en todos los países adonde las expulsé, las volveré a traer a sus pastos, para que crezcan y se multipliquen. Les daré pastores que las pastoreen: no temerán, ni se espantarán, ni se perderán —oráculo del Señor—. Miren que llegan días —oráculo del Señor— en que daré a David un retoño legítimo. Reinará como rey prudente, y administrará la justicia y el derecho en el país; en sus días se salvará Judá, Israel habitará en paz, y le darán el título Señor, justicia nuestra.



¿QUE ES UN BUEN PASTOR?

¡Hola paz y bien a todos y todas!

Muchas veces nos referimos a Jesús como un buen pastor, pero lo cierto es que Él es el único BUEN PASTOR, todos los demás a quienes nos referimos como pastores (en el ámbito católico o protestante), incluso un servidor que es sacerdote, tratamos o nos esforzamos por ser lo mejor posible como el BUEN PASTOR. Pero, ¿qué es un pastor o un buen pastor?

Hay que decir que cuando Jeremías se refiere a los pastores, no se refiere a los sacerdotes de su tiempo, y menos aún a los de ahora, sino a los que guiaban al pueblo, a los que lo representaban, como son los reyes, y es que desde David (el Rey) adquirió el reinado la figura del pastor, pues David era pastor de ovejas, así todos los que siguieron como reyes después de David se les llamaba pastores (rey) que eran servidores del pueblo de Dios. Hoy podríamos decir que los pastores son los servidores públicos, los gobernantes, pues sirven al pueblo, pero por desgracia se sirven a ellos mismos, un buen pastor seria el que se ocupa y preocupa de los demás, de su pueblo.

Pero podríamos decir que cualquier dirigente, los padres de familia, los encargados de un grupo de personas, los maestros, los patrones en las empresas, los lideres carismáticos o no, los sacerdotes, los que dirigen una iglesia, son pastores, pero habría que preguntarnos ¿Soy buen pastor en el ámbito en que me encuentro? ¿Actuamos con justicia, promovemos la paz?, y la respuesta la tendríamos que dar viendo como en un espejo al BUEN PASTOR, a Jesús. Contemplándolo con los ojos de la fe, con los ojos bien abiertos, y sino somos buenos pastores, hay que tener la valentía de esforzarse, de atreverse a serlo.

Cuando el padre de familia no cumple con sus hijos, cuando el dirigente no vela por los intereses de quienes representa, cuando el encargado se cree muy poderoso y trata mal a los demás, cuando los patrones de las empresas se preocupan más por el dinero que ganan que en las personas que trabajan con él, cuando los lideres de opinión no informan críticamente y tergiversan las cosas, cuando el sacerdote se sirve a si mismo o no escucha a los demás para tomar decisiones en la Iglesia, cuando un pastor evangélico solo vela por su familia o por sus intereses, no deberían llamarse pastores o buenos pastores. Para salir de estos vicios y para ser un verdadero pastor hay que ver al que es el BUEN PASTOR, y estas son sus características, según el Evangelio de hoy: la primera es la COMPASIÓN, cuando un pastor no le mueve la compasión por su pueblo, por los suyos, por los que representa, se vuelve indiferente, no le importa lo que pasan los más desfavorecidos, se impermeabiliza. La segunda es ENSEÑAR CON PACIENCIA, cuando una pastor, llámese padre de familia, patrón, dirigente, encargado, catequista, sacerdote, maestro, pastor, gobernante, no enseña con paciencia quiere decir que ha perdido su memoria, no recuerda que fue sacado del mismo pueblo que enseña, no recuerda que hizo padecer a sus padres, no recuerda su origen, no recuerda que si Dios le ha puesto en tal o cual puesto es para servir, incluso la palabra pastor lo dice todo, servidor.

Tengamos la valentía de cambiar con nuestras actitudes esta realidad en que vivimos, nos faltan muchos pastores según el corazón de Cristo, según el corazón del Padre del cielo que es nuestro gran pastor, el siendo Dios nos enseña la actitud del BUEN PASTOR: "no vino para servirse, sino para servir, es compasivo, da la vida por sus ovejas, guía a sus ovejas hacia praderas verdes".

¡Buen domingo hermanos y hermanas!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

martes, 14 de julio de 2015

Homilía del DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO.

Del libro del profeta Amós 7,12-15.


Después, Amasías dijo a Amós: "Vete de aquí, vidente, refúgiate en el país de Judá, gánate allí la vida y profetiza allí. Pero no vuelvas a profetizar en Betel, porque este es un santuario del rey, un templo del reino".
Amós respondió a Amasías: "Yo no soy profeta, ni hijo de profetas, sino pastor y cultivador de higos; pero el Señor me sacó de detrás del rebaño y me dijo: 'Ve a profetizar a mi pueblo Israel'.

¡NADIE MERECE A DIOS!

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

Es muy común que cuando uno esta en un grupo de Iglesia, en la vida consagrada, en el seguimiento de Cristo. Inclusos cuando solamente viene uno a Misa a veces se desanima pues la fe no corresponde a la vida, porque aunque no te lo digan parece que te corren, como lo hicieron con el profeta Amós. Sin embargo tenemos que reconocer como el profeta, que no estamos en el seguimiento de Cristo por los demás, ni por méritos propios, ni porque seamos los "buenotes", sino porque Él nos ha llamado aún con nuestros errores y así ha llamado a tantos hermanos que están como cada uno, en camino.

Es muy feo cuando alguien en el camino de la vida cristiana, con una actitud con una palabra, con la misma vida aleja a otros hermanos que quieren seguir a Dios con rectitud de intención. Cuando algún hermano o hermana tienen más preocupación de seguir la ley con rigorismos y no les interesa la persona. Cuando alguien se desentiende de lo que dice la palabra de Dios cuando viene a Misa y dice: "como no vino tal o cual persona para que oyera". O cuando vas a la Misa y hay un padrecito que siempre dice lo mismo, uno dice: "ya se lo que va a decir" y ya no le ponemos atención al mensaje, se parece a Amacías, es decir, no acepta al profeta y el mensaje de Dios que trae su mensajero.

Es fácil desanimarse cuando no se tiene los ojos fijos en Jesús, hay muchos hermanos y hermanas que salen de la vida consagrada, del grupo de la parroquia, de los ambientes de la Iglesia porque no tienen los ojos fijos en Jesús. Si descubres cada día que es Dios quien te llamó y por quien tiene sentido estar a su lado, cerca, con Él, no habrá ningún mal ejemplo que te desanime, ninguna mala palabra que te digan, incluso si no quieren escucharte como mensajero de Dios. Dios tu Padre es el que te ha llamado a seguir las huellas de su Hijo, no estas por la comadre que te invito, aunque le estes agradecido, no estas porque eres buena gente, sino porque quieres ser cada día mejor persona, no estas porque el Sacerdote te pidió ayuda, no te sientas importante o indispensable, es CRISTO que nos ha llamado, es ÉL quien nos sostiene, por ÉL estamos en su Iglesia. Nadie merece a Dios, nadie merece estar en su presencia, pero Él no tiene problema por juntarse o recibirnos pues nos ama, los traumados por los merecimientos, por el honor, por la fama, por la importancia somos nosotros.

Ojala cada uno seamos conscientes de que somos profetas de Dios por pura misericordia y no por merecimientos, solo así no nos creeremos o no nos desanimaremos cuando nos hagan de menos, cuando nos corran y nos hagan de menos no nos sentiremos heridos, con ganas de salir corriendo como mártires. Solo así seguiremos a Jesús con una fe madura, que sabe cargar la cruz, que sabe asumir los opuestos, los problemas, las rivalidades por amor a Dios. ¡Un abrazo y buen domingo!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

domingo, 5 de julio de 2015

Homilía del DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO.


De la profecía de Ezequiel 2, 2-5.


En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te envío a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.»


¿Es Dios lo más importante?

Paz y bien a todos hermanos y hermanas.

Dicen que nunca hay que decir siempre, sin embargo para hablar de Dios podríamos decir: "Dios es siempre el más importante", pero esto no es del todo cierto cuando lo comprobamos en nuestra propias vidas.

Nos preocupan muchas cosas, por ejemplo, nos preocupa cuando no tenemos dinero, cuando no tenemos que comer, cuando no tenemos con que vestirnos, nos preocupa la fama, y estás preocupaciones son normales, incluso son de primera necesidad. Pero a veces estas preocupaciones ocupan el lugar más importante en nuestras vidas, hay personas que solo viven preocupadas por el dinero, como ganar más, como aumentar el capital, o los papas están más preocupados por el dinero que van a llevar a casa que los hijos que están en la casa.

Después hay otras cosas que están en las primeras cosas de nuestras prioridades; por ejemplo, cuando hacemos nuestras metas en la vida, decimos yo quiero ser doctor, chófer, mecánico, secretaria, pero nunca pensamos en dedicar nuestras vidas a Dios, incluso si hay alguno de que lo piensa y lo hace, todos dicen que esta loco. Nuestras prioridades no son del todo sinceras cuando decimos que "Dios es el más importante",

Jesús y san Pablo en el Evangelio y la segunda lectura, respectivamente, hablan de que solo en la tierra y en las ocasiones de debilidad es donde se conoce quien esta contigo, quien te cree. Creo que a nivel personal y comunitario tendremos que aceptar que somos, como dice la lectura de Ezequiel, rebeldes, "que somos un pueblo rebelde que de repente se revela contra Dios", que de repente no le cree verdaderamente a Dios, incluso que no pone a Dios como lo más importante. Después de que reconozcamos que somos rebeldes o testarudos (cabeza duras), pues que decimos, pero no ponemos a Dios en lo más importante de nuestras vidas, que somos infieles o pecadores, viene el reconocimiento de que somos un pueblo de Dios errante por el mundo buscando lo que nadie busca, a Dios.

Solo cuando un enfermo alcohólico acepta que es una enfermedad, solo en ese momento empieza a curarse, solo cuando el enfermo se da cuenta de la gravedad de la enfermedad se empieza a cuidar. Debemos de mover nuestro corazón a Dios, antes de que sea muy tarde, hay que renovar la fe que tenemos a Dios y creerle, a poner a Dios en la cumbre de nuestras prioridades, que de verdad sea Cristo el más importante, que Dios sea el centro de nuestras vidas. No seamos orgullosos pensando que soy buen cristiano, que soy buen servidor suyo, que ayudo mucho, aceptemos que todos le fallamos alguna vez y entonces iremos cambiando de verdad. El pueblo o el critiano que no reconoce sus debilidades, sus rebeldías, sus faltas no es un verdadero pueblo de Dios, no es un verdadero cristiano.

Esta semana que comenzamos les invito a decirle a Dios. "Señor dame la fe que me falta" o "Señor aumenta nuestras fe". Tenemos que hacer nuestra confesión pública como pueblo, de que somos un pueblo rebelde pero en camino de salvación, y si hay que hacer alguna conefión privada tengamos la valentia de hacerlo, pues solo así se acrecienta la fe (confianza).

¡Buen domingo!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

domingo, 28 de junio de 2015

Homilía del DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO


Del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24.


Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

¿LA SANTA MUERTE?

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

En el contexto de nuestro país (México) ha crecido mucho la devoción a la muerte, y le llaman de distintos nombres: "la niña blanca", "la santísima", "la niña divina", y otros. Sin embargo la mayoría de las personas ignora que esta devoción es una imagen distorsionada, de este acontecimiento y misterio por el que pasamos los seres humanos, además que los títulos que les concedemos los podríamos pronunciar a Dios o a la Virgen María su Madre.

Las lecturas de este domingo nos ilustran muy bien sobre el misterio de la muerte, y no podemos seguir creyendo en la "santa muerte", pues no merece ni siquiera llamarla santa, solo podemos llamar santa a una persona justa o lucha por ser justa y, por supuesto a Dios, que es el SANTO, TRES VECES SANTO, pues es PADRE, HIJO Y ESPÍRITU SANTO. La muerte es fruto de la injusticia del ser humano (del pecado del ser humano), fue por el pecado que la muerte entro en el mundo, pero Dios envió a su Hijo para que con su vida, muerte y RESURRECCIÓN venciera la muerte de una vez y para siempre, de tal forma que cuando decimos: "no te preocupes, todo tiene solución, solo la muerte no la tiene", estamos ignorando que Jesús, nuestro hermano el JUSTO (santo) solucionó, por así decirlo, la paga que merecíamos por nuestros pecados. La muerte solo la podríamos llamar: hermana muerte corporal, como le decía San Francisco de Asís, en sentido de reconciliación o aceptación de esta realidad que no podemos evitar pasar todos; además antes de Cristo había una sola muerte, es decir, cuando moría una persona acababa su existencia, pero con la muerte redentora de Cristo nos ganó la vida que habíamos perdido del principio, nos salvó de padecer la muerte eterna, pero nos dejó la muerte corporal, aquella que pasó Él, ahora esta muerte corporal que todos pasamos es un trance, un estado, es el camino para ver a Dios. No podemos llamar o pedir la intercesión de una realidad que de suya no fue creada por Dios, como dice esta lectura del libro de la sabiduría.

Si creemos en esta "santa muerte" sería como cuando nuestros padres nos enseñan el camino bueno, el camino correcto, el camino del bien, pero nos aferramos a caminar por una senda oscura, negativo, un camino que solo conduce a la muerte. Por eso esta devoción tiene tanto revuelo en los ambientes de droga, de delincuencia, de narcos, porque es una devoción sombría. Dios es un Dios de vida, cuando uno no cree en nada, es como si no estuviera vivo, cuando no practicamos la justicia con los hermanos y hermanas es como si estuviéramos muertos, no permitamos que por nuestra terquedad ganemos la muerte eterna, sino la vida eterna que nos ganó Jesús por amor.

Creo que una forma de acrecentar nuestra fe en Dios, en el único Dios, podemos hacer las obras de misericordia, de hablar de estos temas tabúes, y sacar a tantos hermanos y hermanas de la ignorancia, pues esta devoción es alimentada de la ignorancia o poca formación de los católicos. Seamos misioneros de la vida, de la alegría, de la esperanza, no podemos seguir escondiendo los dones, la vida que Dios nos ha dado. En los grupos de las parroquias debemos de luchas por acabar cada uno con las criticas, con los malos entendidos, pues cuando hablamos de otros, cuando difamamos a alguien es como si matáramos a esos hermanos. Recordemos que siempre estamos con Dios si procuramos en todos los sentidos la vida, la felicidad, el bienestar de los demás, la armonía, lo positivo de la vida, integrando lo negativo y transformándolo en crecimiento personal y colectivo.

¡Buen domingo y feliz día a todos!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.


domingo, 21 de junio de 2015

Homilía del DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO.


Del libro de Job 38,1.8-11



El Señor habló a Job desde la tormenta: «¿Quién cerró el mar con una puerta, cuando salía impetuoso del seno materno, cuando le puse nubes por mantillas y nieblas por pañales, cuando le impuse un límite con puertas y cerrojos, y le dije: "Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas"?»


"Después de la tormenta viene la calma"


Hola a todos, paz y bien.

Hay muchas cosas en la vida presente, por las cuales es muy fácil perder la fe. Pero sin duda la ocasión más fácil se da cuando hay una tormenta, y no hablo de las tormentas de lluvia o de nieve, sino de las tormentas al interior de la Iglesia o al interior de cada persona bautizada o no, que nos hacen desanimarnos o voltear a ver a experiencias pasadas, tal vez a sobre vivir en la tormenta con una actitud mediocre, aguantando por aguantar. Pero el momento de la tormenta puede hacernos caer en una crisis de fe o en un crecimiento de la misma, incluso recuperar la fe, es decir, la confianza en Dios.

Muchos hermanos y hermanas en el mundo y al interior de la Iglesia no están de acuerdo con la apertura del Papa Francisco, y los más conservadores incluso piensan que  esta es una tormenta que acecha a la barca de Pedro y que hay que salvarla, pero son ilusos pues el único que puede poner fin a "la supuesta tormenta" es Dios, como lo constata el Evangelio de hoy. Muchas veces queremos tomar el lugar de Dios, nos sentimos poderosos, nos sentimos que podemos solos, que no necesitamos de Dios; esta es la actitud de quien no necesita o no cree necesitar de Dios. Yo creo firmemente que el Papa esta siendo iluminado por el Espíritu Santo y que los cambios, las actitudes que esta cambiando en las personas son fruto de la oración, de los gestos, del amor a la Iglesia, y son ilusos lo que quieren acabar con sus reformas, pues si es de Dios lo que esta llevando a cabo están en contra de Dios, pues el que le asiste es el mismo Dios.

A nivel personal es más fácil pedir ayuda frente a la tormenta, como es el caso de Job, quien acude, como los apóstoles de Jesús en el Evangelio, casi a gritos y Dios le responde que así como tiene poder frente a una tormenta en el mar, así tiene el poder de ayudarnos en las tormentas existenciales y que solo basta clamar a Él, reconociéndose cada uno como limitado, como necesitado de ayuda, en una palabra en un ser humano y no un dios que no necesita, recordemos que somos criaturas y que necesitamos del Creador. Pero no lo recordemos solo en situaciones limite, en situaciones dificiles, sino también en la vida cotidiana.

Pero una tormenta en todos los sentidos es un signo de que "después de la tormenta viene la calma", no hay que valorar las tormentas solo en sentido negativo. Yo creo que las tormentas son necesarias e incluso buenas en la vida, no dejan de ser dificiles en el momento en que están sucediendo, pero después de algún tiempo uno se da cuenta que si esta o aquella tormenta no hubiera pasado por la vida no hubiéramos crecido. Si hermanos y hermanas, las tormentas en el colectivo social o a nivel personal sirven para crecer, no tengamos miedo de enfrentarlas y volver a empezar de nuevo. Después de que pasa un tornado o un huracán todo queda devastado. pero en ocasiones queda mucho mejor los lugares después de estos acontecimientos, incluso todo se hace previendo futuras tormentas o tomando las medidas necesarias para que el siguiente huracán no nos sorprenda o nos haga el mismo daño.

Creo que Jesús nos invita hoy a confiar más en Él y en su Padre, a tener fe y a acrecentar la fe. No podemos ir por el mundo sin fe. Pues todas las tormentas nos parecerán muy grandes, muy fuertes, que no podremos sobreponernos después de que pase. Incluso nos parecerá que la tormenta es más fuerte que Dios, que las dificultades de la vida son más fuertes que uno mismo y que no pueden resolverse, solo si tenemos fe podemos levantarnos, incluso salvarnos aún después de la muerte física. No tengamos miedo y no nos quedemos paralizados por ello, sino que con confianza avancemos por el mar de la vida, pues aunque hayan tormentas "Dios esta con nosotros" (Emmanuel)

¡Buen domingo, Dios les conceda la paz!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

sábado, 13 de junio de 2015

Homilía del DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO.

Del Libro del profeta Ezequiel. 17, 22-24. 
Esto dice el Señor: Tomaré una rama de un cedro, del cedro alto y encumbrado; cortaré un brote de la más alta de sus ramas y yo lo plantaré en un monte elevado, lo plantaré en el monte encumbrado de Israel. 

Echará ramas, dará fruto y llegará a ser un cedro magnífico; anidarán en él todos los pájaros, a la sombra de su ramaje anidarán todas las aves. Y sabrán los árboles silvestres que yo, el Señor, humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde, seco el árbol verde y reverdezco el árbol seco. Yo, el Señor, lo digo y lo hago.

"de tal palo tal astilla"

"Que el Señor les de su paz" a todos, hermanos y hermanas.

Hay un dicho popular que dice: "de tal palo tal astilla", es decir, que como es la astilla se conoce de que árbol es. Algo así pasa con la lectura de hoy y quiero referirla a los padres de familia y los hijos.

A todos nos han preguntado alguna vez de quien somos hijos, de donde viene nuestro origen, de que familia somos, pero también en los ambientes rurales no es necesario preguntar esto, pues con tan solo conocer al hijo se sabe quien es el padre o la madre. Quiero confesarles algo muy personal, cuando en mi pueblo - Mazatán, Chiapas - me ven personas que tiene mucho que no veo o que no me conocen ya de adulto, sin que yo les diga de quien soy hijo, adivinan de pendiendo de mi forma de ser, y dicen: este es hijo de Gladys o de Saúl. Y es que sin duda que cada uno tiene algo de los papas, pues así como la rama se parece al árbol de donde fue sacado los hijos se parecen o tienen algo de los padres.


Cada padre es como un cedro y este se conoce por las ramas. Por eso en esta lectura dice que el árbol que se desarrolle de la rama cortada será aún más grande que el cedro de donde fue sacado. Por gracia o desgracia así es, los hijos superan a los padres en su grandeza o en su maldad. Cuando un papa o una mama sembraron una buena semilla, como dice el Evangelio puede crecer y desarrollarse una buena siembra o unos buenos frutos; por el contrario, si un padre de familia le da mal ejemplo a su hijo, el hijo tiene 
como escudarse de sus errores y dice: "si mi papa o mama lo hace, porque yo no". 

No tomemos la actitud desanimada de muchos lideres, de muchos padres, maestros, lideres de opinión o sacerdotes, que se desesperan o se desaniman porque parece que nada avanza, que no hay cambios, o que lo que hacen no tiene ninguna injerencia. He escuchado padres que dice: "para que darles estudio a mi hija, si la rato se va a ir con el novio", este siempre dicho es reflejo de un padre de familia desanimado y que ya no quiere sembrar cosas buenas en su hija, que no es lo suficientemente fuerte para fortalecer a sus hijos o para que sus hijos sean mejores que él. Hay padres que les interesa más el dinero o los bienes materiales que la educación de los hijos que tiene su fundamento en el hogar. Muchos papas vienen a decirme que están batallando con su hijo con su hija, y siempre les pregunto ¿se acercan a Misa? ¿escuchan a su hijo o hija? ¿tienen para compartir con ellos? ¿hay una buena comunicación? ¿les tienen paciencia pensando en lo tremendos que fueron, a su vez, con sus padres?

De la respuesta a estas preguntas depende de que el padre se parezca a este cedro de la lectura de hoy, hay ocasiones que el padre o la madre dicen: "si yo sufrí, mis hijos tienen que sufrir también". Lo cierto es que cuando un padre ama a su hijo siempre va querer que su hijo o hija se supere más que él, que este en una posición mejor que ella. Tenemos que predicar con el ejemplo a los hijos pues esa es la mejor semilla, es la mejor actitud de un cedro que esta fuerte y que permite que la rama sea un mejor cedro que el primero. No nos cansemos de educar a los hijos, pues de lo que sembremos hoy dependerán los frutos de mañana. Los hijos siempre son el reflejo de los padres, y aunque digamos con la boca o los regañemos no perdamos la comunicación con ellos. 

¡Alabado sea Jesús!


Fray Juan Gerardo morga, OFMCap.

sábado, 30 de mayo de 2015

Domingo de la SANTISIMATRINIDAD

Del libro del Deuteronómio: 4, 32-34. 39-40.
Moisés habló al pueblo, diciendo: «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor, su Dios, hizo con ustedes en Egipto, ante sus ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.


¡Viva la TRINI!


Hola hermanos y hermanas. P&B.

Hoy que celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad es fácil decir, como titule esta reflexión: ¡Viva la Trini!, quiero aclarar que la "Trini" es una forma que utilizan los jóvenes de la parroquia, en que me encuentro, para referirse a la SANTÍSIMA TRINIDAD, pero veamos si con nuestra vida cumplimos estos vivas con los que aclamamos a DIOS QUE ES TRINIDAD.

Quiero hacer este breve examen utilizando la primera lectura de esta solemnidad:

º ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta? Cuantas veces a la semana leemos la Biblia en nuestras casas y creemos que su Palabra sostiene nuestra vida, es en la que podemos encontrar respuestas para enfrentar los retos y problemas que nos salen día a día. Si recurrimos a la palabra de Dios escrita, si leemos la Biblia y la Biblia abierta de nuestro día cuando descubrimos la presencia de Dios en todo, estaremos diciendo con la vida: ¡Viva la TRINI!

º ¿se oyó cosa semejante? Cuantas homilías hemos escuchado, cuantos temas de formación, cuantos retiros hemos asistido, cuantas veces hemos recibido una palabra de Dios en los instrumentos que Dios llama y no hemos cambiado, no se ha notado que hemos escuchado la voz de Dios. Incluso cuantos años duramos estudiando los que nos preparamos para ser sacerdotes y no es garantía para oír efectivamente la voz de Dios. Si escuchamos y practicamos o nos esforzamos por practicar lo que oimos creo que estaremos diciendo con todo el corazón: ¡Viva la TRINI!

º ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido? Dios nos habla en su Palabra, cuando venimos a la misa, cuando leemos la Biblia en nuestras casas o con nuestros hermanos. También en los acontecimientos, en los hermanos, pero sobre todo en la ORACIÓN, que no es pelar los ojos o poner los ojos en blanco, sino encontrarse con Jesús de verdad, hablar con el como con un amigo, plantearle nuestros planes y que nos diga si Él quiere lo que estamos pensando o solo lo estamos pensando por sobresalir, por mi propio interés y no por los demás. Orar es como entrar en la dimensión de Dios, empaparse de su amor infinito, por eso es ilógico que quien se encuentra de esta forma con Dios siga igual. Cuando oramos, cuando nos encontramos realmente con Jesús algo de nosotros muere, muere el egoismo, muere las malas intenciones, muere los malos pensamientos, muere en fin poco a poco la dimensión del infierno presente en nuestras vidas, y vivimos, creamos el cielo en nuestras personas y en los ambientes; quien ora y se convierte siempre dice con su boca y su vida: ¡Viva la TRINI!

Teniendo en cuenta estas cosas les digo como el libro de Deuteronomio: "Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro." No nos creamos diositos, no nos creamos en nuestros servicios, no controlemos todo como si fuéramos dioses, porque a parte de sufrir nosotros mismos, hacemos sufrir a los demás hermanos que están con buena intención y con buena voluntad en la Iglesia y más aún los alejamos de Dios por nuestro testimonio, por nuestras actitudes. El Señor es el único Dios, y el que no lo reconoce es rigorista, es autoritario, es legalista, estrecho, es un cristiano de plástico, de museo, un cristiano que no se cansa de criticar, enojado con todo. Reconozcamos que Dios es el ÚNICO DIOS y en la medida que lo hagamos iremos cambiando todo nuestro ser.

Digamos con toda nuestra VOZ, pero sobre todo con todo NUESTRO SER, con NUESTRO EJEMPLO BUENO: 

¡VIVA LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.