lunes, 15 de octubre de 2012

Reflexión del Domigo XXIV del tiempo ordinario.


¿Quién es Jesús para mí?
Por Fray Juan Gerardo Morga

Hoy Jesús nos da una lección, así como la novia le dice a su novio que es lo que más le gusta, y el novio no sabe; así nosotros como seguidores de Cristo, que decimos que lo amamos, a veces no le conocemos.

Jesús inicia preguntando a sus apóstoles, “¿Qué dice la gente que soy yo?”, y los apóstoles empiezan a decir lo que han oído decir. También nos pasa a nosotros lo mismo, queremos decir y dar razón de lo que es Dios, de quien es Jesús, a partir de las cosas que nos han dicho, sin embargo no hemos tenido una experiencia viva con él, por lo tanto no le conocemos realmente. Jesús continua y les pregunta directamente, “¿y ustedes quien dicen que soy yo? Los apóstoles se quedan todos cayados de seguro al no saber decir quien era Jesús, y solo Pedro responde “tu eres el Mesías”, sin embargo dice otro pasaje, que Jesús dice a Pedro que lo que declaro sobre el se lo ha dicho el Espíritu Santo. Igual nos pasa a nosotros, decimos que Jesús es el Mesías, el salvador, el rey de reyes, el amor de los amores, lo alabamos y lo bendecimos, pero en la vida diaria no se nota, y es que en realidad no conocemos a Jesús, no lo entendemos, la prueba esta en lo que sigue.

Jesús les dice después que el “hijo del hombre tenia padecer mucho, ser rechazado por los ancianos... ser entregado a la muerte y resucitar al tercer día”, el mismo Pedro que dice que “es el Mesías”, le dice y le persuade que no pase, es decir, es piedra de tropiezo, es instrumento de satanás (que quiere decir “el que pone a prueba”). También nosotros, como Pedro, podemos ser piedra de tropiezo para los hermanos que quieren acercarse con sinceridad a Dios, a Jesús, porque queremos que no les cueste  o les damos mal testimonio. Tenemos que perder la vida que llevamos por Jesús, para poderla ganar, es decir, no escatimar nada, ni la propia vida, por amor a Dios. Dar todo, “dar hasta que duela”, decía la Madre Teresa.

Conozcamos a Jesús, no por conceptos, palabra bonitas pero huecas, sino por medio de la experiencia en la oración, pero sobre todo con los hermanos que nos rodean, con los prójimos (próximos). Comprendamos el misterio de Cristo (que es abierto y no cerrado) para que podamos comprender nuestra vocación cristiana, que no se basa en las victorias humanas, en lo fácil de la vida presente, sino en dar todo, implicando el dolor que esto pueda significar. No seamos piedra de tropiezo para los hermanos que con sincero corazón se acercan a Jesús, intentemos pensar como Dios (al revés de lo que comúnmente pensamos) y no como los hombres. Crezcamos más en la fe y en el conocimiento de Dios por la Escritura, “pues quien desconoce las Escrituras desconoce a Dios”, dice san Jerónimo.

martes, 11 de septiembre de 2012

Reflexión del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario.


evangelio

MARCOS 7, 31-37

31 Dejó Jesús la comarca de Tiro, pasó por Sidón y llegó de nuevo al mar de Galilea por mitad del territorio de la Decápolis.
32 Le llevaron un sordo tartamudo y le suplicaron que le aplicase la mano. 33Lo tomó aparte, separándolo de la multitud, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Levantando la mirada al cielo dio un suspiro y le dijo:
- Effatá (esto es: "Ábrete del todo").
35 Inmediatamente se le abrió el oído, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. 36 Les advirtió que no lo dijeran a nadie, pero, cuanto más se lo advertía, más y más lo pregonaban ellos. 37 Extraordinariamente impresionados, decían:
- ¡Qué bien lo hace todo! Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

“Effetá” (“ábrete”).

Por Fray Juan Gerardo Morga. OFMCap.

Aun recuerdo como si fuera ayer, a un amigo de la Congregación de Santa Cruz, que después dejo la comunidad y se dedico a la enseñanza, no he sabido de él en estos últimos años, pero quiero compartirles una experiencia que me enriqueció sobremanera. Un día este amigo me dijo: “Juan me podrías hacer un favor, fíjate que necesito que me ayudes a dar una platiquita a papas y padrinos de niños que van a hacer los sacramentos de iniciación”, yo conteste que con mucho gusto le ayudaba. Se llegó el día, era en la parroquia de Ntra. Sra. de la Luz que se encuentra en Monterrey, pero no fue en la parroquia sino en un salón de eventos muy grande. Llegue temprano, mi amigo me llevo al salón, y me pareció extraño que el salón estuviera tan grande, entonces le pregunte ¿por qué un salón muy grande?, entonces me contesto que se los habían prestado gratis, “pero no va a ver mucha gente verdad” pregunte. En ese tiempo cuando estaba en los primeros años de mi formación tenía mucho miedo de hablar en público, bueno aún hasta hoy, pero menos que en ese tiempo. Empezó a llegar tanta gente que según eran como unas 500 ó 600 personas. Cuando me dijo, “listo”, le dije “oye yo no voy a poder hablar con tanta gente”. Me dijo “tu tranquilízate que Dios va hablar”. Al principio recuerdo que estaba muy nervioso, no podía siquiera estar de pie, pues las rodillas sentía que vacilaban de los nervios, pero poco a poco me fui tranquilizando, al final mucha gente vino hacia mi para agradecerme por la charla, el párroco y mi amigo también, fue cunado comprendí que es Dios quien actúa por medio de uno, aunque no sea uno capaz, él nos cura del miedo.

De esto es lo que habla el evangelio de hoy, en esta ocasión llevaron ante Jesús un hombre sordo y tartamudo. Como sabemos, si una persona es sorda es muy difícil que hable, o hable bien. Jesús al ver aquella persona de aspecto temeroso, relegada de los suyos, imposibilitada por completo de comunicación, la curo, y lo hizo de una forma misteriosa, “le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua con saliva”. Sin duda el evangelista tiene una intención concreta al narrar este hecho, sin embargo a mi me da pensar que la forma como la cura es muy a la forma de Dios, es decir, “lo toca”, cosa que los judíos y a veces nosotros no hacemos, vemos a un hermano enfermo y la reacción inmediata es alejarnos de él, y si es un desconocido para nosotros ni nos acercamos. Jesús lo toca, y no solo eso “le pone saliva en la lengua”, es como si Jesús le diera su palabra, su voz al tartamudo, como si el tartamudo a partir de ese día fuera un interlocutor de Jesús. En realidad lo es, pues el mismo evangelista nos dice que Jesús les prohibía hablar del hecho y ellos con más insistencia proclamaban el hecho.

Podemos preguntarnos, que me quiere decir Jesús, con esta “Palabra de Dios”. Sin duda que nos dice que tenemos que ser condescendientes con nuestros hermanos que padecen alguna enfermedad como esta, pero también nos dice que debemos comprender a nuestros hermanos que tienen esta enfermedad desde el punto de vista de su vida interior, es decir, en ocasiones nos encontramos que hay algunos hermanos y hermanas nuestras que viven como esta persona del evangelio, no se atreven a abrir su vida a Dios, incluso puede pasarnos a nosotros también. Tenemos miedo de entregarnos a Dios, y pasamos la vida como sordos, no escuchamos a Dios; t tartamudos, no hablamos de Dios a los demás por miedo “al que dirán”. Jesús nos enseña que todas las enfermedades físicas e interiores las cura solo Él, sin embargo porque nos elige a nosotros para ser una extensión suya en el mundo y con los hermanos más necesitados, también nosotros debemos curar, sin embargo no puedes curar si no estas curado de tus propios egoísmos, de tus juicios, de tus favoritismos -como dice Santiago hoy en la segunda lectura-, con nuestra cerrazón al cambio, a la admiración de lo que Dios hace nuevo cada día.

Sin duda la palabra más importante de hoy es “Effetá”, es decir “¡ábrete!”. Jesús nos dice: “effetá” a experiencias nuevas conmigo, confía más en mi y en ti; “effetá” a la vida verdadera conmigo; “effetá” a cambios radicales en tu vida y renuncia a estancamientos en tu vida; “effetá” a amar de una forma nueva, separando las acciones de la persona y la persona en sí; “effetá” a entregarle a tu creador todo lo que eres, pues de él venimos, nos movemos y somos. “Effetá” y deja de estar encerrado en tu cuarto y disfruta todas las cosas que hace Dios por amor a ti, “effetá” a los hermanos pues en ellos me manifiesto más vivamente, “effetá” en fin a toda la creación, que es el libro de la vida, junto con la palabra viva que es Jesús.

Sin duda queridos hermanos y hermanas que Jesús nos sana, y también quiere que sanemos a este mundo egoísta, que reclama éxito para ser reconocido, que demanda tener cosas para ser respetado e importante. Sin embargo los verdaderos importantes para Dios son los que son como estas personas del evangelio, enfermas, pero curadas por Dios para cumplir una misión, curar con el bálsamo del Espíritu de Dios a los hermanos y hermanas todos.

Como nos dice el Profeta Isaías en la primera lectura: “¡Animo! No teman. He aquí que su Dios… viene ya para salvarlos”. No hay certezas claras en el mundo en que vivimos, sin embargo lo único certero es que Dios esta con nosotros, nos busca siempre, nos espera siempre, nos ama siempre y a pesar de nuestra condición y esta siempre con los brazos abiertos para recibirnos cuando hacemos caso a su “Effetá”.


viernes, 31 de agosto de 2012

Reflexión del Domingo XXII del Tiempo Ordinario.


Mc 7, 1-18. 14-15. 21-23.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". Él les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:
Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto:
las doctrinas que enseñan
no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres".
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre".


“Dichosos los limpios de corazón”
Por Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

En “un rincón del mundo” hay una de las tradiciones que me ha parecido una de las más denigrantes. Cuando una pareja de novios deciden casarse, se prepara el matrimonio de una forma espectacular pero desde el punto de vista exterior, es decir, la fiesta dura ocho días en los cuales no puede faltar la borrachera, la música, en con ello los pleitos de los borrachos y las incomprensiones de los invitados embriagados, lo que es un gran acontecimiento en la vida de los que se casan termina a veces en desgracia. Sin embargo esto no es lo que me parece denigrante, sino las practicas tradicionales para saber si la mujer que se casa es pura o virgen; se trata de poner en la cama de los recién casados sabanas blancas, para saber, una vez que hayan consumado el matrimonio, si la muchacha era virgen o no, sabemos comúnmente que si la mujer es virgen debe haber sangre en las sabanas; también ponen un jarroncito en la puerta de la recamara de los nuevos esposos, y una vez que se compruebe la pureza o no, el jarroncito queda intacto si la esposa era virgen, de lo contrario no queda nada de jarroncito.

Quiero tomar este ejemplo, porque este domingo el Señor nos dice que es la verdadera pureza, la verdadera dignidad y la verdadera tradición. Jesús habla primero de nuestras tradiciones, que a veces por defenderlas dejamos de lado la caridad con el prójimo, pensamos que al quitar las tradiciones se terminará nuestra fe, en lo que creemos o en lo que estamos anclados, seguros. Sin embargo Jesús nos enseña que la tradición no tiene sentido si le hace falta el sentido común, y que lo más importante es el amor, las intenciones que salen del corazón del hombre. Y es que, con facilidad defendemos algo que no es tan importante, como las tradiciones, ¿quién es el verdaderamente importante, sino Dios y los hermanos?, es común escuchar, cuando alguien propone un cambio, “es que siempre se ha hecho así, es una costumbre, una tradición hacerlo así”; es entendible este argumento pero si tomamos en cuanta que son otros tiempos, circunstancias y personas, siempre se puede mejorar a favor de todos cambiando algunas cosas que han funcionado en el pasado y que ya no funcionan ahora. Un hermano que esta abierto al cambio entiende el sentido de las tradiciones, quien se aferra a ellas no tiene la fe puesta en lo más importante, que es Dios.

En la segunda parte de esta parte del Evangelio de Marcos, Jesús trata el tema de la pureza de una pureza exterior, algo así como el dicho popular que decimos: “ojos vemos corazones no sabemos”, y es que la mayoría de las veces nos dejamos llevar por las apariencias, sin embargo dice Jesús, que lo que importa es que la persona sea puro por dentro, es decir, que la pureza de nuestras acciones depende da la intención con que las hagamos. Uno puede decir que una persona es impura, como el caso que exponía al principio, sin embargo lo que cuanta no es lo exterior, sino lo que hay por dentro, y eso solo lo sabe Dios y la persona. Cuando queramos juzgar detengámonos primero en ver o imaginar que cosa difícil estará pasando la persona, antes de tacharla por tal o cual cosa. Dice Jesús, que lo que mancha al hombre es lo que sale de él, no lo que entra. Nuestros hermanos que han ido por otro camino, dicen que ellos no comen tal o cual animal porque es impuro, sin embargo Dios no ha hecho nada impuro, y si había algo impuro envió a su hijo para que lo hiciera todo bien.

Queridos hermanos, estemos siempre dispuestos a seguir a Jesús con un corazón abierto, con mente abierta, sin quedarnos, ni asegurarnos en nuestras tradiciones. San Francisco decía que para ser libres hay que ser pobres, esto es lo que Jesús nos pide en el evangelio que seamos pobres y dejemos ir nuestras seguridades (costumbres) para caminar por el camino de libertad. Por otro lado no juzguemos a la ligera, como lo hacen con las mujeres en “el rincón del mundo”; hay que ver nuestras intenciones, pues de dentro de nosotros pueden salir las grandes cosas buenas que han cambiado a la humanidad, pero también las cosas más horrendas que hemos visto. Ser puro de corazón es una decisión a tener un corazón limpio de odio, de recelo, de prejuicios. La pureza es un don de Dios, es decir, nadie en este mundo es digno, Dios por amor a nosotros viene aunque no lo merezcamos, quien es digno de ser sacerdote, quien es digno de servir a Dios, quien es digno de recibir la comunión cada día, estrictamente nadie, pero él (Dios) se entrega a nosotros para hacernos cada vez más como él, viene a nuestro encuentro porque nos ama como nadie. Pidamos a Dios que nos haga más conscientes de que dentro de nosotros hay una semilla de divinidad, para que crezca y de fruto abundante, pues como el mismo Jesús dice “por sus frutos los conoceréis”.
Sea alabado Jesucristo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Reflexión del Domingo XXI del Tiempo Ordinario


Jesús es el único que tiene “PALABRAS DE VIDA ETERNA”.
Por Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

Leyendo y meditando este evangelio de hoy, he recordado a tantos hermanos que he conocido que han compartido conmigo esta vocación, y han dejado de seguir a Jesús. A veces por que no se atreven a seguirlo hasta en la cruz, o por que su forma de hablar no les gusta, como lo que hoy leemos en el evangelio, sin embargo creo que todos de alguna manera aprendieron algo y lo están poniendo en práctica en su nueva vida. Pero yo siempre le he preguntado al Señor, por qué sigo aquí, por qué aún te estoy siguiendo, realmente me llamas o yo soy el que me aferro a seguirte.

Sin duda son preguntas que ya me ha respondido en estos años de formación y de preparación al servicio de los hermanos, y a pesar que me he dado cuenta que Dios pide todo, y eso no siempre me gusta, he comprendido que Jesús me sigue llamando día a día. Porque Jesús a nadie tiene a la fuerza junto a él, siempre somos libres de decirle si o no, a veces pensamos que a Dios no le podemos decir no, sin embargo por la libertad que el mismo nos ha dado podemos acceder a sus llamadas o no. Esto es lo que Jesús esta haciendo en este pasaje: les dice, viendo que muchos se van porque no les gusta su forma de hablar, ¿ustedes también quieren dejarme?, y creo que la respuesta de Pedro es la respuesta de todos nosotros que hemos seguido a Jesús, a pesar de las contrariedades de la vida le hemos dicho que si, aunque no sabemos exactamente que es lo que va a pasar, hay que confiar en Jesús, aunque no nos guste a veces sus exigencias hay que decir que si, pues el nunca se aprovechará de nosotros. Si le damos nuestro asentimiento, él hará maravillas en nuestra vida, y por medio de nuestras personas, hará grandes cosas en los hermanos con quien nos relacionamos.

Y es como él dice, “mis palabras son espíritu y vida”, aunque a veces no las entendamos y no son tan agradables, siempre sus palabras son vida, pues aún en la cruz esta dando vida, esta dando toda su vida por nosotros, en cada Eucaristía que celebramos sigue dando vida, pues “su carne es verdadera comida y su sangres es verdadera bebida”. A veces no soportamos que el sea nuestro alimento porque nos sentimos autosuficientes, es decir, no necesitamos de nadie, ni de nada, para ser lo que somos, sin embargo, podemos pensar en esto, pero la realidad es que del que siempre necesitamos es de Dios, de Jesús, de su alimento y su vida. Pues no hay más a quien ir, cuando estamos en situaciones limites, aunque digamos que no necesitamos de nadie, a poco no nos acordamos de Dios y le pedimos su ayuda.

Cuando Pedro le dice que “tienes palabras de vida eterna”, esta confirmando que él es el único que nos lleva a la plenitud, a ser verdaderos hijos de Dios y hermanos todos, a ser como él “el santo de Dios”. Por eso necesitamos de “su verdadera comida y de su verdadera bebida” para hacernos a semejanza suya. Digámosle "si" a Jesús y como el salmista nos invita “haz la prueba y veras que bueno es el Señor”. Decidamos servir al Señor, como en la primera lectura, a pesar de lo difícil que nos parezcan algunas situaciones, teniendo la certeza  que después de estas situaciones viene la bonanza y la calma.

viernes, 17 de agosto de 2012

Reflexión del Domingo XX del tiempo ordinario.


Quienes comemos el PAN DE VIDA también debemos ser pan de vida.
Por Fray Juan Gerardo Morga, OFMCap.

Cuando escuchamos el Evangelio o damos una reflexión del mismo, en ocasiones damos interpretaciones demasiado espirituales y no nos damos cuenta que Jesús, muchas veces, y sobre todo en la sección donde habla en parábolas, es decir, en un lenguaje simbólico, nos habla en una forma velada, quiere que nosotros quitemos el velo, para que podamos admirarnos de lo que nos quiere realmente decir. Por que es, sin duda, muy fácil en nuestro tiempo que perdamos el sentido de admiración cuando escuchamos, meditamos y saboreamos la Palabra, pues hay muchas cosas que nos admiran o impactan más que Dios y su Palabra.
Este domingo, Jesús, nos habla de nuevo con su palabra y con su vida, como es costumbre en Él. Pero recordemos que san Juan, en su evangelio, no quiere darnos una historia de Jesús, sino que a partir de su reflexión personal de la vida de Jesús, invita a todos a ser como Jesús, es decir, no solo presenta a Jesús, sino también una reflexión de su vida y una forma de seguir sus pasos. San Juan, pone antes de este texto que leemos este domingo, varios textos que hacen referencia al pan de la vida, como el de la multiplicación de los panes, cuando Jesús le sigue mucha gente y él les dice que “no busquen el alimento que perece, sino el que lleva a la vida eterna”, porque mucha gente lo seguía, no porque escucharan en realidad sus palabras, sino para que les diera nuevamente de comer.
Hoy Jesús dice: “Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne, para que el mundo tenga vida”. Sin duda que cuando Jesús dice esto esta diciendo que su misma persona es “el pan que baja del cielo”, que es el mismo y sus palabras que alimenta al mundo, y no solo eso, sino que el que “coma”, es decir, ponga en practica su vida, sus palabras, “vivirá para siempre”. Después en la segunda parte de sentencia, quiere decirnos que nos entregará todo, su vida, y para esto tendrá que quedar si vida, para darnos su vida, por eso termina diciendo “para que el mundo tenga vida”.
Esta es la vida del cristiano, hermanos, vivir y ser como otro cristo en la tierra. El cristiano es el que sigue a Jesús, corre con su misma suerte, camina por el mundo como hermano que da vida. Comer la carne del Hijo del hombre, como dice Jesús, significa ser verdaderamente humano, y solo Jesús nos enseña como serlo, beber su sangre significa vivir su misma vida divina, es decir, ir descubriendo día a día el germen de divinidad que hay en nosotros, esto es lo que llamamos santidad. Carne-sangre son nuestro cuerpo y son inseparables, así como en Jesucristo es inseparable su humanidad y divinidad, nosotros cristianos, seguidores de Cristo también no podemos separar nuestra vida en el mundo con la vida con Dios, sería como separar estos dos elementos, y estos elementos separados, no dan vida.
Cristo no habla del pan corporal, y lo atestigua el mismo evangelio de san Juan cuando dice: “éste es el pan que ha bajado del cielo, no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron.” Habla del pan que es el mismo, habla de un pan como el de la Eucaristía que celebramos todos los días, y que a veces no tiene ninguna incidencia en nuestra vida, porque no estamos del todo consientes de lo que Dios puede hacer por medio de este pan y no lo dejamos actuar. De hecho en la Misa, Dios nos alimenta con su Palabra, que es Jesús, y con la misma sangre y cuerpo de Jesús. La Palabra de Dios -Jesús-  y la Comunión -Jesús- son una misma comida, que debe hacerse vida en los que participamos en el banquete eucarístico. Debemos tener más conciencia de lo que celebramos y entonces decidiremos mejor seguir a Jesús, si conocemos y somos consientes de lo que Jesús nos dice, nuestra vida también será comida para otros, nuestro ejemplo arrastrará a otros hacia Dios, y entonces el “mundo tendrá vida”. A ejemplo de Jesús decidámonos a ser “pan de vida”, como el único PAN DE VIDA, JESÚS.

viernes, 3 de agosto de 2012

Lo que significa el Cántico de las Creaturas.

CÁNTICO DE LAS CREATURAS

Interpretación de Jose Carlos Correa Pedroso.


Es de notar las binas que San Francisco pone en este cántico, primero pone Sol-luna, dos realidades cosmicas que tambien tienen que ver con el hombre y la mujer, con lo masculino y lo femenino que esta impreso en cada ser humano. En segundo lugar Agua-fuego y viento-tierra, que significan los 4 elementos de este mundo, a la ves que nos hace clara referencia que incluye en este cántico a toda la creación. Por último pone una última bina que es los que padecen en paz, los que perdonan-muerte, que quiere significar que aquel que perdono en la Cruz, que sufrió en paz, que perdona siempre, Jesucristo, ha vencido a la muerte y nos ha dado nueva vida. Sin duda Francisco de Asís es un hombre hermano de todos, por eso eleva su canto como incluyendo a todo y a todos. Con razón se le llama el hermano universal.

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, corresponden,
y ningún hombre es digno de hacer de ti mención.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
el cual es día, y por el cual nos alumbras.
Y él es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las has formado luminosas y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche,
y él es bello y alegre y robusto y fuerte.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la madre tierra,
la cual nos sustenta y gobierna,
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba.
Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y soportan enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las soporten en paz,
porque por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal!:
bienaventurados aquellos a quienes encuentre en tu santísima voluntad,
porque la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

Fray Juan Gerardo Morga.


martes, 24 de julio de 2012

LA SANTIDAD.
Por Fray Juan Gerardo Morga.

Mucho se puede decir de este tema, pero lo más importante es poner en contexto esta palabra y lo que significa en nuestros días.

Muchas veces hablamos de la santidad como algo que compete a un determinado grupo de personas, antes del Vaticano II, la santidad era solo para los religiosos (monjas, monges, frailes, sacerdotes, personas que dedicaban completamente su vida a Dios), sin embargo despues del mencionado concilio, la idea cambio drasticamente y entonces se dijo que todos estamos llamados a la santidad. Ya no solo los que dedican su vida por completo a Dios, sino tambien todos los que creen en Dios, los niños, los jóvenes, los matrimonio, los hombres más pecadores, es decir, todos los bautizados somos objetos de la santidad.

Pero ¿qué es santidad?, en mi corta experiencia de Dios, he ido descubriendo que la santidad es descubrir el amor de Dios en la propia vida y dejarse amar por este amor y amar con este mismo amor, es decir, que en la medida que estes más conciente del amor incondicional de Dios, en esa medida eres santo. A veces tenemos un concepto de santidad muy erroneo, como que los santos son personas agraciadas por Dios desde pequeños con dones extraordinarios, que son perfectos, que levitan, que tienen una imagen muy piadosa, etc. no pongo en tela de juicio que Dios regale sus dones a quien quiera, pero a veces pensamos que la santidad es algo inalcanzable y es solo para aquellos que Dios les da estos dones. Dios nos da dones, es decir, regalos a todos, sin embargo los dones o regalos vienen acompañados por nuestra debilidad, pensamos más en nuestras debilidades y pecados que en nuestras grandes capacidades para ser mejor, las cuales han sido dadas por Dios nuestro Padre.

Es curioso, que nos soñemos y nos imaginemos como grandes empresarios, artistas, personas famosas, con tal o cual carro, con una casa, con una profesión, y decimos: "ya me vi", pero no imaginamos como seremos cuando lleguemos a ser santos. Y es que llegar a ser santos es llegar a ser verdaderamente humanos, es decir, con la venida de Cristo, Dios nos enseña a ser verdaderamente humanos, pues Cristo es realmente hombre y es a la vez Dios, pues comparte con el Padre la plenitud. Cada uno de nosotros participamos en la divinidad de Dios, y en la medida que crezcamos en esta conciencia seremos santos-verdaderamente humanos, a imagen y semejanza de Dios.

Podemos ser santos ya desde ahora, incluso somos santos desde el bautismo, pues para Dios el día de nuestro bautismo como todos los días de nuestra vida son un "siempre", solo falta que crezcamos cada día más en la conciencia de que seremos, como dice san Juan, "como dioses". Nosotros por nuestra bedil condición damos más importancia a lo negativo, al pecado, a lo que esta mal, al mal en si mismo y nos olvidamos que fuimos hechos en gracia, antes que el pecado del Genesis, fue la creación y esta fue perfecta, despues vino la desobediencia. Fuimos creados en gracia original y no en pecado original, por lo tanto hermanos animemonos a vivir en gracia original, no quiero decir que no exista el pecado, el mal, sino más bien que nuestros ojos esten puestos en la gracia de Dios, en la bondad infinita de Dios, en Dios mismo; solo así aceptaremos nuestras lititaciones como oportunidad para ser santo, y no al reves, tengo que quitar mis debilidades para ser santo. Entremos en este camino y verán que somos más felices, ni siquiera se la creerán cuando les digan que son santos, pues el santo es el último que se da cuenta de las cosas que hace Dios en nosotros, la SANTIDAD es un don que viene de Dios, y que se realiza si encuentra materia dispuesta.