sábado, 11 de febrero de 2012

Reflexión de P. Pio de Pietrelcina para febrero.


Febrero  2012





Estimados amigos de Padre Pío,



Que la esperanza en el Reino de Dios les infunda con ánimo a santificar lo ordinario en tu vida.

Estamos en tiempo ordinario de nuevo, un buen tiempo de evangelizar y proclamar la cercanía del Reino de Dios. Pero si no sabemos hacer esto en la vida diaria, menos vamos a saber hacerlo en momentos más retadores y difíciles. La mayoría de nosotros no hacemos grandes cosas o avanzamos con pasos notables en la vida espiritual aunque lo quisiéramos. ¿Cómo, entonces, seguir adelante sin desanimarnos? Padre Pío en su carta a  Fray Marcelino Diconsole el 20 de enero de 1919 nos ofrece un consejo:



Te he dicho muchas veces que, en la vida espiritual, es necesario caminar de buena fe, sin perjuicios y sin soberbias. Haz de este modo: aplícate, en la medida en que lo permitan tu capacidad y tu debilidad, a querer hacer siempre el bien. Si lo consigues, alaba y da gracias al Señor por ello; si, a pesar de toda tu atención y buena voluntad, no consigues hacerlo totalmente o en parte, humíllate profundamente ante Dios, pero sin desanimarte; proponte estar más atento en el futuro, pide el auxilio divino, y continúa adelante.

Sé bien que tú no quieres hacer el mal intencionadamente. Y los otros males que el Señor permite y que tú cometes sin que lo desees, que te sirvan para humillarte, para mantenerte lejos de la vanagloria. Por tanto, no temas y no te angusties en adelante por las dudas de tu conciencia; porque sabes bien que, después de esforzarte y de hacer cuanto está en tus manos, no hay motivo para temer y angustiarse.



Notamos mucha comprensión y compasión de parte de Padre Pío a la situación de este fraile. En primer lugar afirma su sinceridad y buena voluntad, pero también exhorta contra el desánimo y angustia. Finalmente aconseja resignificar la inhabilidad de no lograr el avance deseado como oportunidad de practicar la humildad ante Dios y pedirle más auxilio. En el trasfondo de estos consejos se ve que Padre Pío mantiene esperanza en Dios Padre misericordioso en su corazón. Resignifica la lucha del fraile rastrando énfasis en el sentimiento negativo asociado con su inhabilidad y aumentando la importancia de su buena y sincera intención. Además, encausa la impotencia sentido por fray Marcelino de ser una pérdida a ser una ganancia en cuanto provee la oportunidad de practicar la humildad.

Todo esto manifiesta el efecto transformador que puede tener la esperanza en Dios en nuestras vidas diarias. En vez de dejarnos llevar por los sentimientos negativos que nos quita la esperanza y ánimo, hagamos caso a nuestra sincera intención de hacer el bien. Así validamos nuestro juicio y recuperamos más control y libertad en nuestra vida. Cuando hacemos algo, lo insignificante que sea, por Dios y con Él, santificamos así nuestra vida. ¡Animo y éxito!



Dios le bendiga a cada uno,



Fray Guillermo Trauba, OFM Cap.

jueves, 9 de febrero de 2012

Reflexión del 6to. Domingo del Tiempo Ordinario

(pinchar cita para leer evangelio)

AMIGO DE LOS EXCLUIDOS


Jesús era muy sensible al sufrimiento de quienes encontraba en su camino, marginados por la sociedad, despreciados por la religión o rechazados por los sectores que se consideraban superiores moral o religiosamente.

Es algo que le sale de dentro. Sabe que Dios no discrimina a nadie. No rechaza ni excomulga. No es solo de los buenos. A todos acoge y bendice. Jesús tenía la costumbre de levantarse de madrugada para orar. En cierta ocasión desvela cómo contempla el amanecer: "Dios hace salir su sol sobre buenos y malos". Así es él.

Por eso, a veces, reclama con fuerza que cesen todas las condenas: "No juzguéis y no seréis juzgados". Otras, narra pequeñas parábolas para pedir que nadie se dedique a "separar el trigo y la cizaña" como si fuera el juez supremo de todos.

Pero lo más admirable es su actuación. El rasgo más original y provocativo de Jesús fue su costumbre de comer con pecadores, prostitutas y gentes indeseables. El hecho es insólito. Nunca se había visto en Israel a alguien con fama de "hombre de Dios" comiendo y bebiendo animadamente con pecadores.

Los dirigentes religiosos más respetables no lo pudieron soportar. Su reacción fue agresiva: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores". Jesús no se defendió. Era cierto. En lo más íntimo de su ser sentía un respeto grande y una amistad conmovedora hacia los rechazados por la sociedad o la religión.

Marcos recoge en su relato la curación de un leproso para destacar esa predilección de Jesús por los excluidos. Jesús está atravesando una región solitaria. De pronto se le acerca un leproso. No viene acompañado por nadie. Vive en la soledad. Lleva en su piel la marca de su exclusión. Las leyes lo condenan a vivir apartado de todos. Es un ser impuro.

De rodillas, el leproso hace a Jesús una súplica humilde. Se siente sucio. No le habla de enfermedad. Solo quiere verse limpio de todo estigma: «Si quieres, puedes limpiarme». Jesús se conmueve al ver a sus pies aquel ser humano desfigurado por la enfermedad y el abandono de todos. Aquel hombre representa la soledad y la desesperación de tantos estigmatizados. Jesús «extiende su mano» buscando el contacto con su piel, «lo toca» y le dice: «Quiero. Queda limpio».

Siempre que discriminamos desde nuestra supuesta superioridad moral a diferentes grupos humanos (vagabundos, prostitutas, toxicómanos, sidóticos, inmigrantes, homosexuales...), o los excluimos de la convivencia negándoles nuestra acogida, nos estamos alejando gravemente de Jesús.
        
José Antonio Pagola

Haz llegar la Buena Noticia de Jesús hasta los excluidos.

miércoles, 25 de enero de 2012

Reflexión del 3er. Domingo Ordinario.

Rectificad y creed en el evangelio. Dejando las redes lo siguieron.”

TODOS ESTAMOS HACIÉNDONOS


CONTEXTO

Seguimos con el evangelio de Marcos que vamos a leer durante todo este año. Es el primero que se escribió y tiene aún la frescura de los comienzos. Es el más conciso. No tiene grandes discursos de Jesús ni cuenta muchas parábolas. Le interesa sobre todo la vida de Jesús. Su actitud vital para con los pobres y oprimidos es la verdadera salvación. Las curaciones y la expulsión de demonios, entendidos como liberación, son la clave para comprender el verdadero mensaje de salvación de este evangelio.
        
EXPLICACIÓN

El versículo 15 es un denso resumen de todo el escrito, y nos marca la perspectiva desde la que hay que mirar el resto del evangelio.
        
“Cuando arrestaron a Juan”. Quiere resaltar el evangelista que Jesús va a continuar la tarea del Bautista, pero a la vez, deja clara la diferencia.

Una vez más tenemos que advertir que los datos cronológicos no tienen importancia en la elaboración de un “evangelio”. En el evangelio de Juan, después de haber narrado las relaciones de Jesús con Juan y el seguimiento de los primeros discípulos, después de contarnos la boda en Caná, la purificación del templo y el encuentro con Nicodemo, nos dice que Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea y bautizaba allí, a la vez que Juan estaba también bautizando en otro lugar. Dice expresamente: esto ocurrió antes de que Juan fuese encarcelado

“Llegó Jesús a Galilea”. Está claro que el evangelista quiere desligar la predicación de Jesús de toda connotación oficial. Lejos de las autoridades religiosas, lejos del templo y de todo lo que significaba ambas cosas. Galilea era tierra fronteriza y en gran parte habitada por gentiles. Esto para un judío era, de entrada, una descalificación.

“Se puso a proclamar la “buena noticia” de parte de Dios”. Había empezado él su evangelio diciendo que se trataba de exponer los orígenes de la “buena noticia de Jesús”. Estos textos son los que dieron origen a la palabra “evangelio”, cuyo género literario se inaugura con el escrito de Marcos. Jesús no espera, como Juan, a que la gente venga a él.
        
“Se ha cumplido (colmado) el kairos”. En la fiesta de Año Nuevo, hablamos del significado de “Cronos” y “kairos”. Aquí el texto dice ‘kairos’, es decir, se trata del tiempo oportuno para hacer algo definitivo. No es que algún cronos sea especial. Cualquier cronos lo podemos convertir en kairos si nuestra actitud vital es adecuada. El texto nos está recordando que todo los Kairos se han concentrado en el que ahora está presente.
        
“Está apareciendo el Reino de Dios”. Esta expresión es la clave de toda la predicación de Jesús. Hemos hablado cientos de veces del Reino. No se trata de que Dios reine. Se trata de que Dios se haga presente entre nosotros, gracias a las actitudes de los seres humanos. Jesús hace presente ese Reino, que es Dios, porque sus relaciones con los demás, basadas en el amor y la entrega, hacen surgir en cada instante a Dios. Dios es amor, de modo que está allí donde exista una verdadera empatía y compasión. Ese Reino está ya presente en Jesús que fue capaz de hacer presente a Dios, amando. No es una promesa de futuro, sino una realidad presente que hay que vivir.
        
“¡Cambiad de mentalidad!” La traducción oficinal, “convertíos”, no expresa bien el sentido del texto, porque nosotros hemos inventado un concepto de conversión que no está en el original griego. Para nosotros convertirse es salir de una situación de pecado. En cambio lo que pide Jesús es una manera nueva de ver la realidad que no tiene por qué partir de una situación depravada. Es más, el cambio se exige como actitud que no debe abandonarse nunca.  

“Metanoeite” significa cambia de rumbo, cambia de mentalidad, no significa hacer penitencia, ni torturarse el espíritu por descubrir que hemos mantenido actitudes que nos deterioran como seres humanos. La llamada de los discípulos a continuación les obliga a hacer su personal cambio de rumbo (metanoya): “Dejan la barca y a su padre y le siguieron”.

Aquí debemos hacer todos, un serio examen de conciencia. Cuántas veces hemos descubierto nuestros fallos y nos hemos conformado con ir a confesarlos, incluso cumpliendo una “penitencia”, pero no hemos cambiado el rumbo. ¿De qué puede servir toda esa parafernalia, si continuamos con la misma actitud?
        
“Tened confianza en la buena noticia”. La traducción oficial del griego “pisteuete” nos puede llevar a engaño. No se trata de creer la noticia, sino de confiar en que es buena noticia para nosotros. Tanto en el AT como en el nuevo, la fe no es el asentimiento a unas verdades, sino la confianza en una persona. Si la buena noticia que Jesús predica, viene de parte de Dios, podemos tener confianza plena en que es buena.

También debemos recordar que, por extraño que parezca, “euangelio” no significa “evangelio”. Nosotros hemos colocado detrás de la palabra evangelio, un concepto muy concreto y preciso. Evangelio = uno de los escritos de las primeras comunidades donde intentan expresar lo que Jesús vivió y predicó. Hemos caído en un monumental fraude. Hemos confundido el estuche con la joya que debía contener. Aquí “euangelio” significa esa estupenda noticia que Jesús descubrió y nos comunicó de parte de Dios.
        
Con relación a la llamada de dos parejas de hermanos, sólo señalar, que no podemos armonizarla con lo que el domingo pasado nos contaba el evangelio de Juan. Una prueba más de que para ellos lo importante no es cómo y cuándo sucedió, sino el mensaje que ese suceso puede aportarnos.

A la llamada de Jesús que acabamos de comentar, corresponden las primeras respuestas personales, de parte de unos simples pescadores sin preparación alguna, que se fiaron de Jesús.

Es muy significativo que desde el primer instante de su andadura pública, Jesús cuenta con personas que le siguen de cerca y están dispuestas a compartir con él su manera de entender la vida. La comunidad, por muy reducida que sea es clave para poder emprender una vida cristiana. Más tarde nos dirá: “Donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”
        
APLICACIÓN

El ser humano tiene que ir aprendiendo a base de continuos errores y rectificaciones. Darse cuenta de que hemos emprendi­do un camino equivocado es la única manera de evitarlo e intentar acertar con el verdadero. Cada vez que rechazamos un camino falso, nos estamos acercando al verdadero.

Todos tenemos que convertirnos porque todos estamos haciéndonos. Convertirse es rectificar la dirección de mi existencia para que se acerque cada vez más a la meta. Pecado en el AT era errar en el blanco. Da por supuesto que intentas dar en el blanco, pero te has desviado. Somos flechas disparadas que tienden a desviarse del blanco y que constantemente tienen que estar contrarrestando esas fuerzas que nos distorsionan, para seguir en la verdadera dirección.
        
Convertirse no es abandonar el mal por el bien, porque el mal y el bien en el ser humano, no se pueden separar nunca del todo. Para el maniqueísmo está todo demasiado claro: son realidades distintas que deben estar separadas. Nunca hemos superado esa tentación. La realidad es muy distinta: ni el bien ni el mal se pueden dar químicamente puros. Siempre que trazamos una línea divisoria entre el bien y el mal, nos estamos equivocando. Lo que llamamos mal no tiene entidad propia, es solo ausencia de bien.
        
El mal (ausencia de perfección) no es un accidente, sino que pertenece a la misma estructura del hombre. Sin esa limitación, que hace posible el error, pero que también hace posible el crecimiento, no habría persona humana. La hondura del misterio del mal está precisamente ahí. Del mismo mal surge el bien, y el mal acompaña siempre al bien.
        
Con frecuencia necesitamos la advertencia de alguien que nos saque del error en que estamos. Aún con la mejor voluntad, podemos estar equivocados. Las mayores barbaridades de la historia se hicieron en nombre de Dios por personas buenas. Cruzadas, quema de herejes, caza de brujas, etc. etc. En nombre del bien, ¡cuánto mal!

En nuestro caminar hacia la meta, siempre estaremos necesitados de rectificar la dirección. Constantemente estamos emprendiendo sendas equivocadas que tenemos que abandonar. Tenemos que aprender de los errores. Como seres humanos, no tenemos otra manera de progresar.
        
Hoy estamos en condiciones de entender que la llamada no viene de fuera, sino de lo hondo de nuestro ser, que anhela la plenitud a la que está llamado. La conversión no puede ser un hecho aislado, sino una actitud consecuencia de un descubrimiento en la persona de Jesús, de lo que significa ser hombre en plenitud.

Ni el estar bautizado, ni ser creyente, ni ser practicante, es suficiente. La conversión es entrar en un proceso que debe durar toda la vida.

Sin un cambio en la estructura interior de la persona, nunca se producirá el cambio en la sociedad que todos esperamos.


Meditación-contemplación


“Cambiad de mentalidad y confiad en la increíble noticia”.
Jesús nos ha revelado quién es Dios.
Lo que nos ha dicho es increíble, pero cierto.
Dios es amor, don total, absoluto y eterno.
………………..

Jesús me invita a experimentar esta realidad.
Seguirle es entrar en la misma relación con Dios que él mantuvo.
Vivir la presencia en mi propio ser
de un Dios que se me da y es todo para mí.
………………

Ese descubrimiento me hará cambiar mi mentalidad.
Desde el momento, y en la medida que lo experimente,
mi relación con Dios, con los demás y con el mundo,
habrá trasformado mi existencia.
…………..
                                                               

Fray Marcos  

sábado, 31 de diciembre de 2011

Reflexión de Año Nuevo: Santa María Madre de Dios


UNA FIESTA PLURAL

MARÍA MADRE

Una fiesta más de María y una nueva oportunidad de tratar un tema que puede ser importantísimo para nuestra vida espiritual. La fiesta litúrgica se titula “María madre de Dios”, pero hoy tenemos conocimientos suficientes para ir más allá de la pura mitología que se encierra en esa expresión.

Lo que se ha creído durante mil y pico años no tiene nada que ver con la verdadera declaración del concilio de Éfeso. No se trataba de un dogma sobre María sino de un dogma sobre Jesús. Una vez entendido esto, podemos descubrir que todo lo que se ha dicho sobre María basándose en una traducción literal de la expresión dogmática, no tiene sentido ninguno. Esto no quiere decir que no podemos sacar provecho de una fiesta de María como MADRE.

Seguramente el concepto de “madre” es el que se aplicó a Dios en los orígenes de la religiosidad humana. Sin duda ninguna es el que mejor puede expresar la originalidad de Dios, entendiendo originalidad en el sentido más etimológico del término…

Pero debemos ir a lo profundo del significado de ese término cuando lo aplicamos a Dios. Dios no es origen porque una vez haya sido causa de que la realidad material exista. Dios está en cada criatura como el fundamento, en cada instante de su existencia. Dios es el origen y el fin de toda la creación. En realidad, la creación no es más que lo visible de Dios.

Podemos decir que lo material es la misma divinidad reflejada en un espejo. Para poder ver algo en un espejo, es imprescindible que esa realidad material esté de la otra parte del espejo. En cuanto desaparece esa realidad, desaparece la imagen. Por aquí podemos vislumbrar lo que es Dios como origen de todo lo creado.

En María madre, hemos volcado todo lo que no nos atrevemos a proclamar de Dios como principio de nuestro propio ser. María es el dios Madre que en un contesto patriarcal, no nos atrevemos a imaginar. El bendito Juan Pablo I, en el primer encuentro con los cardenales a los pocos días de ser elegido papa, les espetó: “Dios es padre, pero sobre todo es madre”. Con esa sola frase abrió más horizontes a los cristianos que muchas sesudas encíclicas de decenas de páginas.

Todo lo que se ha dicho de María a través de los siglos, tenemos que atrevernos a pensarlo y decirlo de Dios directamente. Este sería el mejor homenaje que le podríamos hacer hoy a María; atrevernos a ver a Dios como verdadera Madre que nos engendra y da a luz a todos en cada instante. Si descubriéramos esta realidad, no haría falta ningún argumento adicional para que todos nos consideráramos verdaderamente hermanos.

Esta vivencia es el fundamento de todo el mensaje de Jesús. Sin esa vivencia el evangelio llegará a ser a lo sumo una programación más, que en ningún caso calará más allá de la epidermis.


LA CIRCUNCISIÓN

Es muy difícil que hoy nos hagamos cargo de lo que significaba este rito para el pueblo judío. Era el signo de pertenencia, que para ellos significaba dar contenido a su vida entera. Hoy no necesitamos este arraigo para sentirnos seres humanos, pero no era así en aquella época. Una persona que no perteneciera a una familia y a un pueblo, no era absolutamente nada.

Nuestro bautismo tiene un significado estrictamente religioso y es el signo de identidad como cristianos, pero para los judíos, lo religioso, lo social e incluso lo económico no se diferenciaban; de tal manera que el fallo de uno de los aspectos llevaba consigo el derrumbe de toda la persona.

Era un signo solo para hombres porque la mujer no era más que lo que el hombre al que pertenecía le aportaba.

Tampoco estamos capacitados para entender lo que significaba en aquella época poner un nombre a una persona. En el nombre se significaban todas las expectativas que la familia ponía en el recién nacido. En este caso, se puede descubrir esa importancia en el hecho de que, según Lucas, el nombre de “Jesús” no es una ocurrencia humana, sino elección divina. Jesús significa “Dios salva” que era precisamente lo que los ángeles dijeron a los pastores: “Os ha nacido un salvador”.

Para mí el centro del evangelio de hoy está en esta frase: “María conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. No se trata de memorizarlas y buscarles un sentido lógico, sino de rumiar todo lo que está pasando para asimilarlo y tratar de que pase a formar parte de la vida.

Recordemos una vez más que se trata de teología de las primeras comunidades retrotraída al nacimiento de Jesús. Que el relato no sea una crónica de sucesos, nos obliga a darle mayor importancia y a tratar de hacer nuestro el mensaje. Llevamos dos mil años intentando ir al Dios de Jesús a través de razonamientos. Es hora de abandonar ese intento fallido y entrar por el camino del corazón, es decir, de la vivencia interior que me lleve a descubrirlo desde lo hondo.


AÑO NUEVO

La inmensa mayoría de los seres humanos se conforman hoy con celebrar un “cronos”, es decir una fecha del calendario. No es ese el sentido religioso de la fiesta. Se trata de celebrar un “cairos”, es decir el momento oportuno para hacer algo vital que pueda trasformar mi vida.

El tiempo cronológico se nos va de las manos, casi siempre esperando que otro tiempo mejor llegue en algún momento. Si esperamos que las circunstancias cambien para conseguir los objetivos principales de mi vida, estamos cayendo en la trampa de la artificialidad.

En este instante puedo conseguir el logro más importante de mi vida. Ahora están todas las posibilidades a mi disposición. En cualquier momento de mi vida tendré las mismas pasibilidades, pero si estoy esperando algo distinto, consumiré la vida sin encontrar lo que me debía importar de veras.


DÍA MUNDIAL DE LA PAZ

Sería estupendo que pudiéramos disfrutar por lo menos durante un día de paz en todo el mundo. Pero si estamos envueltos en guerras y conflictos de todas clases, ¿Qué puede significar celebrar un día de la paz?

La inmensa mayoría de nosotros desearíamos la paz, pero creemos que muy poco o nada podemos hacer por conseguirla. Este es el error. Tú puedes hacerlo todo por conseguir la paz. Simplemente lleva paz a todas tus relaciones con los demás.

La paz no es una realidad que podamos conseguir como si fuera un objeto que descubrimos aquí o allá. La paz es una consecuencia de nuestra manera de actuar. Reinará la paz cuando las relaciones entre los hombres sean verdaderamente humanas.


Meditación-contemplación

En este día tan señalado cronológicamente,
trata de trascender el tiempo y el espacio,
descubre lo que hay en ti de eternidad
y sumérgete en el cairos de tu existencia.
…………

En todo tiempo y en cualquier lugar
puedes hacer presente tu verdadero ser,
que no es lo que hay en ti de terreno
sino lo que hay en ti de divino.
…………

María es madre de Dios porque le hace presente en este mundo.
También tú puedes concebirle y darle a luz
si trasciendes tu ego y penetras en tu verdadero ser.
Todo lo que es María desde Dios lo eres también tú.
……………


Fray Marcos 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Reflexión de la Natividad del Señor.



Vivir la encarnación de Dios en Jesús y en todos nosotros




NOCHEBUENA


En la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.

Decía Heidegger: “Todo discurso sobre Dios que no proviene del silencio y no conduce al silencio, no puede ser auténtico”. La realidad que estamos celebrando, no debemos afrontarla desde el discurso racional, sino desde la vivencia personal. Es hora de poner en práctica lo que tantas veces me habéis oído: Dios viene de dentro, no de fuera.

Lo mismo que el domingo pasado, debemos tener en cuenta que el relato de Lucas no es una crónica de sucesos, sino teología narrativa que es algo muy distinto. Jesús vivió en un momento y en un lugar histórico, pero lo importante es que nos invitó a vivir la realidad de un Dios que no está atado a un tiempo ni a un espacio, sino que está siempre ahí.

Lo importante de este relato es la idea de Dios que trata de comunicarnos. La profundización no es nada fácil, porque exige una actitud personal de silencio y de escucha. Desde fuera, es muy poco lo que se puede ayudar a esta tarea.

Lo primero que quiere dejar claro el evangelista es, que Jesús se inserta plenamente en la historia universal. Nadie puede poner en duda su condición humana: hay un censo oficial al que están sujetos como cualquier mortal, sus padres. Pero importa poco que los datos sean o no exactos. Lo único que nos interesa es la intención de Lucas, es decir, conectar la buena noticia (evangelio) con Jesús que nace en un lugar y en un momento de la historia.

A nosotros hoy lo que de verdad nos cuesta es descubrir al Jesús humano que nos puede servir de modelo.

Para Lucas, de mentalidad helenista, Dios está en el cielo. Si quiere hacerse presente, tiene que bajar. Viene a salvar a los pobres y empieza por compartir su condición. La salvación se hará desde abajo. Pero solo la encontrará el que está en camino, el que está buscando, no los que están instalados cómodamente en este mundo. No lo encontrarán en el bullicio de las relaciones sociales del día, sino en el silencio de la noche.

Decir que es el primogénito, significa que, de entrada, está consagrado al Señor.

Los dioses tienen sus intermediarios. Estos se ponen en acción y quieren anunciar el acontecimiento. ¿Quién estará preparado para escucharlo? Sólo los pastores, la profesión más despreciada y marginada de la sociedad. La salvación se anuncia en primer lugar a los oprimidos. Los demás están descansando, dormidos; no necesitan ninguna salvación.

El anuncio es una buena noticia. Dios es siempre buena noticia. No hagáis nunca caso al que anuncie calamidades en nombre de Dios. La noticia es que Dios viene para salvarnos. “Os ha nacido un Salvador”. Los pastores salen corriendo. ¿Dónde podrán hallarlo? No será fácil encontrarlo. Alguna pista: un niño en un pesebre (comedero) semidesnudo y entre pajas, él mismo es alimento (apuntando a la eucaristía), acompañado por sus padres que no dicen nada. ¿Qué podrían decir? Además, cuando Dios decide enviar su Palabra a los hombres, resulta que nos envía a un niño que no sabe hablar.

La salvación es para todo el pueblo, no para los privilegiados del momento. No en Jerusalén, sino en la ciudad de David. Él viene a destronar a los poderosos, pero se presenta como uno de los pobres y oprimidos. Esto es la causa de la alegría en el cielo y de la alabanza a Dios en la tierra. Los pastores proclaman la buena noticia. Entre los que escuchan, sorpresa. Dios no sigue los cauces que los dirigentes y el pueblo entero esperan desde hace siglos. Dios se encuentra lejos de las instituciones, lejos del templo.

Con esto, el evangelista no está dando los primeros pasos de una biografía, sino poniendo los fundamentos de una teología. Un discurso sobre Dios, que Lucas identifica con una persona humana de carne y hueso.

Desde la perspectiva de lo que es una biografía en nuestro tiempo, tendríamos que decir: no sabemos nada; ni dónde nació, ni cuándo, ni cómo. Por el contrario, tenemos suficientes elementos de juicio para saber que no pasó nada extraordi­nario desde el punto de vista externo. Ni María ni José ni nadie se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo allí. Nació como todos los niños. Fue un niño normal. Un niño tan “divino”, como todos.

Cuando Jesús empezó su vida pública, decían sus vecinos: “¿No es este el hijo de José, su madre no se llama María, sus hermanos no viven con nosotros? ¿De dónde saca todo eso?”. En otra ocasión su madre y sus hermanos vinieron a llevárselo porque decían que estaba loco. ¿Se habían olvidado de los prodigios de su nacimiento?

Y sin embargo aquello era el comienzo de todo. Allí empezaba Jesús su andadura humana, que iba a ser capaz de hacer presente a Dios entre los hombres. Era Emmanuel (Dios-con-nosotros) y era Jesús (salvador). Nacimiento, vida y muerte de Jesús, forman una unidad inseparable. Es importante su nacimiento por lo que fue su vida y su muerte.

Hizo presente a Dios, amando, dándose, entregándose a los demás. Eso es lo que es Dios. Salió a su Padre. Es Hijo de Dios. Como pasó con todos los grandes personajes anteriores a él, se hace la biografía de la infancia desde la perspectiva de su vida y milagros.

No nos quedemos en las pajas y vayamos al grano. La importancia del acontecimiento se la tengo que dar yo, aquí y ahora. Dios no tiene que venir de ninguna parte, ni puede estar en ninguna parte más que en otra. Dios está donde nosotros le descubramos y le hagamos presente.

Dios está donde hay amor. Allí donde un ser humano es capaz de superar su egoísmo y darse al otro. Allí donde hay comprensión, perdón, tolerancia, humildad; allí está Dios. Dios no será nada si yo no lo hago presente con mi postura ante los demás.

El único objetivo de esta fiesta es que aprendamos a amar. Que aprendamos a salir de nosotros mismos y seamos capaces de ir al otro. El verdadero amor es el resultado del nacimiento de Dios en mí, en todo ser humano, en todo niño recién nacido; también en aquellos que en este momento están muriendo de hambre o de cualquier enfermedad perfectamente curable. Mueren porque nosotros preferimos adorar un muñeco de cartón, antes que aceptar que cualquier recién nacido es divino porque en él reside Dios.

En la liturgia de la noche se destaca sobre todo la sencillez de esa presencia de Dios. Un niño unos pastores, un pesebre. Dios llega a nosotros de una manera callada, sin ruido, en la noche y sin más testigos que unos padres primerizos asustados.

La mejor manera de sacar provecho de esta vigilia, sea el seguir con atención la celebración y, con sencillez, dejarnos empapar de las profundas ideas que se van desgranando en ella.
NAVIDAD


En el principio ya existía la Palabra,... y Dios era la Palabra.

En el evangelio que leíamos anoche encontramos un relato mítico-simbólico del nacimiento de Jesús; en el que acabamos de leer, un relato metafísico. Es casi imposible descubrir que hacen referencia a la misma realidad. En ambos se quiere comunicar el misterio de la encarnación. En ambos se nos quiere decir lo que Dios es y cómo actúa. Lo que es Jesús, y cómo nos salva.

En lo tocante a Jesús, celebramos un hecho histórico, que sucedió en un lugar y en un momento determinado. Jesús es una realidad histórica, y podemos hacer referencia a su tiempo y tratar de imaginar hoy como sucedido.

Pero en lo que se refiere a Dios, no se trata de un suceso, sino de una realidad trascendente que está siempre ahí. Dios se está encarnando siempre. Eso no tenemos que celebrarlo como acontecimiento, sino vivirlo como realidad actual. Como María, yo tengo que dar a luz lo divino que ya está dentro de mí.

Los cristianos no hemos sido aún capaces de armonizar la trascendencia con la inmanencia en Dios. En nuestra estructura mental cartesiana, no cabe que una realidad sea a la vez inmanente y trascendente. Por eso nuestro lenguaje sobre Dios es siempre ambiguo. Dios está más allá que toda realidad, pero a la vez está siempre encarnándose.

En Jesús esa encarnación se manifestó absolutamente. De esa manera nos abrió el camino para vivirla nosotros. “Les da poder para ser hijos de Dios”.

A esa realidad nunca podremos llegar por vía de conocimiento, sino por vivencia. Acabamos de leer dos líneas que son claves para entender el evangelio de Juan: “En la palabra había vida y la vida era la luz de los hombres”. Por no tener en cuenta esto, hemos caído en el intelectualismo y la dogmática.

Hemos querido entender a Jesús, como portador de un conocimiento que nos trae la salvación. Pero no es la luz la que nos va a llevar a la Vida, sino al revés. La Vida es la que nos llevará a la comprensión, a la luz.



Meditación-contemplación


Si no aparcas la razón, te quedarás in albis.
Si pretendes comprender, perderás el tiempo.
Deja que la Verdad vibre en tu interior.
Solo así podrás vivir la Vida

………………


No te conformes con celebrar hechos pasados.
No pretendas confiar en logros futuros.
La eternidad está en tus manos.
Todo lo posees en este instante.

…………….


Vive la totalidad aquí y ahora.
No esperes condiciones más favorables.
En ningún momento de tu futuro, mejorarán tus posibilidades.
Si no las aprovechas hoy,
nada garantiza que las aprovecharás en otro instante.

………………….

Fray Marcos

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Reflexíón del 4to. Domingo de Adviento.

(pinchar cita para leer evangelio)

CON ALEGRÍA Y CONFIANZA


El concilio Vaticano II presenta a María, Madre de Jesucristo, como "prototipo y modelo para la Iglesia", y la describe como mujer humilde que escucha a Dios con confianza y alegría. Desde esa misma actitud hemos de escuchar a Dios en la Iglesia actual.

«Alégrate». Es lo primero que María escucha de Dios y lo primero que hemos de escuchar también hoy. Entre nosotros falta alegría. Con frecuencia nos dejamos contagiar por la tristeza de una Iglesia envejecida y gastada. ¿Ya no es Jesús Buena Noticia? ¿No sentimos la alegría de ser sus seguidores? Cuando falta la alegría, la fe pierde frescura, la cordialidad desaparece, la amistad entre los creyentes se enfría. Todo se hace más difícil. Es urgente despertar la alegría en nuestras comunidades y recuperar la paz que Jesús nos ha dejado en herencia.

«El Señor está contigo». No es fácil la alegría en la Iglesia de nuestros días. Sólo puede nacer de la confianza en Dios. No estamos huérfanos. Vivimos invocando cada día a un Dios Padre que nos acompaña, nos defiende y busca siempre el bien de todo ser humano.

Esta Iglesia, a veces tan desconcertada y perdida, que no acierta a volver al Evangelio, no está sola. Jesús, el Buen Pastor, nos está buscando. Su Espíritu nos está atrayendo. Contamos con su aliento y comprensión. Jesús no nos ha abandonado. Con él todo es posible.

«No temas». Son muchos los miedos que nos paralizan a los seguidores de Jesús. Miedo al mundo moderno y a la secularización. Miedo a un futuro incierto. Miedo a nuestra debilidad. Miedo a la conversión al Evangelio. El miedo nos está haciendo mucho daño. Nos impide caminar hacia el futuro con esperanza. Nos encierra en la conservación estéril del pasado. Crecen nuestros fantasmas. Desaparece el realismo sano y la sensatez cristiana. Es urgente construir una Iglesia de la confianza. La fortaleza de Dios no se revela en una Iglesia poderosa sino humilde.

«Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús». También a nosotros, como a María, se nos confía una misión: contribuir a poner luz en medio de la noche. No estamos llamados a juzgar al mundo sino a sembrar esperanza. Nuestra tarea no es apagar la mecha que se extingue sino encender la fe que, en no pocos, está queriendo brotar: Dios es una pregunta que humaniza.

Desde nuestras comunidades, cada vez más pequeñas y humildes, podemos ser levadura de un mundo más sano y fraterno. Estamos en buenas manos. Dios no está en crisis. Somos nosotros los que no nos atrevemos a seguir a Jesús con alegría y confianza.


José Antonio Pagola

viernes, 9 de diciembre de 2011

Reflexión del 3er. Domingo de Adviento.

(pinchar cita para leer evangelio)           

BUENAS NOTICIAS PARA PECADORES,
PARA GENTE NORMAL


El cuarto evangelio da gran importancia a la figura de Juan Bautista, en dos sentidos: en primer lugar, como Precursor: él es el que anuncia la presencia de Jesús; en segundo lugar, para "ponerlo en su sitio". Sin duda, los discípulos de Juan llegaron a pensar que él era "el que había de venir", y era necesario dejar claro que su misión había sido solamente ser "testigo de la luz". Pero la luz es Jesús, no Juan. De ahí la insistente proclamación de Juan: "No soy".

Se dice que los enviados de Jerusalén son sacerdotes y levitas, pero luego se afirma que son fariseos. Estas afirmaciones son más bien contradictorias, y nos hacen pensar en una redacción del texto bastante lejana a medios culturales judaicos.

Por otra parte, ya desde estos primeros párrafos se habla de "los judíos", como opositores (como si el Bautista, el evangelista y el mismo Jesús no fueran judíos). Se está subrayando por tanto una de las líneas de fuerza del cuarto evangelio, por otra parte ya expresada en el Prólogo: "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron".

El cuarto evangelio se escribe en una comunidad expulsada de la Sinagoga, que tiene por eso muy claro que "lo de Jesús" ha roto definitivamente con el judaísmo y es nuevo, más aún que culminación de lo antiguo.

Tanto en el cuarto como en el segundo Evangelio, el Bautista es presentado por medio de citas bíblicas (del Éxodo, de Malaquías, de Isaías), de modo que Jesús es anunciado como "el que ha de venir", la culminación de todo lo anterior. Es importante reseñar que la penitencia, la conversión de los pecados que Juan predica, no son el fin, sino el medio para prepararse a la venida del Señor.

Nuestro esfuerzo de purificación es un estado de atención, de mostrarse disponibles ante el Señor: se expresa en el signo exterior del bautismo. Pero todo eso es para prepararse: luego viene el Señor, que es el que salva. Nuestras acciones no nos salvan: preparan el camino al salvador, nos disponen bien para recibir la salvación.


Todos los textos de estos domingos de Adviento giran en torno a los mismos temas y los repiten una y otra vez. Y con razón, porque son las actitudes básicas indispensables de cualquier seguidor de Jesús, diríamos que de cualquier persona de talante religioso.

La acción de Dios y nuestra respuesta se representan siempre como un encuentro entre personas. Los dos que se encuentran, caminan para encontrarse. Dios viene, nosotros vamos, y nos encontramos. Esta manera de expresarse, en la imagen de dos que se encuentran, puede ser luego traducida a conceptos teológicos más abstractos (la libertad y la gracia, la doctrina de la justificación...) pero tales conceptos han demostrado sobradamente su insuficiencia, han creado muchos más problemas de los que han solucionado.

Me parece que una de las tentaciones de la Teología Dogmática ha consistido en querer encerrar a Dios en los recipientes de nuestros conceptos. Y no cabe.

Conviene más al conocimiento de Dios el modo metafórico, parabólico, que no pretende abarcar a Dios sino orientarnos en la dirección correcta, y no aspira a comprender el misterio interior de Dios mismo sino a aceptar a Dios tal como Él se nos muestra. Podríamos decir que La Palabra no nos dice cómo es Dios sino cómo se porta con nosotros. Así, la imagen de dos que se encuentran, que van al encuentro uno de otro, es más expresiva que cualquier conceptualización.

Y es que, para conocer a Dios, es mejor ir a su encuentro que inventarlo. Lo encontramos donde Él se ha mostrado, en Jesús. Lo inventamos cuando nos fiamos más de nuestra razón e intentamos que sea nuestra razón la que invente a Dios. No hace falta inventarlo, ni es razonable.

Jesús es para nosotros lugar de conocimiento, lugar de encuentro con Dios. "No tendrás otros dioses delante de mí, no te harás imágenes mías" siguen siendo preceptos llenos de sabiduría. La única imagen de Dios es Jesús, y el único Dios fiable es el que en Jesús se muestra. Es la piedra angular de nuestra fe: quitada esa piedra, el edificio se derrumba. Y precisamente por eso es tan importante conocer a Jesús, tal como lo conocieron los que vivieron con él.

Y hoy día hemos de dar gracias a Dios porque tantos sabios estupendos nos lo han acercado. Razón por la cual quizás a otros les da mucho miedo ese conocimiento de Jesús de Nazaret.

Este Jesús a quien Juan anuncia muestra a Dios con una característica especialmente definida: se dirige a los pobres, a los corazones rotos, a los cautivos. Esta será una tónica característica de Jesús. Dios no es de ni para los poderosos, los sabios, los ricos, los pontífices, ni siquiera para “los santos”. Dios es de todos y para todos; y la mayoría de estos “todos” son pobres, están cautivos, tienen roto el corazón.

Demasiadas veces las religiones (la nuestra también) son de gente poderosa, de sabios y de santos. Jesús va a mostrar que la religión es de sencillos, de enfermos y de pecadores. Esta es sin duda la causa más profunda de la alegría que supone el mensaje que hoy recordamos.

Tenemos acceso a Dios, no porque somos santos, ni sabios ni ricos, no aunque somos gente normal, enfermos y pecadores, sino precisamente porque somos gente normal, porque somos pecadores, porque nos aquejan muchas necesidades. Por eso, especialmente por eso, Dios está con nosotros. Es el corazón de la revelación de Jesús.

Esto es lo que fundamenta el ambiente de profunda alegría que preside el Adviento como preparación de la Navidad. ¡Podemos conocer a Dios! ¡Hemos comprobado que es Él el que sale al encuentro! Navidad será ante todo la celebración de que Dios está con nosotros, para nosotros, de que la búsqueda humana de más, de más humanidad, de más sentido, está bien fundada, no está abocada al fracaso, se dirige al éxito. Jesús-Emmanuel, "Dios con nosotros, Salvador", es el resumen de nuestra fe y de nuestra esperanza.

El Adviento prepara así la Buena Noticia. Hemos usado tanto esta expresión que no la valoramos. Jesús trae una noticia, una novedad, y esta novedad es buena, buenísima: es un Dios nuevo y estupendo: no es un Dios temible, lejano, propiedad de sabios, santos y poderosos. Es una madre ansiosa de todo lo mejor para sus hijos, especialmente para los más pequeños, para los que más necesitan de ella. Es la razón última de que hablemos de Buena Noticia, y de que nuestra primera respuesta sea la alegría.

¿Quién nos ha robado la alegría del Adviento? ¿Quién ha vestido al Adviento con el triste color morado? ¿Quién y por qué ha transformado la alegría de saber que viene el Señor, el consolador, el que da vida, y nos ha cambiado esa alegría por el temor, las penitencias, la amenaza? ¿Quién ha convertido la Buena Noticia de Jesús en un catálogo de misteriosos conceptos abstractos y de ásperas leyes de perfección voluntarista?

Hoy es un domingo para sentir y para examinar. Para sentir profundo alivio al reconocer (volver a conocer, enterarse, descubrir) a Dios, tal como Él mismo se ha dejado ver, para quedarse sorprendido, agradablemente sorprendido al comprobar que Dios es mucho mejor que lo que nos habían vendido. Y para examinar: ¿creo en ese Dios, el Dios Salvador que Jesús muestra, o sigo sometido a un ídolo que no existe? Jesús es el Libertador, y nos libera ante todo del miedo a Dios, y de los que tantas veces nos lo han predicado.

Pero es también un domingo para la conversión: "anunciar la Buena Noticia a los pobres, vendar los corazones rotos, pregonar a los cautivos la libertad". Nos preguntamos: nosotros la iglesia, ¿somos buena noticia para los pobres, vendamos corazones rotos, pregonamos libertad a los cautivos?

Me temo que nosotros la iglesia no nos distinguimos precisamente por eso, no preferentemente por eso. Nosotros la iglesia, en nuestras manifestaciones más públicas, no somos pregoneros de ese Dios-para-los-pobres, sino ostentación de poder, esplendores dorados y sabiduría, que no consuelan ni liberan a nadie. Nosotros la iglesia, en nuestro quehacer cotidiano, no somos un colectivo que dé esperanza al emigrante, al homosexual, a la gente de escasos recursos, a los divorciados, a los esclavizados.

Hay colectivos en la iglesia que sí dan esa esperanza, pero nosotros la iglesia, especialmente la iglesia de los países ricos, como colectivo global, no somos ese signo de esperanza. Me parece que la dimensión de esperanza para los pobres es para nosotros un adjetivo, añadido porcentual a una fe más preocupada del dogma, del rito y de la norma. Y no es un adjetivo, es lo más, lo único sustantivo de los que siguen a Jesús.


José Enrique Galarreta