viernes, 28 de febrero de 2014

Película "SON OF GOD", EL HIJO DE DIOS.



LOS ÁNGELES, 28 Feb. 14 / 01:07 pm (ACI).- La película sobre la vida de Jesucristo, Son of God (Hijo de Dios) bajo la producción de Mark Burnett y Roma Downey se estrena hoy en inglés y en español en las salas de cine de diversas ciudades de Estados Unidos.


El reconocido actor mexicano, Eduardo Verástegui, no sólo se encarga de la producción ejecutiva del doblaje al español sino que también es la voz de Jesús.

El sitio web oficial de la cinta señala que desde que la película La Pasión de Cristo, estrenada hace 10 años, no se había realizado otra de producción cinematográfica sobre la vida del Señor, además hace 50 años que no produce un film sobre su vida pública, por eso los productores nos presentan la historia “contada con la dimensión y la escala de una épica de acción” que narra la vida de Jesús desde su nacimiento, hasta la resurrección.

El actor que interpreta a Jesús es el portugués, Diogo Morgado, cuya actuación fue resaltada por Verástegui en el programa de la cadena Univisión, Despierta América. El actor mexicano dijo que “interpretar a Jesús es lo más difícil del mundo. Es hombre, es Dios, hagas lo que hagas te vas a quedar corto y este actor hizo un trabajo excelente porque cuando yo estaba haciendo el doblaje, haciendo la voz de Jesús, él hizo que mi trabajo fuera más fácil. Yo no estaba viendo al actor, estaba viendo a Jesús". También actúan en la película Roma Downey en el papel de María, la Madre de Jesús, Amber Rose Revah como María Magdalena y en el papel de Pedro, Darwin Shaw, entre otros actores.

Verástegui expresó que “para mí a nivel personal y espiritual, el hombre más grande que ha pisado la tierra es Jesucristo, es un honor enorme, es un regalo de Dios poder estar involucrado en este proyecto" y hacer la voz de Jesús fue “el honor más grande de mi vida". Agregó además que "la película es una gran historia de un hombre que cambió el tiempo, el calendario y la historia. No ha habido un hombre en la historia de la humanidad que haya tenido tanto impacto y tanta influencia como Jesucristo".

Ya a mediados de febrero el Arzobispo de Los Ángeles, Mons. José Gómez, recomendó a los fieles que asistieran a ver la película y a través de la Arquidiócesis se regalaron nueve mil entradas que fueron donadas anónimamente. Para los productores Burnett y Downey, casados hace varios años, "nuestra esperanza es que la historia y el mensaje de Jesucristo lleguen a millones de personas en toda la nación".

La película es para todos aquellos que quieran conocer la vida de Jesucristo independientemente del credo que profesen.

Fuente: ACI Prensa, http://www.aciprensa.com



miércoles, 26 de febrero de 2014

Homilía del 7° Domingo del Tiempo Ordinario

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 3, 16-23.

¿No saben que son santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguien destruye el santuario de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el santuario de Dios, que son ustedes, es sagrado.



Que nadie se engañe: si uno se considera sabio en las cosas de este mundo, vuélvase loco para llegar a sabio; porque la sabiduría de este mundo es locura para Dios, como está escrito: Él sorprende a los sabios con su misma astucia, y también: El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos.


En consecuencia que nadie se gloríe de los hombres. Todo es de ustedes: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida y la muerte, el presente y el futuro. Todo es de ustedes, 3,23: ustedes son de Cristo, Cristo es de Dios.

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¿quién es el sabio?

Hola, queridos hermanos (as), les deseo la paz del Señor.

Muchas veces confundimos la sabiduría con la inteligencia, pensamos que ser inteligente es igual a ser sabio. Pero ser sabio es volverse loco, dice Pablo de Tarso, y que quiere decir esto de volverse loco para ser verdaderamente sabio.

En todos los seres humanos esta Dios, sin embargo, el no puede estar, no puede acompañarnos sin nuestro permiso, es decir, somos templos de Dios pero si no queremos ser su templo nos destruimos como dice san Pablo. También la sabiduría la posee quien quiere poseerla, quien quiere tenerla, y aunque la persona sea muy inteligente no precisamente tiene sabiduría, por ejemplo, hay personas sencillas, personas que no han estudiado y son sabias. Pero hay dos clases de sabiduría, la humana y la divina: la humana, dice Pablo, es vana y hay que dejarla de lado, es la que comúnmente llamamos inteligencia, pero para poseer la sabiduría divina se necesita hacerse el loco, hacerse que no se sabe nada. 

En ocasiones hacemos las cosas solo con la inteligencia, y pensamos que es correcto, podemos hacer cosas que aparentemente están bien, pero no lo son. Incluso podemos hacer cosas que según son buenas y en realidad son desastrosas para los demás. La sabiduría divina siempre hace el bien, y quien la posee siempre hace el bien. Cuando una persona obra de forma maliciosa contra otra cree ser inteligente, pero no lo es pues atrae su propia maldad hacia ella.

El que vive de la sabiduría de Dios vive de la fe, no de los cálculos humanos. No se entra a la Iglesia a hacer política, a hacer proselitismo. Se entra a la Iglesia porque uno se reconoce pecador, necesitado de Dios, de conversión, y aun con esto quiere servir humildemente a la Iglesia, quiere servir y no mandar. Por eso en la Iglesia se llaman claramente a los ministerios, sacerdote = ofrece el sacrificio, ministro = el que sirve, diacono = servidor, catequista = el que nutre la fe, obispo = representa a Cristo cabeza, cardenal = servidor de (bisagra) comunión en la Iglesia, papa = vicario de Cristo y el más importante de todos y que no vino a ser servido sino a servir, JESUCRISTO, quien se pone a enseñarnos la humildad de un ministro, sacerdote, ministro, diacono, catequista, obispo, cardenal o papa.

Hermanos y hermanas el sabio es humilde, por eso dice Pablo que el que es sabio se hace loquito, hace como que no sabe. La Iglesia necesita de sabios con esta característica, luchemos porque los que servimos poseamos esta sabiduría divina, y quien aún no pide o no la posee que no se deje engañar, que mire más a Jesucristo, que platique más con él, que ame más a sus hermanos. No busquemos la sabiduría donde no esta, puedes encontrarla más que una plática del catequista, del sermón del padrecito, en un hermano o hermana enfermo.

¡¡¡Buen domingo y animo!!! 

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.





domingo, 16 de febrero de 2014

Homilía del 6° Domingo del Tiempo Ordinario.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 2, 6-10.


A los maduros en la fe les proponemos una sabiduría: no sabiduría de este mundo o de los jefes de este mundo, que van siendo derribados. Proponemos la sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, la que Él preparó desde antiguo para nuestra gloria. Ningún príncipe de este mundo la conoció: porque de haberla conocido, no habrían crucificado al Señor de la gloria. Pero, como está escrito: Ningún ojo vio, ni oído oyó, ni mente humana concibió, lo que Dios preparó para quienes lo aman.

A nosotros nos lo ha revelado Dios por medio del Espíritu; porque el Espíritu lo escudriña todo, incluso las profundidades de Dios.

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JESÚS: sabiduría de DIOS.

Hola hermanos y hermanas, el Señor les de la paz.

El domingo pasado san Pablo hablaba de como anunciar a Jesús, no con palabras rebuscadas o con sabiduría humana, sino con la sencillez que caracterizaba al mismo Señor cuando anunciaba a su Padre, el Reino y la vida feliz en compañía de Dios y de los que son de Dios.

Hoy la segunda lectura va en el mismo tono, pues es una continuación de la lectura del domingo pasado, pero ahora san Pablo dice que los que tienen una fe madura se les propone una sabiduría, y es la sabiduría de Dios. Y aquí hay que reflexionar en dos cosas: ¿Cómo se madura la fe? y ¿qué es la sabiduría de Dios? En esto basaré toda la reflexión.

Me gusta decir que la vida de fe, la vida del cristiano es un camino, entonces madurar en la fe es haber caminado por este camino, a veces no tan fácil, a veces con cardos, con espinas, haber superado estas dificultadas y haber perseverado en el camino. Una persona que ha madurado en la fe es aquella que confía en Dios, que se confía en su amor en la salud y en la enfermedad, en las tristezas y en las alegrías, cuando le va bien y cuando le va mal, es una persona que no se escandaliza con el pecado del hermano, sino que lo comprende y le ayuda. Madurar en la fe es salir de nuestros esquemas cuadrados y mirar con los mismos ojos de Dios a los demás, es dejar de estar encerrados en nuestros ritos, a veces vacíos, para salir a la calle y anunciar el amor, que es Dios, con nuestras vidas, con alegría y con gozo. 

Quien es maduro en la fe es responsable en la tarea evangelizadora que le toca por ser bautizado, toma en serio su misión de discípulo y misionero de Cristo. Quien es maduro en la fe no deja tirado el trabajo pastoral, las tareas de pastoral o los compromisos que tenemos, cada uno en su nivel, en la Iglesia. Dudaría de un agente de pastoral, de una catequista, de un (a) coordinador (a), de un ministro de la comunión, de un diacono, de un sacerdote si tiene una fe madura, cuando deja a la deriva la celebración de la Eucaristía, los enfermos que les toca visitar, los niños que necesitan de una solida catequesis, de los pobres que necesitan de la ayuda de la Iglesia.

Hermanos y hermanas, san Pablo nos anima a ser maduros en la fe, de tomar nuestra responsabilidad de bautizados que es el anuncio de Cristo, de su Reino de amor a los demás con el ejemplo y si es necesario con las palabras. Pero nadie puede dar algo que no tiene, a veces se deja de lado las obligaciones de la misión, de la tarea de evangelizar, "ya no voy al grupo de mi parroquia", porque no se posee la sabiduría de Dios. Esta sabiduría de Dios es Cristo mismo, es decir, sino tenemos a Cristo en nuestro interior, si no asistimos a encontrarnos con Él en los sacramentos, en especial en la Eucaristía, no podemos anunciarlo a los demás, y en lugar de dar a Jesús a los demás, damos pero lastima porque no es parte de nuestra vida.

Y ¿cómo poseemos a Jesús? ¿cómo adquirir la sabiduría divina? pues por medio de la platica diaria con el Señor (la oración), con los encuentros espontáneos con los hermanos, pues con ellos nos encontramos con Jesús, en los encuentros con Jesús en su Palabra (Biblia), en los sacramentos (bautismo, comunión, confirmación, unción de los enfermos, reconciliación, matrimonio y orden sacerdotal), pero sobre todo en el encuentro de los hermanos que sufre por enfermedad, por la pobreza, por la marginación. A veces aprendemos más de Dios con una persona que sobrelleva los dolores de su enfermedad con paciencia y por amor a Dios, que con una platica de la catequista o con la homilía de un padrecito.

Si, hermanos y hermanas, busquemos la sabiduría divina no solo en nuestros grupos cerrado de Iglesia, no solo en la reflexión de la Palabra de Dios, tambien en los hermanos que sufren, en los pobres, pues recordemos que Jesús en un pasaje de los Evangelios da gracias a Dios Padre porque revela sus misterios a la gente sencilla, a la gente humilde, a los pobres.

Que pasen un excelente domingo y pasemos más allá de lo que tenemos que hacer, hagamos más de lo que nos toca, y la medida que sea el amor de Dios que nos apremia a vivir dándonos a los hermanos sin esperar nada a cambio. ¡¡¡ Feliz domingo !!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

Homilía del 5° Domingo del Tiempo Ordinario.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios: 2, 1-5.


Cuando llegué a ustedes, hermanos, para anunciarles el misterio de Dios no me presenté con gran elocuencia y sabiduría; al contrario decidí no saber de otra cosa que de Jesucristo, y éste crucificado. Débil y temblando de miedo me presenté ante ustedes; mi mensaje y mi proclamación no se apoyaban en [palabras] sabias y persuasivas, sino en la demostración del poder del Espíritu, para que la fe de ustedes no se fundase en la sabiduría humana, sino en el poder divino.


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LA PREDICACIÓN DE JESÚS (EVANGELIO) CON HUMILDAD.


Hola queridos hermanos y hermanas, paz y bien.

Así como un papá o una mamá que no puede corregir a su hijo (a) sobre alguna cosa que ellos hacen, porque se debe tener autoridad moral para hacerlo o de aceptar con humildad que se cometió el mismo error que se quiere corregir, así también el cristiano que no vive como seguidor de Jesús, como su discípulo no puede predicar de Él con las palabras pues hay incoherencia con la vida que lleva y el anuncio del Evangelio.

Pero todos somos pecadores y todos tenemos algo de incoherencia en nuestro ser de personas, por esto mismo Jesús (que es el misterio de Dios del que habla san Pablo) debe ser anunciado con la propia vida, y si se hace con las palabras estas deben ser sencillas para que las puedan entender todos, pues uno como predicador puede traicionar el mensaje y no hablar palabras de Dios sino propias. Pero ante todo el mensaje, que es el mismo Jesús, se debe anunciar con humildad, con sencillez de corazón, con toda la pasión y fuego con la que hace que el corazón arda y anuncie a Jesús con la vida y las palabras.

Cuando uno predica, cuando se habla de Dios se debe de hacer "temblando" como dice san Pablo, temblando de miedo porque el que predica a Jesús es un hombre o mujer como cualquiera, es un hombre o una mujer débil, que puede fallar, pues "llevamos un tesoro en vasijas de barro". Cuando el que predica lo hace con este reconocimiento de si mismo, con el reconocimiento de sus pecados, entonces si es una verdadera predicación de Jesús. Cuando se habla de que se debe hacer con humildad se quiere decir que se debe hacer reconociendo la propia debilidad, es diferente la predicación de alguien que se cree sabio, santo, soberbio; a alguien que reconoce que es indocto, pecador e igual a los demás.

Cuando la predicación, cuando el mensaje, no lleva la humildad del mensajero, el anuncio de Jesús puede correr el peligro de no llegar. De por si es difícil que el mensaje llegue con intensidad y cambien a las personas, pero si no llega con humildad tendrá menos eficacia. Anunciemos a Jesús (el Evangelio) con sencillez, con espontaneidad y reconociendo que somos instrumentos insuficientes, que somos instrumentos que desafinan de vez en cuando.

¡¡¡Sea alabado Jesucristo!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

Homilia de la PRESENTACION DEL SEÑOR.

De la carta a los Hebreos: 2, 14-18.

Así como los hijos de una familia tienen una misma carne y sangre, también Jesús participó de esa condición, para anular con su muerte al que controlaba la muerte, es decir, al Diablo, y para liberar a los que, por miedo a la muerte, pasan la vida como esclavos.

Está claro que no vino en auxilio de los ángeles, sino de los descendientes de Abrahám. 

Por eso tenía que ser en todo semejante a sus hermanos: para poder ser un sumo sacerdote compasivo y fiel en el servicio de Dios para expiar los pecados del pueblo. Como él mismo sufrió la prueba, puede ayudar a los que son probados.

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domingo, 26 de enero de 2014

Homilía del 3° Domingo del Tiempo Ordinario.

De la primera carta del apostol san Pablo a los Corintios: 1, 10-13. 17
 

Hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo les ruego que se pongan de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que vivan en perfecta armonía de pensamiento y opinión. Porque me he enterado, hermanos míos, por la familia de Cloe, que existen discordias entre ustedes.
 
Me refiero a lo que anda diciendo cada uno: yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas, yo de Cristo. ¿Está dividido Cristo? ¿Ha sido crucificado Pablo por ustedes o han sido bautizados invocando el nombre de Pablo?

Porque Cristo no me envió a bautizar, sino a anunciar la Buena Noticia, sin elocuencia alguna, para que no pierda su eficacia la cruz de Cristo.

¿POR QUÉ NOS DIVIDIMOS LOS CRISTIANOS?
SI NI EL DEMONIO TRABAJA DIVIDIDO.
 
Hola hermanos y hermanas, que el Señor les conceda su paz.
 
Este domingo quiero compartir con ustedes esta lectura, que corresponde a la segunda lectura de este domingo 3° del tiempo ordinario, que habla de las diviciones internas en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en fin, en los ambientes donde no deberíamos estar divididos.
 
Dios es unidad, de hecho aunque son tres personas las de la Santisima Trinidad las tres estan intimamente unidas por el amor, la comprensión y porque se ponen de acuerdo, las tres personas -Padre, Hijo y Espíritu Santo- son una única realidad, son un Dios. Y si la esencia de Dios es ser uno, tambien la de la Iglesia y de los seguidores de Jesús tendría que ser la misma, de ser unidos, de tener un solo corazón y una sola alma, entonces ¿por qué vivimos divididos los cristianos?
 
Es triste constatar las divisiones internas de los grupos parroquiales, de nosotros mismos como personas, de nuestras parroquias, de las diocesis, pues si estamos divididos es como si el cuerpo de Cristo se despedazara, a veces criticamos a los "malitos" porque descuartizan a personas, pero no nos damos cuenta que tambien nosotros al criticar, al no comunicarnos, por envidia, por ansia de poder o por falta de un servicio humilde, vividamos el cuerpo de Cristo peor de como lo hacen los "malitos". Pues la Iglesia es cuerpo de Cristo, mistico, pero somos su cuerpo y Cristo es la cabeza.
 
Es necesario, queridos hermanos y hermanas, que cambiemos de actitud, no esperemos que cambie el hermano que esta de nuestro lado, el hermano que nos cae mal, es necesario que cambiemos nosotros mismos, que dejemos a un lado nuestras posiciones egoistas y nos acerquemos al hermano, que dejemos nuestro orgullo y hablemos acertivamente con los hermanos y hermanas con los que compartimos la misma vida de Cristo. Es necesario tamar conciencia de que somos un solo cuerpo, como lo es Dios, "pues hasta el mismo diablo no puede trabajar dividido", y esto no lo digo yo, sino el mismo Jesús.
 
Dice el Papa Francisco que "la parroquia no es una estructura caduca; la parroquia precisamente porque tiene una gran plasticidad, puede tomar formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad. Aunque ciertamente no es la única institución evangelizadora, si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo «la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. Para que siga así el Papa Francisco precisa "que debe seguir en contacto con los hogares y con la vida del pueblo, y no se convierta en una prolija estructura separada de la gente". A veces estamos tan metidos en nuestros grupos divididos que no damos el paso a ser una parroquia misionera, nos resistimos a las nuevas formas de trabajar, y decimos: "es que nunca se había hecho así", "es que el padre X no lo hacía así" y no nos abrimos a nuevas formas de anunciar con alegría el Evangelio.
 
Muchas veces vivimos divididos en la Iglesia porque los que formamos los grupos de la Iglesia desarrrollamos lo que el Papa llama la psicología de la tumba, es decir, vivimos como seguidores de Jesús pero estamos y no estamos, esta psicología "que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio»" (Evangelii Gauium 83). Es necesario, hermanos y hermanas, salir de esta psicología y es un reto volver a ser como la Iglesia primitiva, donde todos eran un solo corazón y una sola alma, hay que tomar en cuenta que no es la Iglesia de este u otro sacertode o persona encargada, sino de Cristo.

Hoy, como dice el mismo papa Francisco "sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación" (Evangelii Guadium 87). Pero este es el camino si queremos salir de estas divisiones, de este desierto que parece nuestro mundo, nuestras diócesis, parroquias, nuestros grupos tienen que ser un punto de encuentro con Jesucristo y no un lugar donde se disputa el poder, se ambiciona estar adelante, ser protagonista, donde el único protagonista es Jesús, Dios que es uno y trino.
 
¡No nos dejemos robar la alegría evangelizadora! y trabajemos unidos contruyendo el Reino de Dios aqui en la tierra.
 
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.


 
 


martes, 21 de enero de 2014

Homilía del 2° Domingo del Tiempo Ordinario.

Del Santo Evangelio según san Juan: 1, 29-34.

Al día siguiente Juan vio acercarse a Jesús y dijo:
—Ahí está el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. De él yo dije: Detrás de mí viene un hombre que es más importante que yo, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero vine a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.


Juan dio este testimonio:
—Contemplé al Espíritu, que bajaba del cielo como una paloma y se posaba sobre él. Yo no lo conocía; pero el que me envió a bautizar me había dicho: Aquél sobre el que veas bajar y posarse el Espíritu es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Yo lo he visto y atestiguo que él es el Hijo de Dios.

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¿Cómo es nuestro testimonio?

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

Este 2do. Domingo del Tiempo Ordinario, el Evangelio vuelve hacer referencia al bautismo, solo que ahora da un nuevo elemento, Juan el Bautista no solo bautiza a Jesús, sino que da testimonio de Él. también nosotros como bautizados, ¿qué testimonio damos de Jesús?

Hay tantas personas que no creen en Jesús o tienen mala percepción de la Iglesia, o creen pero no de una forma madura y responsable, piensan que los sacerdotes hacen mal algunas cosas y se retiran de Dios, por un mal testimonio de algún agente de pastoral se alejan del que es la razón de nuestra vida. A veces tienen razón, pues tomamos nuestra relación con Dios de forma superficial, vemos la Iglesia como un negocio, por desgracia algunos sacerdotes ven la parroquia o la diócesis como un negocio, parece que nos importa más lo que entra de dinero, que los que aceptan a Jesús, que los que se confiesan. También somos muy legalistas, cuadrados en nuestra fe, condenamos fácilmente en lugar de acoger con ternura y caridad a los hermanos que fallan, como si no falláramos también nosotros. Cuanto necesitamos de un testimonio creíble de amor, del amor de Dios, de la paciencia de Dios.

Hermanos y hermanas, ser bautizados no es solo un adorno, no es algo que tengamos que cumplir, es una gracia que recibimos de Dios, de su Hijo, es la gracia de ser testigos suyos en el mundo, un mundo cada vez más sin amor, sin paciencia, sin solidaridad, con más egoísmo y superficialidad. Nosotros tenemos que dar un testimonio de Jesús, un testimonio en la vida diaria, en la vida cotidiana, en nuestras relaciones, actitudes, palabras. Seamos como los vitrales que están en los templos que dejan pasar la luz del sol para iluminar a los que están dentro, dejemos pasar por nuestros ser, por nuestra vida la luz de Cristo para alumbrar a los demás. Recordemos que somos instrumentos de Dios, por el bautismo, y si ese instrumento no toca bien podemos alejar a los que se acercan de corazón a Dios. Si somos sus instrumentos de amor, entonces el mundo conocerá que Dios es amor, no tengamos miedo de testimoniar a Jesús.

Cuantos hermanos y hermanas viven sin Dios, por nuestro mal ejemplo, no busquemos honores, reconocimiento, poder, sino servir con gran humildad a los que nos necesitan, a los que necesitan el amor de Dios en sus vidas, visitemos a los enfermos del cuerpo y del alma, escuchemos a los hijos y entre los esposos, animemos a los que veamos decaídos. Anunciar a Jesús, dar testimonio de él a los hermanos es tarea de todos los que somos bautizados.

En este segundo domingo ordinario meditemos, ¿cómo es nuestros testimonio de cristianos?, los hermanos y hermanas al vernos ¿quieren acercarse o alejarse de Dios?. Ciertamente que hay muchos bautizados que dan un testimonio creíble, pero animémonos también nosotros.

¡Feliz domingo!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.