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domingo, 26 de octubre de 2014

Homilia del Domingo Mundial de las Misiones.

De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: 2, 1-8.

Ante todo recomiendo que se ofrezcan súplicas, peticiones, intercesiones y acciones de gracias por todas las personas, especialmente por los soberanos y autoridades, para que podamos vivir tranquilos y serenos con toda piedad y dignidad.

Eso es bueno y aceptable para Dios nuestro salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad. No hay más que un solo Dios, no hay más que un mediador, Cristo Jesús, hombre, él también que se entregó en rescate por todos conforme al testimonio que se dio en el momento oportuno; y yo he sido nombrado su heraldo y apóstol —digo la verdad sin engaño—, maestro de los paganos en la fe y la verdad.

Quiero que los hombres oren en cualquier lugar, elevando sus manos a Dios con pureza de corazón, libres de enojos y discusiones.

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Mensaje del Santo Padre Francisco
para la Jornada Mundial de las Misiones 2014.

"Queridos hermanos y hermanas:


Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la iglesia están llamados a participar, ya que la iglesia es misionera por naturaleza: la iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción. De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera. Precisamente sobre la alegría de Jesús y de los discípulos misioneros quisiera ofrecer una imagen bíblica, que encontramos en el Evangelio de Lucas (cf. 10, 21-23).

1. El evangelista cuenta que el Señor envió a los setenta discípulos, de dos en dos, a las ciudades y pueblos, a proclamar que el Reino de Dios había llegado, y a preparar a los hombres al encuentro con Jesús. Después de cumplir con esta misión de anuncio, los discípulos volvieron llenos de alegría: la alegría es un tema dominante de esta primera e inolvidable experiencia misionera. El Maestro Divino les dijo:

«No estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo. En aquella hora, Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra...” (…) Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis!”» (Lc 10, 20-21. 23).Son tres las escenas que presenta San Lucas. Primero, Jesús habla a sus discípulos, y luego se vuelve hacia el Padre, y de nuevo comienza a hablar con ellos. De esta forma Jesús quiere hacer partícipes de su alegría a los discípulos, que es diferente y superior a la que ellos habían experimentado.

2. Los discípulos estaban llenos de alegría, entusiasmados con el poder de liberar de los demonios a las personas. Sin embargo, Jesús les advierte que no se alegren por el poder que se les ha dado, sino por el amor recibido: «porque vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10, 20). A ellos se les ha concedido experimentar el amor de Dios, e incluso la posibilidad de compartirlo. Y esta experiencia de los discípulos es motivo de gozosa gratitud para el corazón de Jesús. Lucas entiende este júbilo en una perspectiva de comunión trinitaria:«Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo», dirigiéndose al Padre y glorificándolo. Este momento de profunda alegría brota del amor profundo de Jesús en cuanto Hijo hacia su Padre, Señor del cielo y de la tierra, el cual ha ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las ha revelado a los pequeños (cf. Lc 10, 21). Dios ha escondido y ha revelado, y en esta oración de alabanza se destaca sobre todo el revelar. ¿Qué es lo que Dios ha revelado y ocultado? Los misterios de su Reino, el afirmarse del señorío divino en Jesús y la victoria sobre Satanás.

Dios ha escondido todo a aquellos que están demasiado llenos de sí mismos y pretenden saberlo ya todo. Están cegados por su propia presunción y no dejan espacio a Dios. Uno puede pensar fácilmente en algunos de los contemporáneos de Jesús, que Él mismo amonestó en varias ocasiones, pero se trata de un peligro que siempre ha existido, y que nos afecta también a nosotros. En cambio, los “pequeños” son los humildes, los sencillos, los pobres, los marginados, los sin voz, los que están cansados y oprimidos, a los que Jesús ha llamado “benditos”. Se puede pensar fácilmente en María, en José, en los pescadores de Galilea, y en los discípulos llamados a lo largo del camino, en el curso de su predicación.

3. «Sí, Padre, porque así te ha parecido bien» (Lc 10,21). Las palabras de Jesús deben entenderse con referencia a su júbilo interior, donde la benevolencia indica un plan salvífico y benevolente del Padre hacia los hombres. En el contexto de esta bondad divina Jesús se regocija, porque el Padre ha decidido amar a los hombres con el mismo amor que Él tiene para el Hijo. Además, Lucas nos recuerda el júbilo similar de María: «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador» (Lc 1, 47). Se trata de la Buena Noticia que conduce a la salvación. María, llevando en su vientre a Jesús, el Evangelizador por excelencia, encuentra a Isabel cantando el Magnificat exulta de gozo en el Espíritu Santo. Jesús, al ver el éxito de la misión de sus discípulos y por tanto su alegría, se regocija en el Espíritu Santo y se dirige a su Padre en oración. En ambos casos, se trata de una alegría por la salvación que se realiza, porque el amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros, y por obra del Espíritu Santo, nos envuelve, nos hace entrar en la vida de la Trinidad.

El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo es su manifestación, y el Espíritu Santo, el animador. Inmediatamente después de alabar al Padre, como dice el evangelista Mateo, Jesús nos invita:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y Yo os aliviaré. Tomad mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera» (11,28-30).
«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 1).

De este encuentro con Jesús, la Virgen María ha tenido una experiencia singular y se ha convertido en “causa nostrae laetitiae”. Y los discípulos a su vez han recibido la llamada a estar con Jesús y a ser enviados por Él para predicar el Evangelio (cf. Mc 3, 14), y así se ven colmados de alegría. ¿Por qué no entramos también nosotros en este torrente de alegría?

4. «El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Por lo tanto, la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres que esperan.

En muchas regiones escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. A menudo esto se debe a que en las comunidades no hay un fervor apostólico contagioso, por lo que les falta entusiasmo y no despiertan ningún atractivo. La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres. Por tanto, animo a las comunidades parroquiales, asociaciones y grupos a vivir una vida fraterna intensa, basada en el amor a Jesús y atenta a las necesidades de los más desfavorecidos. Donde hay alegría, fervor, deseo de llevar a Cristo a los demás, surgen las verdaderas vocaciones. Entre éstas no deben olvidarse las vocaciones laicales a la misión. Hace tiempo que se ha tomado conciencia de la identidad y de la misión de los fieles laicos en la Iglesia, así como del papel cada vez más importante que ellos están llamados a desempeñar en la difusión del Evangelio. Por esta razón, es importante proporcionarles la formación adecuada, con vistas a una acción apostólica eficaz.

5. «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9, 7). La Jornada Mundial de las Misiones es también un momento para reavivar el deseo y el deber moral de la participación gozosa en la misión ad gentes. La contribución económica personal es el signo de una oblación de sí mismos, en primer lugar al Señor y luego a los hermanos, porque la propia ofrenda material se convierte en un instrumento de evangelización de la humanidad que se construye sobre el amor.

Queridos hermanos y hermanas, en esta Jornada Mundial de las Misiones mi pensamiento se dirige a todas las Iglesias locales. ¡No dejemos que nos roben la alegría de la evangelización! Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a nutrir un amor que ilumine vuestra vocación y misión. Os exhorto a recordar, como en una peregrinación interior, el “primer amor” con el que el Señor Jesucristo ha encendido los corazones de cada uno, no por un sentimiento de nostalgia, sino para perseverar en la alegría. El discípulo del Señor persevera con alegría cuando está con Él, cuando hace su voluntad, cuando comparte la fe, la esperanza y la caridad evangélica.

Dirigimos nuestra oración a María, modelo de evangelización humilde y alegre, para que la Iglesia sea el hogar de muchos, una madre para todos los pueblos y haga posible el nacimiento de un nuevo mundo".

Vaticano, 8 de junio de 2014, Solemnidad de Pentecostés.

PP. Franciscus



domingo, 20 de octubre de 2013

Homilía DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES.


Del Santo Evangelio según San Marcos, 16. 15-20.

Y les dijo:

—Vayan por todo el mundo proclamando la Buena Noticia a toda la humanidad. Quien crea y se bautice se salvará; quien no crea se condenará. A los creyentes acompañarán estas señales: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán lenguas nuevas, agarrarán serpientes; si beben algún veneno, no les hará daño; pondrán las manos sobre los enfermos y se sanarán.

El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba la palabra con las señales que la acompañaban.


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"Oportet Illum Regnare" 

"Es preciso que Él reine" 1 Cor 15, 25.

Hola hermanos (as) paz y bien:

Hoy es el domingo mundial de las misiones, y es bueno reflexionar sobre el tema de la misión, al mismo tiempo recordar que por el bautismos fuimos hechos todos misioneros, enviados a evangelizar con nuestra vida a todos los hombres y mujeres sin excepción.

Con la frase de San Pablo, quiero iniciar reflexionando que la misión de todo cristiano y de toda la Iglesia tiene como fin al mismo Jesucristo, pues el mensaje de todo misionero es el Evangelio y el Evangelio es Cristo, la finalidad o el objetivo de la misión es que "Cristo Reine", reine en todos los ambientes de nuestra vida, reine en un mundo que solo sabe de guerras, conflictos, corrupción, violencia, dinero, materialismo. Es necesario y urgente que nosotros, todos los bautizados, tomemos conciencia de nuestra misión, pues estamos como dormidos, o nos sentimos los "buenazos" o excluimos a los que nos parecen malos, ¿acaso Cristo vino por los buenos, los justos, por los acomodados?

Es interesante notar en esta parte del Evangelio, como la insistencia primera de Jesús es que vayamos por el mundo anunciando, "proclamando la Buena Noticia". Pero nos hemos olvidado que se anuncia y se proclama mejor con la propia vida que con las palabras, pues así como nos fijamos más de las cosas malas o de los errores que hace el otro, así también nos fijamos más de las cosas buenas que hace el otro, es con el ejemplo, con la propia vida que contagiamos a otros hermanos a vivir en la alegría del encuentro con Jesús. 

Todo inicia con la fe, pero no hay fe si no hay quien anuncie la fe en Cristo con la propia vida, y no hay quien anuncie sino es enviado. Esta es la idea principal de San Pablo en la segunda lectura de hoy, cada uno como bautizado es misionero, es decir, mensajero, enviado por el mismo Dios a anunciar y contagiar la alegría de encontrarse con Dios, tanto en los hermanos, en los acontecimientos de la vida, como cuando nos encontramos cara a cara con Dios en los sacramentos y sobre todo en el sacramento de la Eucaristía. Pero aveces por tantas preocupaciones, por nuestras frustraciones, por que no seguimos a Jesús con sinceridad, no contagiamos esta alegría, somos "cristianos de plástico", "cristianos desechables", la alegría del encuentro con Cristo, con Dios (si es que ya la tuvimos), nos dura solo un momento, nos dura mientras estamos emocionados, mientras estamos en frente de la gente, nuestra alegría es pasajera, pues cuando estamos con los hermanos más próximos (prójimos), con los hermanos del diario, parecemos como los zombies; caminamos y hablamos como vivos-muertos, muertos en vida, y alguien zombie no contagia más que muerte, flojera, hastío.

Aveces pensamos que un misionero es solo un hermano o hermana que viene o va a un país lejano "a proclamar la Buena Noticia", pero nos olvidamos que nosotros, todos los bautizados somos misioneros. De nada sirve ir a un país lejano, a un país diferente al tuyo sino contagias la alegría de ser de Dios, sino te adecuas o si no te abres a la cultura donde estas contagiando esta alegría no sirve de nada. Si hermanos y hermanas, lo más importante es contagiar la alegría de pertenecer a Dios, desde el bautismo "somos del Señor, en la vida y en la muerte somos del Señor" dice san Pablo, esta es la alegría que tenemos que anunciar con la vida. 

Seamos creativos, valeroso, entusiastas en contagiar, cada uno como es, la alegría del Evangelio, para que muchos vivan por el Evangelio de la vida. 


¡¡¡Sea alabado Jesucristo!!!

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

domingo, 12 de mayo de 2013

Reflexión del 7mo. Domingo de Pascua. La Ascensión del Señor.


La Ascensión
Lc 24, 46-53.

Y les dijo: estaba escrito que el Mesías tenia que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciaría a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de estas cosas. Por mi parte, les voy a enviar el don prometido por mi Padre. Ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de lo alto.

Después los llevó fuera de la ciudad hasta un lugar cercano a Betania y, alzando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos después de postrarse ante Él, regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios.

EL SIGNO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hola hermanos y hermanas, este domingo de la fiesta de la Ascensión de Jesús a los cielos, habría que preguntarnos, que significa este acontecimiento para nosotros que lo seguimos por su misma vida, pues su vida es siempre un signo para nosotros de lo que podemos hacer con nuestra propia vida. Su vida es como el camino por donde llegaremos al cielo, de donde salió Él y a donde volvió después de cumplir con su misión.

Decimos que la cabeza de la Iglesia es Cristo, pues bien si también nosotros somos su cuerpo místico, a donde llegó la cabeza tiene que llegar el cuerpo. La Ascensión a los cielos de Jesús es un signo de que es haya donde tenemos que llegar nosotros, sin embargo podemos ya desde ahora, aun estando en el mundo, vivir en el cielo si queremos, pues la plenitud de la vida o la vida plena, es esta vida y la vida futura. Pero ¿Cómo podemos vivir en el cielo desde ahora, si nuestro mundo esta como si fuera un infierno?, esta pregunta puede ser pensada por todos nosotros, pues las cosas no son fáciles hoy en día. Sin embargo las cosas difíciles han estado presentes en todos los tiempos en nuestro mundo, (aunque hoy con la técnica y los avances científicos son más complicados nuestros problemas y dificultades, se supone que deberíamos de estar más bien) ha habido personas como nosotros que han sabido vivir en el cielo, a pesar que hayan vivido un verdadero infierno, muchos son los que llamamos santos, otros que no son santos reconocidos pero que vivieron en el amor y dando amor.

Si hermanos y hermanas, es posible vivir ya el cielo en la tierra, si seguimos a Jesús por su senda, por la senda de la humildad, de la pobreza y del amor. Nuestras complicaciones en la vida es porque nos sentimos más que los demás, por eso quiero un carro de este tipo para apantallar a los demás, quiero cosas para llenar mi vació interior, pero nunca se llena el vació del alma con cosas materiales, el vació del alama se llena con Dios; también sufrimos porque queremos que nos amen los demás y no nos damos cuenta que somos nosotros los que debemos amar con toda la intensidad del mundo.

Jesús sube al cielo, pero esta siempre con nosotros porque nos mandó su Espíritu para consolarnos, para ayudarnos a ser verdaderamente seres humanos, antes que ser cristianos tenemos que ser humanos. Nos ayuda con su Espíritu=Amor, a ser humildes, pobres y amorosos, y así ser felices.

Queridos hermanos y hermanas, Jesús esta en nosotros y vive con nosotros en nuestro ser, y Él utiliza todo nuestro ser para dar a conocer su amor, su mensaje de amor, su humildad, su verdadera riqueza que es la pobreza. Si no nosotros no estamos disponibles a realizar la misión que el nos da, ¿Quién les dará a conocer a los demás lo que Jesús es y puede hacer en sus vidas? Somos como un instrumento de orquesta, que necesita ser afinado antes de que se ejecute una gran pieza, y lo que sale del instrumento es la pericia, la sabiduría del que lo toca.

Seamos instrumentos de Dios, de Jesús, que sigue haciendo su misión a través de todos los que somos bautizados, y si queremos vivir nuestro cielo ya desde ahora, animémonos a vivir como Él, como muchas personas que han vivido la plenitud de la vida ya desde ahora. Saquemos de nosotros el desanimo, la negatividad y las envidias que tanto nos hacen mal, y seamos comprensivos, amorosos, positivos y cristianos alegres que siguen a Cristo hasta la patria celestial.

Paz y bien, buen domingo.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.