domingo, 9 de junio de 2013

Reflexión del 10mo. Domingo del Tiempo Ordinario

Resucita al hijo de una viuda.
Lucas 7, 11-17.


Después se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de los discípulos y de un gran gentío. Justo cuando se acercaban a las puertas de la ciudad, sacaban a un muerto, hijo único de una viuda; la acompañaba un grupo considerable de vecinos. Al verla el Señor sintió compasión y le dijo:
-          No llores.
Se acercó, tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo:
-          Muchacho, yo te lo ordeno, levántate.
El muerto se incorporó y empezó a hablar, Jesús se lo entregó a su madre. Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios diciendo:
-          Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo.
La noticia de lo que había hecho se divulgó por toda la región y por Judea.

“…SINTIÓ COMPASIÓN…”

Hola hermanos y hermanas, paz y bien. Espero en Dios que en esta semana les haya ido bien y haya aumentado su fe en Él y en ustedes mismos.

El domingo pasado el tema principal en las lecturas era la fe. La fe de un hombre que quería mucho a su criado pudo hacer que Jesús lo curara. Este domingo pasa algo distinto, por la compasión del corazón de Jesús resucita al hijo de una viuda. Son cosas distintas, pero a la vez los dos milagros nacen del corazón de las personas (del corazón del centurión y del corazón de Jesús).

Este viernes pasado festejamos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y este corazón “es compasivo y misericordioso”, tal como lo dice el trozo del evangelio de hoy. Por compasión Jesús resucita a este joven que era la única esperanza de una viuda, recordemos que en la cultura judía una mujer no valía sin un esposo o, en caso de muerte del marido, del hijo, y si esta mujer estaba perdiendo al hijo, no había ya esperanza para ella, quedaba al amparo de Dios solamente. Y es precisamente con Dios con quien se encuentra, y por eso le restablece la vida al muchacho pero a la vez a la mujer.

Hay que notar varias cosas en este Evangelio, primero que Jesús es la vida, los dos grupos y quienes va a la cabeza, y por último el “levántate” de Jesús.

Jesús es la vida del mundo, esta es una gran verdad. Pues sin él, sin Dios, el hombre y el mundo pierden la vitalidad, la bondad, la generosidad, la gentileza. Nuestra sociedad hoy sufre de la ausencia de Dios y es por esto que tenemos tantos problemas que no hayamos como solucionar. Pero sin duda no hay problema más grande que Dios, que JESÚS, pero necesitamos confiar en él y caer en cuenta que solo con él seremos plenos, tendremos vida. Jesús es quien da vida, y todo lo que es tocado por él es vida, recordemos que en las bodas, convirtió en vino el agua, el vino que es signo de alegría, de vida; también cuando multiplica el pan, signo de vida, pues sin pan no hay vida en el hombre; o cuando resucita a su amigo Lázaro, cuando perdona a la mujer pecadora le da vida, y así todo lo que toca, con los que se relaciona, con los que le toca vivir les da vida. Seria bueno preguntarnos personalmente, ¿Cuánta vida doy a los demás? ¿Soy factor de vida o muerte, de ánimo o desánimo?

Los dos grupos y quien va a la cabeza, es el segundo punto de reflexión. Jesús iba a Naím acompañado de sus discípulos y un gentío, dice el evangelio, y se encuentra con otro grupo acompañando a un muerto rumbo al lugar de los muertos. Como cristianos católicos ¿en que grupo nos encontramos?, sin duda podemos estar en los dos grupos, pues en los dos grupos esta Dios, solo en el de Naím, la cabeza esta muerta. Como creyentes a veces nos pasa que vemos a Dios lejos, que no hay sentido creer en Dios, estamos lejos de Dios por nuestras propias decisiones o por la influencia de otras personas o por el mal testimonio de los demás, sin embargo nuestra fe en Dios esta como ensombrecida por el manto de la muerte, del desanimo, de la negatividad, del orgullo, de nuestro propio egoísmo. Tenemos que ser como el segundo grupo, pero si nos encontramos en el otro grupo, no nos preocupemos pues Jesús va al encuentro del grupo de Naím y resucita a su cabeza, que en realidad es un signo de su propia resurrección. Solo tengamos presente que la respuesta que demos a Dios tenemos que sostenerla cuando todo vaya viento en popa o cuando haya una tormenta que amenace a hundir la barca. Tenemos que estar en el segundo grupo acompañando a los que sufren a los que no tienen esperanza, pero sin perder de vista que Jesús esta con nosotros, pasa muy a menudo que quien acompaña a personas que sufren también se llena de desanimo por que lo contagian, pero nosotros tenemos que tener bien puesta la fe, la esperanza y el amor en Cristo, que vive en medio de nosotros. Como dice san Pablo “¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo?”.

Otra reflexión puede ir encaminada a la palabra que le dice Jesús al muerto, “levántate”. Y es que nos pasa que las contrariedades, los problemas, los cambios, los malos ratos con algunas personas, las dificultades, nos quitan la alegría, el animo, y parece que andamos como muertos por la vida, caminamos pero no en nuestro crecimiento personal. Somos creyentes tristes, desanimados o a veces negativos. Jesús nos dice a todos, como al muchacho que estaba muerto, “levántate”. Nos dice levántate, hermanos y hermanas, de tu vida que no parece vida, levántate cada día con positivismo y alegría, levántate a hacer cosas nuevas y creativas, levántate y sirve a los demás, pues si sigues en tu egoísmo y en tu “yoyo” te vas a morir de verdad.

Les invito, hermanos y hermanas, a que pongamos nuestra mirada, nuestra fe y nuestra esperanza en Cristo. Solo Él puede darnos vida en abundancia, y cuando nos separamos de él es como si anduviésemos por la vida como muertos. Tengamos la valentía de incorporarnos a la vida de Dios, sin importar los problemas que tengamos, sin importar del mal testimonio de nuestra familia o de los miembros de nuestra comunidad de fe, pues recordemos que todos fallamos a Dios y todos estamos luchando a nuestra forma por ser mejores, y aunque algunos parecieran que no lo están haciendo tengamos la certeza de que va llegar el tiempo en que Dios les confronte y empiecen a ser mejores.

Un abrazo, y ni el hambre, ni la desnudes, ni la cárcel, ni las penas de este mundo, podrán apartarnos del amor de Dios, que nos ha amado primero. No permitamos que estas cosas nos aparten de Dios.

Buen domingo.


Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

domingo, 2 de junio de 2013

Reflexión del 9no. Domingo del Tiempo Ordinario.

Sana al criado de un oficial romano. Lucas 7, 1-10.


Cuando Jesús terminó de hablar al pueblo, entro en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía a un criado a quien quería mucho, y estaba muy enfermo, apunto de morir. Oyó hablar de Jesús, y envió unos ancianos judíos para rogarle que viniera a sanar a su criado. Los enviados, acercándose a Jesús, le suplicaban con insistencia.

- Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo y ha sido él quien nos ha edificado la sinagoga.

Jesús los acompañó. Estaban ya cerca de la casa cuando el oficial romano envió unos amigos para que le dijeran:

- Señor no te molestes en venir. Yo no soy digno de que entres en mi casa, por eso no me he atrevido a presentarme personalmente a ti; pero basta una palabra tuya, para que mi criado quede sano. Porque yo, que no soy más que un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y si digo a uno de ellos: “ve”, él va; y a otro: “ven”, él viene; y a mi criado: “Haz esto”, él lo hace.

Al oír esto Jesús, quedo admirado y, dirigiéndose a la gente que lo seguía, dijo:

- Les digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.

Y cuando regresaron a casa, los enviados encontraron sano al criado.

“…una fe tan grande.”

Hola hermanos y hermanas, paz y bien.

El evangelio este domingo nos habla de la fe. La fe que es una virtud teologal, es decir, nos es dada por Dios por medio del bautismo, junto con la esperanza y la caridad. Nosotros usamos en el lenguaje ordinario: “creo que si”, refiriéndonos a una posibilidad, no a una certeza. Es como decir, “tal vez si o tal vez no”.

Pero la fe, es más que una posibilidad. Es la absoluta certeza en alguien o en algo. En nuestra vida ordinaria necesitamos fe para todo, por ejemplo para emprender algo nuevo, necesitamos fe en nosotros mismos, en las personas, en los acontecimientos para poder lograrlo. Sin fe no podemos hacer nada, cuando una persona dice: “no puedo”, no va a poder por más que trate, pues la fe también es una actitud y un estado mental de la persona y cuando esta es negativa, no puede realizar lo que se ha propuesto por no creer que puede hacerlo.

También nos pasa esto con las personas que nos rodean. Nunca hay que influir negativamente en los niños, en los jóvenes, cuando quieren emprender algo nuevo, diciéndoles que no van a poder, porque cuando sean adultos, serán personas inseguras, que no confían en si mismos, o personas negativas o faltas de autoestima. Al contrario, siempre hay que animarlos a que hagan cosas nuevas, que se aventuren y se lancen a realizar sus sueños, pues esto ayudará a que sean personas maduras, seguras de si mismas. Muchas personas viven hoy como un animal agazapado que tiene miedo de todo, como estancados en su vida por que no tienen el coraje y el arrojo de hacer algo nuevo por los demás y a la vez por si mismo, y esto por que les falta fe en si mismos o en los demás. No faltan, hermanos y hermanas, en los grupos de nuestra parroquias con actitud negativa y sin ganas de luchar o seguir, que siempre que se quiere emprender algo nuevo dicen: "es que no se va a poder", "no es posible".

Pero si esto de no tener fe en nosotros o en los demás es grave, no creerle a Dios o no creer en Dios es como estar muerto en vida. Hay muchos que dicen no creer en Dios, o si creen en Dios pero no en la Iglesia, o tienen una fe natural, es decir, creen en un ser que lo ha creado todo, un ser trascendente, absoluto, etc. Sin embargo todos los seres humanos tenemos que creer en algo o en alguien, pues sino no podemos subsistir. Necesitamos creer, para estar seguros, necesitamos tener puesta nuestra confianza en algo o alguien para poder vivir, por desgracia el ser humano moderno hace dioses de todo, del dinero, del placer, las posesiones, el poder, el ser importante. Pero estos son dioses vacíos, que no llenan por más que uno confíe en ellos; en cambio Dios, Jesús, el Espíritu de Amor es un Dios que llena por entero en la sencillez, en la humildad, en el amor a los demás, y entonces nos sentimos plenos, llenos.

Si hermanos y hermanas no nos engañemos pensando que en los dioses que hacemos encontramos la felicidad, la plenitud, la paz, solo en Dios que se da sin esperar nada a cambio es donde encontramos nuestra paz, nuestra felicidad, nuestra plenitud. Pero necesitamos creer en Él para que posamos realizar el amor en medio de este mundo que no quiere amar, que no quiere amor, y que no reconoce a Dios como el Único Bien que puede llenarnos, esto es, vivir la fe amando y dejándose amar con la esperanza de un nuevo cielo, algo así como dice el oficial romano del Evangelio, solo necesitamos “una palabra de Jesús”, y entonces nosotros y todos los hombres quedarán sanos del egoísmo, del materialismo, del poder, del placer desmedido, de la explotación esclavizante.

Pidamos en nuestra oración en este domingo que Dios aumente nuestra fe, primero en Él, que es la fuente, y después en nosotros, en los hermanos y en todas las cosas que vamos realizando en el camino de la vida. No tengamos miedo de creer, de confiar, de adherirnos a Dios, pues aunque los seres humanos esclavizamos o sometemos cuando creen o confían en nosotros, Dios es el único que no falla, es el único que se mantiene fiel, no esclaviza ni somete de forma humillante.

Pidamos que con “una sola palabra suya” nos sane de nuestra mala fe, de nuestra indiferencia, de nuestra desidia, de la negatividad. Y tengamos una fe activa, que se aventura a lo nuevo, que cree aún que todo se vea perdido. Pidamos esta “fe tan grande” como la del oficial romano, para que Jesús haga como dijo María, “cosas grandes por mi”.

“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

jueves, 30 de mayo de 2013

Reflexión de "Corpus et sanguis Christi"

Lucas 9, 11-17.

En aquel tiempo, Jesús habló del Reino de Dios a la multitud y curó a los enfermos.

Cuando caía la tarde, los apóstoles se acercaron a decirle: “despide a la gente para que vaya a los pueblos y caseríos a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en despoblado”. El les contesto: “denles ustedes de comer”. Pero ellos replicaron: “no tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros mismos a comprar víveres para toda esta gente”. Eran como cinco mil varones.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “hagan que se sienten en grupos de cincuenta”. Así lo hicieron, y todos se sentaron. Después Jesús tomo en sus manos los cinco panes y los dos pescados, y levantando su mirada al cielo, pronunció sobre ellos una oración de acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos para que ellos los distribuyesen a la gente.

Comieron todos y se saciaron, y de lo que sobró se llenaron doce canastos.

¿EL CUERPO DE CRISTO?

Hoy celebramos una de las fiestas en la Iglesia, con más sentido para la misma Iglesia. Pero como pasa con muchas cosas de Dios queda ensombrecida con discursos u homilías piadosas que no tienen nada que ver con lo esencial de la celebración, que es que la Iglesia somos todos los bautizados, y que por medio de la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos convertimos en su cuerpo místico, es decir, en un reflejo de su cuerpo, nosotros el cuerpo y Él la cabeza.

El concilio Vaticano II dio una nueva interpretación de la Iglesia que se percibía como una estructura bien diseñada, como una jerarquía, como una estructura piramidal, donde en lo más alto estaban los jerarcas, después los sacerdotes y religiosos, y por último la muchedumbre de los fieles. Hoy es distinto, por lo menos en el papel, pues en los documentos conciliares se nos da una nueva visión de la Iglesia, que muchos estudiosos dicen que no hemos puesto en practica al 100 %. Y una de estas visiones es la de “cuerpo de Cristo”, es sobre esto que quiero ahondar.

Si la Iglesia es el “cuerpo de Cristo” como afirman los textos del concilio, ¿porque seguimos pensando que las cabezas de la Iglesia son los jerarcas, los sacerdotes, los “señores de este mundo”? ¿Por qué en la práctica seguimos viendo a la jerarquía como la cabeza del “cuerpo de Cristo”? la respuesta es sencilla, porque la cabeza visible del “Cuerpo del Señor” que es la Iglesia, en realidad, son el Papa, los Obispos, los Sacerdotes, los Diáconos, sin embargo se nos olvida que la cabeza visible e invisible del “cuerpo” es Cristo. Desde todos los tiempos la Iglesia es “cuerpo de Cristo” con su cabeza Cristo el Señor, por lo tanto los que vemos como señores, lo son por este momento, mientras que Jesús es el Señor del tiempo. Todos estamos llamados (señores y bautizados en general) a dar de comer a todos, como dice el Evangelio, el mundo vivé en hambre de Dios, de amor, de justicia y no hay quien les dé de comer. Se nos ha olvidado que estamos llamados a dar, a servir, a alimentar. Como “cuerpo” demos el “Cuerpo del Cristo” con nuestro ejemplo antes que sacramentalmente, para que cuando lo recibamos sacramentalmente todos seamos “uno”.

Queridos hermanos y hermanas, si somos un “cuerpo”, como Iglesia, entonces lo que hagamos, bueno o malo, repercutirá en todo el cuerpo. Si se enferma el riñón, todo el cuerpo se enferma, si hay una herida en el pie todo el cuerpo siente, así como cuando un órgano siente un placer lo siente todo el cuerpo. Somos “uno” en el cuerpo de Cristo, queramos o no influimos de manera positiva o negativa en él, seamos consientes de que forma queremos influir.

Si somos un cuerpo, el cuerpo siempre obedece lo que dice la cabeza. Y obedecer no es sometimiento pasivo, es una decisión activa que hacemos cuando creemos en Cristo, cuando confiamos en Él, de él podemos estar seguros que no nos defraudará, que no esclavizará, que no nos humillará, que siempre nos amará. Lo difícil empieza cuando obedecemos a las cabezas visibles, que el mismo Dios pone, pues somos humanos todos, que podemos corrompernos con el poder, el placer y el tener, y podemos aprovecharnos de los demás o ser dominadores. Sin embargo si nos sometemos a la obediencia de los “señores del momento” nos sometemos a Dios, pues Dios obra con nosotros, sin nosotros y a pesar de nosotros, es decir, al que obedecemos, al final de los casos, es a Dios, aunque las cabezas piensen que tienen el poder, el único que lo tiene para siempre es Dios, y nuestro Dios es el único justo.
Cada uno en la Iglesia es también “cuerpo del Señor”. Por eso si ese cuerpo no anda bien nos sentimos como enfermos, desanimados, enojados, sin sentido, en una palabra “tibios”. Y somos “cuerpo de Cristo” porque cada vez que comulgamos Jesús-Dios nos hace como Él, cada vez que comulgamos Él hace cumplir su misma palabra: “que todos sean uno como tu y yo somos uno”, sin embargo esta palabra se cumple a medias, no por responsabilidad de Dios, sino por nuestra responsabilidad. No podemos llamarnos verdaderos cristianos si no procuramos cada día ser uno con Dios y los hermanos, podemos comulgar el Cuerpo de Cristo, pero no hacer el “cuerpo de Cristo”.

Hermanos y hermanas, creo que es tiempo de hacer un examen de conciencia personal, comunitaria, global, social y estructural, para que podamos avanzar con decisión hacia Dios, pero como Iglesia-asamblea de Dios, pues Dios nos llama como fraternidad, no como islas. No debemos desanimarnos, antes bien hay que anunciar y denunciar con valentía que el Cuerpo de Cristo que celebramos y comulgamos en la Misa esta vivo entre nosotros, que nos une en un mismo espíritu con Dios-Trinidad. Solo con esta conciencia, con este empeño podrá crecer el número de los verdaderos “creyentes” en Jesús.

¡Animo! Sigamos caminando, pues nuestra vida es un camino de retorno a Dios, pues de Dios salimos y a Él volvemos, así como el Hijo Prodigo.


Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

sábado, 25 de mayo de 2013

Reflexión del Domingo de la Santísima Trinidad.


LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Juan 16, 12-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aun tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, por que primero recibirá de mí lo que vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”.



DIOS ES COMUNIDAD.

Hola hermanos y hermanas, Paz y bien.

La semana pasada estuve, gracias a Dios, en Monterrey acompañando a los hermanos del Convento San Pio de Pietrelcina en un momento histórico, no solo para la fraternidad de Monterrey, para toda nuestra Custodia de Capuchinos en el Norte de México, recibimos una nueva parroquia en esa Diócesis, que lleva el nombre de la fiesta que celebramos hoy, Santísima Trinidad, así que un abrazo a su párroco, Fray Carlos Silva, y a todos los fieles que pertenecen a esta porción del rebaño de Dios por allá.

Pero la solemnidad que hoy celebramos tiene más significado porque siempre la Santísima Trinidad esta presente en nuestras vidas, aunque no estemos del todo consientes de esto, es verdad. Por ejemplo, cuando pasamos por un templo de seguro que nos persignamos diciendo: “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”, cuando vamos a iniciar nuestro día hacemos lo mismo, y si asistimos a la Misa, pues más aún, porque iniciamos con la Santísima Trinidad y terminamos con la bendición de la Trinidad Santa. Pero hay una forma más palpable en que podemos vivenciar la Santísima Trinidad, cuando nos llevamos bien con los vecinos, con los compañeros de trabajo o de la escuela, cuando hacemos lo posible por ser positivos y alegres con los que nos rodean estamos haciendo presente la Trinidad. Pues el Padre y el Hijo, junto con el Espíritu Santo (que es amor) son una comunidad perfecta y ellos, las tres personas de la Trinidad, son ejemplo de toda comunidad humana. El Padre y el Hijo tiene una perfecta relación, por el Espíritu Santo (amor) que los une, y si tienen una perfecta relación significa que están en perfecta comunicación, en perfecta unión, en perfecta armonía.

A veces vivimos en medio de muchos problemas, de pareja, en el trabajo, en la comunidad de la parroquia, en los grupos políticos, etc. Y la raíz de los problemas es la comunicación, pues aunque vivimos en la era de las comunicaciones, es un reto comunicarse efectiva, afectiva y asertivamente, podemos tener muchos amigos en el internet, pero con los que estamos siempre, con los hermanos más próximos (prójimos) no tenemos buena comunicación. Tenemos miedo de comunicarnos, pues esto supone salir de nuestro “yo”, de nuestro “egoísmo”, para ir al encuentro del otro, muchos hermanos prefieren vivir en la indiferencia o siempre peleando porque no quieren dialogar, pues el dialogo implica encontronazos, implica tiempo, implica ponerse de acuerdo, y eso no nos gusta a muchos, sin embargo, hermanos y hermanas, esto es lo que necesitamos.

Celebrar esta fiesta de la Santísima Trinidad significa, vivir en esta plena relación, en esta plena armonía, es esta unión perfecta, esta comunicación. Hoy a los católicos y cristianos no nos creen precisamente por que nos ven divididos, nos ven peleando, nos ven que no nos ponemos de acuerdo. El ejemplo de Dios Trinidad, es que son uno, que se comunican y se aman con un solo corazón y una sola alma. Los cristianos, dice san Juan, los conocerán porque son unidos, por que son amorosos. Una vez decía el gran Gandi: “yo creo en Jesucristo, pero no en los cristianos”, y tenía toda la razón, pues pareciera que no seguimos a un Dios que es comunidad y comunidad unida en el amor, comunidad que se ama aun con sus diferencias, comunidad que tiene retos y vive en la alegría.

Tenemos que dar un claro mensaje pues el que damos, muchas veces, es de división, de pleitos, de desconfianza. Recordemos que somos siempre, como los niños, aprendemos mucho más con el ejemplo que con las palabras. Seamos valientes en vencer al diablo (división) para que podamos construir de verdad la Iglesia, el Reino de Dios, el cielo en la tierra, y hacer presente la Santísima Trinidad. Todos nuestros ambientes necesitan este testimonio claro, este testimonio valeroso, este testimonio que se convierta en vida para todas las comunidades humanas. Estamos hechos para vivir en comunidad, en fraternidad, no solos. No tengamos miedo de relacionarnos, pues tenemos un Dios que es relación, que es comunidad, que es amor.

Felicidades de nuevo a la Parroquia de la Santísima Trinidad, y les deseo “que todos sean uno…, para que el mundo crea” en Jesucristo nuestro Señor. Y si hay problemas, hay que pedir al Espíritu Santo que nos lo enseñe todo, que nos enseñe como se ama el Padre y el Hijo, para que nos enseñe lo que Cristo vivió en la tierra y quiere que vivamos nosotros para ser plenos.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

sábado, 18 de mayo de 2013

Reflexión del Domingo de Pentecostés.


Juan 20, 19-23.

Al anochecer del día de la Resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos  por miedo a los judíos  se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "la paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo: "la paz este con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, soplo sobre ellos y les dijo: "reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedaran perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedaran si perdonar".

domingo, 12 de mayo de 2013

Reflexión del 7mo. Domingo de Pascua. La Ascensión del Señor.


La Ascensión
Lc 24, 46-53.

Y les dijo: estaba escrito que el Mesías tenia que morir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se anunciaría a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de estas cosas. Por mi parte, les voy a enviar el don prometido por mi Padre. Ustedes quédense en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de lo alto.

Después los llevó fuera de la ciudad hasta un lugar cercano a Betania y, alzando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos después de postrarse ante Él, regresaron a Jerusalén con gran alegría. Y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios.

EL SIGNO DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.

Hola hermanos y hermanas, este domingo de la fiesta de la Ascensión de Jesús a los cielos, habría que preguntarnos, que significa este acontecimiento para nosotros que lo seguimos por su misma vida, pues su vida es siempre un signo para nosotros de lo que podemos hacer con nuestra propia vida. Su vida es como el camino por donde llegaremos al cielo, de donde salió Él y a donde volvió después de cumplir con su misión.

Decimos que la cabeza de la Iglesia es Cristo, pues bien si también nosotros somos su cuerpo místico, a donde llegó la cabeza tiene que llegar el cuerpo. La Ascensión a los cielos de Jesús es un signo de que es haya donde tenemos que llegar nosotros, sin embargo podemos ya desde ahora, aun estando en el mundo, vivir en el cielo si queremos, pues la plenitud de la vida o la vida plena, es esta vida y la vida futura. Pero ¿Cómo podemos vivir en el cielo desde ahora, si nuestro mundo esta como si fuera un infierno?, esta pregunta puede ser pensada por todos nosotros, pues las cosas no son fáciles hoy en día. Sin embargo las cosas difíciles han estado presentes en todos los tiempos en nuestro mundo, (aunque hoy con la técnica y los avances científicos son más complicados nuestros problemas y dificultades, se supone que deberíamos de estar más bien) ha habido personas como nosotros que han sabido vivir en el cielo, a pesar que hayan vivido un verdadero infierno, muchos son los que llamamos santos, otros que no son santos reconocidos pero que vivieron en el amor y dando amor.

Si hermanos y hermanas, es posible vivir ya el cielo en la tierra, si seguimos a Jesús por su senda, por la senda de la humildad, de la pobreza y del amor. Nuestras complicaciones en la vida es porque nos sentimos más que los demás, por eso quiero un carro de este tipo para apantallar a los demás, quiero cosas para llenar mi vació interior, pero nunca se llena el vació del alma con cosas materiales, el vació del alama se llena con Dios; también sufrimos porque queremos que nos amen los demás y no nos damos cuenta que somos nosotros los que debemos amar con toda la intensidad del mundo.

Jesús sube al cielo, pero esta siempre con nosotros porque nos mandó su Espíritu para consolarnos, para ayudarnos a ser verdaderamente seres humanos, antes que ser cristianos tenemos que ser humanos. Nos ayuda con su Espíritu=Amor, a ser humildes, pobres y amorosos, y así ser felices.

Queridos hermanos y hermanas, Jesús esta en nosotros y vive con nosotros en nuestro ser, y Él utiliza todo nuestro ser para dar a conocer su amor, su mensaje de amor, su humildad, su verdadera riqueza que es la pobreza. Si no nosotros no estamos disponibles a realizar la misión que el nos da, ¿Quién les dará a conocer a los demás lo que Jesús es y puede hacer en sus vidas? Somos como un instrumento de orquesta, que necesita ser afinado antes de que se ejecute una gran pieza, y lo que sale del instrumento es la pericia, la sabiduría del que lo toca.

Seamos instrumentos de Dios, de Jesús, que sigue haciendo su misión a través de todos los que somos bautizados, y si queremos vivir nuestro cielo ya desde ahora, animémonos a vivir como Él, como muchas personas que han vivido la plenitud de la vida ya desde ahora. Saquemos de nosotros el desanimo, la negatividad y las envidias que tanto nos hacen mal, y seamos comprensivos, amorosos, positivos y cristianos alegres que siguen a Cristo hasta la patria celestial.

Paz y bien, buen domingo.

Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

jueves, 9 de mayo de 2013

Reflexión del 6to. Domingo de Pascua.


Segundo anuncio del Espíritu Consolador.
Jn 14, 23-29.

Jesús dijo a sus discípulos: el que me ama, se mantendrá fiel a mis palabras. Mi Padre lo amará, y mi Padre y yo vendremos a él y viviremos en él. Por el contrario, el que no pone en práctica mis palabras, es que no me ama. Y las palabras que escuchan no son más, sino del Padre, que me envió.

Les he dicho todo esto mientras estoy con ustedes, pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, hará que recuerden lo que les he enseñado y les explicará todo.

Les dejo la paz, mi paz les doy. Una paz que el mundo no les puede dar. No se inquieten ni tengan miedo. Ya escucharon lo que dije “me voy, pero regresaré a ustedes”. Si de verdad me aman deberían de alegrarse de que me voy al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Les he dicho esto antes de que suceda, para que cuando suceda crean.
¿Cuánto es nuestro amor a Jesús y su Padre?

Muchas veces decimos que queremos a alguien y podemos decirlo de dientes para afuera. Le decimos a nuestros padres que los queremos mucho, sin embargo con nuestras acciones los hacemos sufrir; decimos que queremos a nuestra esposa o esposo, pero no lo demostramos con hechos. Es común escuchar a las parejas como se hablan, “mi princesa”, “mi amor”, “mi cariñito”, “mi puchungüito”, “osito”, etc. También ver los regalos que se obsequian: un oso de peluche del tamaño del mundo, una caja grande de chocolates, un ramo de flores hermosas, pero como dice un dicho popular, “el amor son acciones y no buenas razones”. Estamos acostumbrados que todo sea fácil, superficial, cómodo, y aplicamos estas misma categorías al amor, al amor en todas sus facetas, entre padres e hijos o entre hermanos (filia), entre hombre y mujer (eros), entre los amigos o cristianos (ágape) o entre la Trinidad y los seres humanos (jesed). Pero el amor es mucho más que regalos, que expresarlo con palabras. Siempre debe de ir acompañado de acciones concretas.

Este domingo la enseñanza de Jesús es que no seamos tibios en el amor, superficiales, nos invita a acoger el Espíritu Santo, que es amor, para amar con valentía a todos y en todos a Él. Y es que si nos damos cuenta en el Evangelio se nos presenta un camino, pues siempre el Evangelio y nuestra propia fe son un camino por donde se transita hacia Dios-Amor. Ester camino empieza en Dios, pues es Dios quien nos ama primero de una forma extraordinaria, pero en lo ordinario de la vida. Dios nos ama al crearnos, nos ama al enviarnos a Jesús su Hijo, nos ama con pasión (eros) en la Pasión de su Hijo y nos ama al Resucitar a su Hijo, para decirnos que “el amor es más fuerte que la muerte” (cf. Cant. 8, 6). Fuimos creados a semejanza de Dios, por lo tanto amamos, a su semejanza. Pero el amor con que fuimos creados no es estático, el amor es movimiento, es acción, son obras; por eso la invitación de Jesús es creer en el amor. Muchos católicos y cristianos decimos que seguimos a Cristo, que lo amamos, pero cuando se trata de perdonar, de amar, de ayudar, de ser compasivos, de ser misericordiosos, de amar aún a los enemigos, de amar a los pecadores para atraerlos hacía 
Dios, parece que somos hijos del diablo (hijos divididos, que dicen una cosa y hacen otra).

Jesús es claro, “quien no cumple mi palabra, no me ama”; si hermanos y hermanas, solo amamos verdaderamente a Jesús, y por consiguiente a su Padre, si vivimos en su amor y haciendo el amor a la manera de Jesús, Él nos vino a enseñar todo. Pero como se nos olvida todo, y lo pasamos por alto, nos envía a Uno que nos lo recuerde y nos de su mismo amor para amar, al Espíritu Santo. Muchos no sabemos que el Espíritu Santo es el amor entre el Padre y el Hijo, y si es el amor en la Trinidad, también lo es entre nosotros hermanos, hijos del Padre de Jesús, y entre nosotros y la Trinidad. El amor tiene varias dimensiones, pero todas estas dimensiones son el único amor de Dios, no podemos decir que amamos a Dios, sino lo expresamos y demostramos con obras a los hermanos, y en especial a los que nos necesitan, no podemos decir que amamos a Dios si no amamos y cuidamos la creación (naturaleza) que es fruto de su amor por nosotros, no podemos decir que amamos a Dios en la Eucaristía, haciendo reverencias, sino hacemos estas mismas reverencias ante los hermanos y hermanas que están a nuestro lado (nuestros prójimos).

Solo si tenemos la valentía de amar a la forma de Jesús viviremos en la paz que nos da Él mismo, pues la paz que nos da el mundo es pasajera, es superficial, así como el amor que nos enseña a expresar. Quien no tiene paz y no vive en paz, es porque no se ha atrevido a amar de verdad (amar sin esperar nada a cambio) o no se ha dejado amar por los demás por sus prejuicios o miedos.

Jesús dice que se va al Padre, pero que estará con nosotros, y es que el amor es la prueba de que somos seguidores suyos, Él esta con nosotros cuando amamos a nuestros hermanos y más cuando lo hacemos con alguien que nos hace mal o sigue, según nosotros, en pecados. Él esta con nosotros cuando ponemos en practica sus palabras, esto es lo que significa ser santo, somos santos (otros cristos) cuando ponemos en practica las palabras de Jesús, cuando amamos como Él amó (amó a los pecadores, a las prostitutas, a los ladrones, a los lisiados, a los leprosos, a los ricos, a los pobres, a sacerdotes, a infieles).

No tengamos miedo a amar o ser amados, pues es natural en el amor sufrir, no hay amor sin sufrimiento, no es parte del amor pero no se llega a madurar en el amor si no hay problemas, dificultades, ansiedades, pero hay que superarlas. Tengamos la valentía de salir del atolladero en que nos encontramos; si no hemos amado así como dice Jesús, animémonos a hacerlo; si estamos en el proceso pero nos hemos quedado hundidos en las dificultades derivadas del amor, salgamos de allí, aprovechemos estas cosas para madurar en el amor;  y si estamos luchando por seguir en el camino, hagámoslo con alegría porque después de todo esta la paz plena, que no solamente la sentiremos cuando estemos cara a cara con Dios, sino desde ahora si somos valientes en la lucha.
Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.